Grave, porque fue una muestra de debilidad: perdió en una pulseada de poder. Esta interpretación de lo ocurrido fue ratificada apenas 24 horas después del pronunciamiento de la Corte por el fallo de casación que confirmó el procesamiento de CFK en una causa conexa. Una vez más la famosa frase de Alfredo Yabrán probó su vigencia: el poder en Argentina es impunidad.
El revés resultó también inesperado, porque nadie hubiera imaginado hace tan sólo 10 meses, cuando volvió triunfante a la Casa Rosada, que esa inyección electoral tendría efectos tan poco duraderos.
La Corte es un tribunal político siempre. También cuando interpreta el funcionamiento institucional. Tiene una mayoría peronista, por lo que se esperaba que se hiciera a un lado y dejara avanzar a la vicepresidenta en su autoamnistía “sui generis”, pero se encolumnó detrás de la iniciativa de su único juez no peronista para desairarla.
¿Qué llevó al tribunal a adoptar esa decisión? No sólo la magnitud del estropicio institucional, sino también (y especialmente) la reprobación en aumento a la gestión presidencial de Fernández que empeoró todos los índices económicos y sociales, llevándolos a niveles de desastre sin un camino de salida a la vista.
Cuando sus vecinos fueron a tocar bocina al doctor Lorenzetti hicieron algo reprochable, pero al mismo tiempo le recordaron que iban a estar ahí el año próximo y los siguientes. Lorenzetti no puede, en cambio, estar seguro de que Alberto Fernández pueda decir lo mismo.
Gruesas equivocaciones como la liberación de presos, el fiasco de la expropiación de Vicentin o la reforma judicial sacaron la gente a la calle. La que “bocineó” a Lorenzetti es de ese sector que crece, mientras Fernández se achica.
Por eso la Corte debió tomar decisiones de poder y lo hizo en contra de quien se suponía la política más poderosa del país. Resta por ver si continuará por ese camino y ratifica a los jueces en sus cargos, porque, de hacerlo, se enfrentará con el Poder Ejecutivo, el Consejo de la Magistratura y el Senado que están en manos kirchneristas. No es una decisión simple.
Lo que alentó a los ministros de la Corte a ponerle freno a CFK fue la equivocación que cometió al elegir presidente. Fernández gestionó mal la pandemia, imponiendo una cuarentena interminable y profundizando el colapso económico y social. El 40% de los argentinos es pobre y en la próxima medición la cifra puede llegar al 45%.
A sus apabullantes desaciertos hay que agregarle la falta de rumbo. El presidente opina que sin la intervención del Estado la pobreza hubiese sido mayor, cuando fue la intervención del estado clausurando la economía y encerrando a los que trabajan lo que hizo que los sectores más débiles se derrumbaran y las clases medias perdieran ingresos. Destruyó millones de empleos. El problema no es la enfermedad, sino el remedio.
Los errores de Fernández además de apabullantes son inagotables. Acorralado por la falta de dólares, quiso que los productores agrícolas vendieran sus stocks, les hizo una oferta inadecuada y terminó peleándose con ellos porque no la aceptaron. Sigue perdiendo reservas y genera un conflicto gratuito con el sector que junto con el de energía es el que más dólares aporta. El mismo sector al que le quiere poner un impuesto al patrimonio impulsado por Carlos Heller, asesor económico de Máximo Kirchner. Es un bombero pirómano, pero sin autobomba.
El “establishment” ya hace rato que abandonó cualquier esperanza de que Fernández elabore un plan para salir de la crisis. Cada vez son menos los que lo defienden en público y el resto ha decidido no mover un peso hasta que aclare.
A este panorama desalentador se sumaron las internas de gabinete (ver Visto y Oído). Hubo diferencias por el “supercepo” que Fernández laudó a favor del presidente del BCRA, Miguel Pesce. Obtuvo lo contrario de lo que buscaba: el “blue” se fue a casi 150 pesos y la pérdida de reservas no se frenó. Ahora la interna es entre Guzmán y Kulfas. Este último no goza de la simpatía de Cristina Kirchner.
La gestión económica se caracteriza por la improvisación y la falta de programa. Prometieron un plan para después del acuerdo con los bonistas, pero no apareció. Quedó en apariencia para después del acuerdo con el FMI. Dilaciones y pifiadas a repetición.
Cuando asumió Fernández el dólar estaba en 60 pesos, hoy cuesta más del doble y sin embargo los economistas opinan que deberá devaluar, porque emitió de una manera aluvional. También aseguran que tiene que hacer un duro ajuste fiscal. Pero esa profecía omite que ya le pegó un fuerte recorte a las jubilaciones y buena parte de los que cayeron en la pobreza provienen de ese sector. ¿De dónde va a cortar? Una pregunta que sin duda Fernández debe estar haciéndose a un año de las elecciones.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


La Corte paró el plan de la vicepresidenta para sacar a tres jueces de la causa “de los cuadernos”. Un fracaso abrumador en el manejo de la economía debilita prematuramente al gobierno.
