Miércoles, 17 Febrero 2021 09:58

Contra lo que se cree - Por Sergio Crivelli

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Martín Guzmán admitió recientemente que la causa de la inflación es macroeconómica. Ignoró así la explicación peronista tradicional que atribuye el fenómeno a empresarios inescrupulosos ávidos de lucro desmedido, lo que lo convirtió en blanco de ironías porque en el fondo le dio la razón a Milton Friedman.

El ministro ha sido promocionado como discípulo del demonio heterodoxo de Wall Street, Joseph Stiglitz, pero a esta altura las disquisiciones académicas le resbalan, porque ha sido desbordado por la realidad y por una carestía galopante.

En año electoral se olvidó de lo que aprendió en Columbia y quiere dar señales de razonabilidad, pero a la vez aplica medidas contradictorias y tan viejas como el peronismo: pisa el dólar, pone precio máximo al asado grasoso, congela tarifas, prohíbe despidos, duplica indemnizaciones, congela alquileres y desalojos, restringe importaciones y amenaza con aumentar las retenciones al agro. Nada que no hubiera hecho un Guillermo Moreno cualquiera formado en una unidad básica de las Cañitas.

A lo que hay que agregar que esas medidas nunca frenaron la inflación. Con suerte la adormecerán unos meses, que es el verdadero objetivo del gobierno, porque su problema está en las urnas tanto como en los mercados. Y en este punto las respuestas no tienen lógica económica, sino política.

Más aún, no dependen siquiera de la voluntad de los dirigentes, sino del electorado que ha hecho posible con su voto la existencia de una inflación devastadora. Desde 1945 a la fecha ha crecido junto con la pobreza y la decadencia generalizadas el porcentaje de votantes que exige, por ejemplo, pagar tarifas que no cubren ni lejanamente los costos con el pretexto de que deben estar adecuadas a sus ingresos, no a su consumo. Después pagan el precio real a través de la inflación, pero no conectan ambos hechos.

FESTIVAL DE SUBSIDIOS

Como los políticos no están para hacer docencia, sino para ganar elecciones siguen subsidiando lo que ya no hay manera de subsidiar. No hay manera de darle un cheque del Estado a la mitad de la población sin adquirir una deuda asfixiante o emitir en niveles insostenibles. No hay manera de darle una "jubilación" a quien no aportó y no fundir el sistema provisional. Pero con eso Cristina Kirchner llegó al 54% de los votos y Alberto Fernández está por conseguir un porcentaje similar de pobres. Esto sin embargo no le hace perder chances, porque el populismo y la pobreza se retroalimentan.

En resumen, la clave de las elecciones no está en la economía como se cree, sino en la mentalidad de los votantes y eso hace que el problema de la inflación, la recesión y la pobreza no tengan salida, porque los que realmente deciden tienen baja tolerancia a la verdad.

También hace que a pesar de la desastrosa gestión gubernamental la oposición no la tenga fácil. Debe conciliar sectores dispares que van desde el discurso realista "hardcore", hasta el populista conciliador. Pero el problema de la oposición no está tampoco en la diversidad de pareceres, sino en el universo mental de la mayoría de los electores y esa "forma mentis" es sólo compatible con el populismo, cualquiera sea el nombre del candidato que lo represente.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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