Domingo, 28 Febrero 2021 08:08

Fernández potenció el escándalo de las vacunas de privilegio - Por Sergio Crivelli

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La revelación sobre los vacunados VIP alteró al Presidente que reaccionó ofuscado y sin una estrategia de comunicación coherente. CFK y Massa desaparecieron. La oposición arrancó.

En tan solo un año de gobierno Alberto Fernández cometió una cantidad abrumadora de errores sanitarios y económicos. Sometió al país a una cuarentena excesivamente larga con pobre resultado para salud pública y fuerte deterioro de la economía y del entramado social.

Hoy la Argentina tiene más de dos millones de contagiados, más 51 mil muertos y récord de pobres. Con la vacuna tampoco se lució. El país está en el lugar 46 del ránking mundial de proporción de habitantes completamente inmunizados y las dosis siguen llegando a cuentagotas.

A lo que se debe añadir que al desastre sanitario sumó el económico. El Indec informó el martes que el PBI cayó 10,2% entre el tercer trimestre de 2020 e igual período de 2019.

Era difícil creer que semejante nivel de desaciertos podía ser superado, pero Fernández lo hizo. Cometió una seguidilla de equivocaciones políticas inéditas en respuesta al escándalo desatado por un aliado K, Horacio Verbitsky, al revelar la vacunación irregular de funcionarios, dirigentes políticos, sindicalistas, amigos y amigas del poder y hasta bailarinas armenias.

Al difundirse el desastre, la primera reacción de Fernández fue acertada. Echó al ministro correspondiente. Pero no alcanzó porque, gracias a la pertinaz campaña de su gobierno, el 70% de la población teme al virus y, que las pocas vacunas disponibles se las repartan los kirchneristas, le produjo un daño incalculable en imagen y credibilidad.

Para agravar el problema a poco de arrancar, el Presidente puso marcha atrás. Dijo que la investigación judicial era una "payasada" en lo que sonó como una burda intimidación. También amenazó al fiscal interviniente a través de la ANSeS. En este punto ya no se entendía por qué había echado al ministro si todo fue una payasada.

Sin un plan de crisis, ni un discurso racional para la emergencia, Fernández atacó a fiscales, jueces y periodistas desde México, adonde el bochorno los había seguido para arruinarle la gira. Tenía motivo para estar enojado, pero no para ofuscarse. En política perder el control es una muestra de amateurismo y en el caso específico del actual gobierno otro ejemplo de improvisación.

Una reacción también positiva del Presidente fue la de difundir una lista de nombres de vacunados de privilegio, pero en este caso otra vez se quedó corto. El ministro defenestrado había reservado tres mil dosis lo que lleva a pensar que los comprometidos son muchos más de los 70 arrojados a la vindicta pública y que si no se da la lista completa el escándalo seguirá.

Una mala señal adicional para el Presidente fue el silencio de Cristina Kirchner y de Sergio Massa. La vicepresidenta se recluyó en el sur como ha hecho en otras crisis y Massa abandonó por unos días los medios que constituyen su hábitat natural. Lo dejaron solo.

A Fernández debería preocuparle la conducta de la vicepresidenta. En el Senado mandó a su vocero, Oscar Parrilli, a defender a Lázaro Báez, condenado por lavado de dinero en la causa conocida como la de la "ruta del dinero K". Teme que la avalancha cobre impulso y termine por arrastrarla. No se mostró en cambio tan interesada en el vía crucis de su compañero de fórmula.

De todas maneras, mandó a la mayoría que maneja en la Cámara a frenar los pedidos de explicaciones que reclamaba la oposición, algo de lo que Santiago Cafiero debería estar agradecido, porque le tocaba a él dar la cara y no tiene precisamente la elocuencia de un Demóstenes.

En el debate del Senado el defensor del Presidente fue el inefable formoseño José Mayans que a falta de argumentos pasó al ataque contra la oposición. La acusó de "bajeza" (un increíble argumento moralizante dadas las circunstancias) y bloqueó cualquier explicación oficial sobre los vacunados de privilegio.

Exaltado por su propia diatriba contra Juntos por el Cambio hasta llegó a asegurar que la ciudad de Buenos Aires había contagiado de Covid al resto del país por la política sanitaria errónea del gobierno porteño. Hubo que explicarle que se trata de una pandemia mundial que salió de China y se esparció por todo el planeta y que la política sanitaria es nacional, pero Mayans ni se inmutó. En suma, sus indescifrables laberintos mentales no ayudaron a la causa del Presidente.

Por último, Alberto Fernández se superó en esta ocasión cometiendo un error propio del kirchnerismo: la reanimación del macrismo más duro. Le dio el motivo y la oportunidad para olvidar por un rato sus disputas internas y asediar al Gobierno en el comienzo del año electoral. La movilización de ayer puso en evidencia, entre otras cosas, que el Presidente se está convirtiendo en un activo invaluable para la coalición opositora, algo de lo que su vice seguramente tomó nota.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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