Miércoles, 16 Diciembre 2020 10:55

Intrigas y enigmas en torno a María Eugenia Vidal - Por Laura Di Marco

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"¡No se puede desaparecer un año frente a una maquinaria infernal que se quiere llevar puesto el sistema democrático! ¿Dónde está la mujer más marketinera de la oposición, cuando tenemos una vicepresidenta que se quiere cargar a la Constitución, a la Justicia y a todo el sistema republicano? ¿Desapareció porque está enamorada como una adolescente? Encima tiene un gobernador que le hace muy fácil el rol opositor. Si quiere tomarse un año sabático en medio de este derrumbe, ¡que se ponga un kiosko!"

El duro reproche, con mezcla de decepción, fue lanzado por un intelectual del Club Político Argentino durante una tanda en un programa de TV. La destinataria de su catarsis era, obviamente, María Eugenia Vidal, pero la interlocutora era Patricia Bullrich, que parecía asentir en silencio y solo se limitó a responder: "Cuando te vas, la gente puede olvidarse de vos".

El reproche del intelectual sintetiza intrigas y dudas colectivas: ¿está la oposición a la altura de las circunstancias? Las nuevas postales de la tragedia venezolana muestran, en un espejo ampliado y futurista, qué podría pasar con la Argentina cuando la democracia es carcomida desde adentro y no encuentra el freno de una oposición robusta y alerta. Cuando era opositora, Cristina dio pistas, incluso públicas, de sus deseos de abolir el Poder Judicial. Durante la campaña de 2019 La Cámpora llegó a colgar en su sitio un proyecto de reforma constitucional: nadie puede alegar que no estaba avisado.

Frente a la avanzada, la única que parece haber tomado conciencia del real riesgo institucional es Lilita Carrió. Sus legisladores presentarán un pedido de juicio político contra la vicepresidenta, luego de la carta incendiaria en la que propone, lisa y llanamente, eliminar la división de poderes. "Cristina ha licuado el poder presidencial, en consecuencia, la Argentina está en un estado de anomia. ¿Qué es anomia? Falta de estabilidad institucional y desconocimiento de las normas", escribió Carrió en un tuit. ¿Es correcta la estrategia del diálogo y la construcción de consensos a la que apuestan Vidal y Larreta o solo se sale con liderazgos "lililezcos"? La fortaleza de una democracia no solo se define por la naturaleza de su gobierno sino -y, sobre todo- por la calidad de su oposición.

Con el sello Penguin Random House -el mismo de Cristina-, Vidal acaba de terminar un libro, que saldrá el año próximo, y que configura un testimonio personal y político sobre su paso por la silla eléctrica de la gobernación bonaerense. "Lo que aprendí" o "Una mirada distinta" son los títulos tentativos de esta experiencia editorial, que -adelanta- incluye varias autocríticas. La salida del libro será el puntapié de su reaparición mediática. "Va a ser importante cuando María Eugenia salga -anuncia uno de los principales encuestadores-. La estrategia del silencio fue la correcta. No tenía nada para ganar y sí mucho para perder". Las encuestas revelan un dato atípico: la gente no se olvidó de ella, a diferencia de lo que ocurre generalmente con los políticos, que, cuando se toman un tiempo sabático, se diluyen. Por el contrario, integra el trípode de las figuras más marketineras del país, después de Larreta y Fernández y su ponderación positiva es más alta que la negativa.

"Quizá Dios te haga descansar, pero para misiones más grandes", le profetizó Carrió en su casa de Exaltación de la Cruz, a mediados de 2019, cuando la debacle de la macroeconomía daba señales de un fracaso en las urnas. Eran los tiempos en los que Sergio Massa negociaba a dos puntas, con Máximo y Fernández y con Vidal. Finalmente, el tigrense hizo cálculos y se quedó con la opción que consideró más rendidora. Sus amigos empresarios, agradecidos: volvieron los brotes verdes del capitalismo de amigos.

"Espero volver mejor", desliza Vidal, en un contrapunto con el mantra K. "La decisión de la gente de no elegirme me dio la oportunidad de reconstruir mi vida personal y familiar". ¿Por qué tanto silencio? "Había que dejar un primer año de gestión para que revelaran su impronta. No me sentía cómoda diciéndole a un gobierno recién elegido lo que tenía que hacer. Sentí que tenía que parar con la exposición pública, después de veinte años de estar en lugares incómodos". ¿No fue tibia la reacción de la oposición? "No, denunciamos un golpe contra la Constitución. Cuando construís una mirada demonizadora del otro podés ganar las elecciones, pero después no podés gobernar. Es necesario construir consensos, con reglas básicas de respeto". La principal intriga es, quizá, si las máximas vidalistas funcionan cuando un sector de la coalición gobernante define como enemigos a los adversarios y está dispuesto a todo para aniquilarlos.

Laura Di Marco

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