Miércoles, 07 Abril 2021 05:14

Jugar con fuego - Por Sergio Crivelli

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El kirchnerismo blanqueó a través de Sergio Massa su intención de modificar el sistema electoral pocos meses antes de ir a las urnas. El presidente de la Cámara de Diputados propuso realizar las PASO de manera simultánea con la elección general, lo que equivale a implantar una suerte de ley de lemas. La oposición rechaza la idea.

Para justificarse Massa alegó que no quiere que los electores se expongan al contagio concurriendo dos veces a los centros de votación. La excusa es mala pero la propuesta es peor, porque representa un peligro real para la democracia, el último contrato que todavía no se rompió en un país que tiene por hábito el desprecio de la ley y el nulo respeto a las reglas de juego. Un país que pone a la altura de una gesta patriótica el hacer goles con la mano.

Esa actitud de aceptar como norma la violación de las normas ha minimizado el peligro que significa la manipulación electoral para que las distintas tribus del oficialismo puedan sumar sus votos y así evitar una derrota que a esta altura todos sospechan probable.

La maniobra apunta a conservar artificialmente la famosa “unidad” del PJ que el presidente predica como fórmula del éxito y que en los hechos le permitió sumar el 48% que lo depositó en la Casa Rosada.

Si el gobierno consigue el objetivo de implantar la ley de lemas o un sucedáneo lo hará al precio de una ruptura de la estabilidad de las reglas del juego que es condición “sine qua non” del ejercicio democrático. A través de esas reglas se expresa la voluntad popular, la que quedaría distorsionada por manipulaciones de última hora.

CREDIBILIDAD Y LEGITIMIDAD

Los cambios en el sistema electoral nunca son neutros en términos políticos y su alteración a las puertas de los comicios afecta la credibilidad en el sistema y deteriora su legitimidad. En un país con instituciones endebles, por decirlo suavemente, la democracia es aquí la última barrera que garantiza el estado de derecho por lo que el oficialismo está jugando con fuego.

El sistema de lemas tiene precedentes nefastos en el país. Se aplica en provincias feudales gobernadas autocráticamente desde hace décadas. Por ejemplo, Formosa. También fue introducido de manera sorpresiva por el peronismo en la Asamblea Legislativa del 23 de diciembre de 2001 que nombró presidente de la Nación Adolfo Rodríguez Saá. Aquella tropelía institucional sucumbió con el efímero presidente.

Pasaron casi 20 años, la crisis económica y sanitaria es más grave que la de aquella época y el peronismo vuelve a la misma receta para garantizarse el poder. No importan los contagios, ni la morosa vacunación, no importa el 42% de pobres ni la inflación imparable, no importa el desempleo, la parálisis productiva, ni el cierre de empresas o la sequía de inversiones. Lo importante es controlar el poder, lo único en lo que el peronismo se muestra eficaz. La diferencia en este caso es que para lograrlo puede violar el último contrato social que garantiza la convivencia pacífica.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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