Jueves, 11 Febrero 2021 10:52

Peligrosa cornisa por la que se camina en la Provincia - Por Sebastián Dumont

La agitada interna en la policía de la provincia de Buenos Aires preocupa a los jefes municipales. No es nuevo. Desde los tiempos de Daniel Scioli como gobernador para no ir a buscar en el archivo aquella frase de Eduardo Duhalde cuando habló de la mejor policía del mundo. El control de los territorios no puede escindir el costado de la seguridad, tema de agenda permanente en las campañas electores pero que, lejos de solucionarse, empeora.

Desde siempre, la relación de intendentes con jefes policiales estuvo cruzada por diversas especulaciones. Desde aquellos que ven complicidades hasta quienes decidieron y deciden mantener sólo una relación institucional. El problema radica en que, ante cada episodio de inseguridad grave, las protestas tienen dos destinos: o las puertas de la comisarías -como se vio esta semana en Rojas- o la puerta de los municipios. Un aspecto donde, los gobernadores suelen salir ilesos, pero no tanto como el poder judicial.

El clima que se vive por estas horas provoca muchas dudas. ¿El enojo de un sector de la fuerza genera zonas liberadas como consecuencias de brazos caídos? Nadie se anima a descartarlo de plano. Pero aquí anida una problemática más añeja y compleja. La interna desatada en 2014 mantiene sus esquirlas. Hay que bucear en aquellas jornadas para encontrar el pico de tensión entre quien era el jefe de la bonaerense, Hugo Matzkin y un sector de la Secretaria de Inteligencia de la Nación (exSide). De alguna manera, resabios de esa conducción en la fuerza conviven en estos tiempos.

El segundo de la bonaerense, Jorge Figini, se lo conoce como un hombre de Matzkin, quien cuando dejó la policía logró influir en la designación de varios secretarios y asesores de seguridad en distritos del conurbano, al margen de su vínculo con quien fuera ministro de seguridad hasta el 2015, Alejandro Granados. Muy distinta es la procedencia de Daniel García. El actual jefe cuenta con experiencia al frente de comisarías, lo que en la jerga policial se lo conoce como "troperos". Es decir, estuvieron al mando de las tropas en sus territorios. Tiene calle. Y eso genera respeto. No sólo en sus subordinados, sino también en los intendentes.

Un dato no menor. En aquellos tiempos convulsionados, Sergio Berni era Secretario de Seguridad de la Nación y, como hoy, un soldado de Cristina Kirchner. Buscar reducir esta tensión a la agitación de Florencia Arrieto es demasiado infantil. Con sólo raspar un poquito se caerían muchos de sus argumentos de moralidad y dedos acusatorios. Habría que buscar en las planillas del senado bonaerense para ver si alguna vez tuvo que ver con algo de eso para el sector político que hoy denosta. Pequeños detalles. La resolución o el agravamiento de esta conflictividad marcará parte del agitado año electoral que amanece. ¿Si hay internas políticas? Pues, claro, quien podría dudar de ello. Pero también hay un caldo de cultivo en los magros salarios que desde hace años cobran los efectivos, algunos por debajo de la línea de la pobreza. ¿Se puede combatir el delito con esos salarios? La tentación a ofertas indecorosas está a la vuelta de la esquina. Algo tan viejo como la película La Bonaerense, de Pablo Trapero. Pasos si, pasos no.

Aún no se sabe cuándo habrá elecciones y si se harán o no las primarias. Sergio Massa se muestra como el dirigente más activo del Frente del Todos para retener el voto de la clase media que confió en Alberto Fernández como un moderado. Lo hizo con dos acciones concretas esta semana. La presentación de un proyecto para modificar el impuesto a las ganancias para los trabajadores (falta una mirada sobre los autónomos) y jubilados. Y declaró además que entre gastar en elecciones primarias y comprar vacunas prefiere lo segundo. Las contestaciones no tardaron en llegar. El tema aún será materia de discusión y alharaca mediática.

Eso sí, hábilmente Sergio Massa puso en agenda un tema del que para la oposición es muy difícil poder oponerse abiertamente. Y de paso logra que ya no se hable tanto de otras cuestiones, entre ellas, las internas que anidan en el peronismo de la Provincia de Buenos Aires. Es verdad que Massa está alejado de ello aunque no ajeno. Su espacio, el Frente Renovador, hará un congreso en estos días antes que termine febrero. Allí logrará algo que el peronismo provincial aún no concretará como acto organizativo. Ya le avisaron a Máximo Kirchner que su consagración deberá esperar para que llegue, si es que llega.

Eduardo Duhalde se entusiasma con Fernando Gray, a quien conoce desde hace muchos años, sobre todo Chiche. Cree que su postura pública de plantarse lo podría convertir en un abanderado de varios sectores del peronismo que esperan estas actitudes y que acaban de lanzar una agrupación llamada Sumar. En su último mensaje, el intendente de Esteban Echeverría compartió una canción de Hugo del Carril (H), nada mejor para llegar al corazón del peronismo.

El expresidente así lo dijo en una reciente entrevista con Canal 26 donde consideró que el avance de La Cámpora sobre la estructura partidaria es una "payasada" y "no se va a poder hacer".

En esa misma nota, Duhalde mantuvo palabras elogiosas para con el intendente de Merlo Gustavo Menéndez, quien compone el binomio que conduce el peronismo bonaerense. Fue el intendente de Merlo quien le explicó a Máximo Kirchner las dificultades para poder desembarcar sin escándalos ni presentaciones judiciales de por medio. Al parecer, el joven entendió, que no es lo mismo a decir se resignó.

Pero lo interesante en todas estas movidas es cómo quedó al desnudo la misma división de los alcaldes peronistas del Conurbano. A un grupo lo comanda Martín Insaurralde, el intendente de Lomas de Zamora quien no disimula su buena onda con Máximo Kirchner. Sus detractores le adjudican haber sido el que lo embaló a tirarse a una pileta donde no había agua. Como sea, esta situación partió el bloque de jefes comunales de la tercera sección. Mientras tanto, en la Primera Sección se agrupan en un bloque además de Menéndez, Juanchi Zabaleta, Julio Zamora de Tigre -con buena relación con La Cámpora local-, Fernando Moreira de San Martín, vía Gabriel Katopodis, y Alberto Descalzo de Ituzaingó. De esa mesa se alejó, con aviso previo, Leonardo Nardini, quien no quiere tensar su vínculo con el cristinismo que pueda trabar la reelección de su jefe político Luis Vivona en el senado bonaerense. Ese grupo de alcaldes es de los que piensan en que todo se puede charlar, pero no a los empujones. Aunque para explicarlo suelen utilizar otras expresiones más explícitas y populares.

Como se ve, la agenda política bonaerense transita de manera permanente siempre al filo. El juego de equilibrios siempre es endeble. Mientras el oficialismo cree en una recuperación de la economía con el avance de la vacunación, un episodio de los tantos que abundan en el conurbano puede cambiar los planes. De todas maneras, nada que los jefes territoriales no sepan. El problema es que, en muchos casos, funcionarios de estratos superiores no entienden de qué se trata.

Sebastián Dumont

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