Martes, 09 Marzo 2021 11:46

Marcela Losardo se fue y arranca el plan electoral de Cristina Kirchner - Por Fernando González

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La ministra de Justicia se cansó de la ofensiva de la Vicepresidenta. Ahora la incógnita es Guzmán.

Hay que reconocerle al kirchnerismo un enorme genio creativo a la hora de pedir pruebas de fidelidad. Le pidió al Presidente que construya una contradicción de cada una de sus definiciones políticas de los últimos años. Y vaya si lo ha logrado con creces. Le pidió a la ministra de Justicia que acompañe la reforma judicial de Cristina, en la que nunca creyó. Y allí está, harta de hacer los deberes y abandonando el barco antes de tiempo. Pero nada supera lo del lunes 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Las ministras de Alberto Fernández tuvieron que abrazarse con Gildo Insfrán, el gobernador de una provincia en el ojo de la tormenta porque acaba de reprimir a comerciantes, opositores y jóvenes, pero sobre todo a mujeres jóvenes. Ocho de ellas terminaron presas y a una concejala le quebraron el brazo en tres pedazos.

Hay que decirlo. A las ministras no les costó ningún esfuerzo respaldar al hombre que gobierna Formosa desde hace un cuarto de siglo. Elizabeth Gómez Alcorta, ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, no tuvo palabras de compasión pública para las chicas detenidas en el norte, pero sí se dio el permitido de justificar la presencia de Gildo en el pomposo “Acuerdo Federal para una Argentina Unida contra la Violencia de Género” firmado en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada. “Sería un absoluto sin sentido que no convocáramos a un gobernador”, dijo Gómez Alcorta, quien se retiró algo molesta porque los periodistas insistían en preguntarle por la represión en tierra formoseña.

En el caso de Sabina Frederic, no hubo necesidad de esperar al acto en la Casa de Gobierno. La ministra habló en las primeras horas del Día de la Mujer para defender al Gobernador. “Creo que hay un ensañamiento con el gobierno de Gildo Insfrán que es inadmisible”, dijo la responsable de la seguridad, quien tampoco se preocupó demasiado por la violencia del fin de semana en Formosa. Lo que quedó claro es que la decisión del kirchnerismo es auxiliar políticamente a Insfrán en el año electoral. Y que a nadie le importa si la orden va en contra de las convicciones. El progresismo de café de las ministras quedó sepultado bajo la necesidad de recomponer como sea a la tropa propia diezmada.

En ese salón de la Casa Rosada también estuvo Marcela Losardo. Con el semblante triste y comentando en voz baja lo que todos sabían. Que se iba porque no había aguantado el agobio permanente al que la venía sometiendo Cristina. A través, básicamente, de su segundo en Justicia, el viceministro Juan Martín Mena. No le obedecía y ni siquiera la consultaba. Sus únicas referencias eran el Instituto Patria, el despacho de Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados y el de la Vicepresidenta en el Senado. Cualquier juez, cualquier fiscal o cualquier pinche de Tribunales tenía en claro que no era Losardo la persona con la que había que hablar si necesitaban tener una precisión del ministerio.

“La verdad es que estaba agobiada. Marcela me lo venía planteando de antes; su idea era dejar el ministerio. Ella cree que el tiempo que viene es un tiempo para otra actitud”, reveló el Presidente con precisión dramática, al confirmar en C5N, en el programa de Gustavo Sylvestre, el anticipo que el periodista Pablo De León había escrito en Clarín el sábado a media tarde. El tiempo que viene, al que se refiere Alberto y para el que se necesita otra actitud, es el de la campaña electoral. Y está perfectamente claro que las elecciones legislativas se van a disputar bajo los designios de Cristina.

El candidato ideal para la Vicepresidenta es que Mena suba un peldaño y asuma la función que venía ejerciendo de hecho. Pero el viceministro está cómodo en su lugar y por eso es que creció en los últimos días la candidatura del diputado Martín Soria, el rionegrino que debió sortear la tragedia de que su madre matara de un balazo a su padre, el gobernador Carlos Soria. La historia peronista de la familia es el factor que puede terminar de convencer a Alberto para nombrarlo en el gabinete.

Quedaría, cree Alberto, más como un acuerdo entre el Presidente y la Vice. Una historia demasiado romántica para estos tiempos de política a cara de perro. Soria aprovechó los dieciséis meses del Frente de Todos en el poder para afianzar su relación con Cristina, con Máximo Kirchner y hasta con Oscar Parrilli. Su especialidad es entrecruzar los datos personales de jueces, dirigentes opositores y periodistas para darle algún sustento a la ofensiva judicial del kirchnerismo. Para los escépticos y los degustadores de la realpolitik, es obvio de qué lado ha apostado sus fichas el diputado de Río Negro.

El otro ministro que debe acomodarse a la estrategia electoral de Cristina es Martín Guzmán. Aquel proyecto de presupuesto racional que aplaudían los empresarios empieza a hacer agua por todos lados. La Vicepresidenta le ha hecho saber que, para ganar las elecciones, no puede aumentar las tarifas ni siquiera mínimamente. Le ha dicho que el dólar debe permanecer en el corralito actual y que, en un mundo devastado por la pandemia, el acuerdo con el Fondo Monetario puede esperar a después de octubre. “Martincito va a entender”, les ha dicho la Vicepresidenta a los suyos. Hasta ahora lo ha tratado con amabilidad. Lo que debe entender el ministro es que la racionalidad económica quedará para más adelante. Para cuando la batalla electoral tenga un ganador. Y ya nadie discuta absolutamente nada.

Fernando González

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