Jueves, 29 Abril 2021 12:38

Alberto Fernández, de regreso: vuelve a Larreta y vuelve a Pfizer - Por Carlos Pagni

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El Presidente suele tomar decisiones sin consultar con expertos ni colaboradores; ese estilo le impide calibrar las consecuencias de sus actos; en estas horas está revisando su posición en dos cuestiones relevantes: las relaciones con el gobierno porteño y la contratación de vacunas

Alberto Fernández suele tomar decisiones espasmódicas, sin consultar con expertos ni colaboradores. Ese estilo le impide calibrar las consecuencias de sus actos. Por eso a menudo debe volver sobre sus pasos. En estas horas está revisando su posición en dos cuestiones relevantes: las relaciones con el gobierno porteño y la contratación de vacunas.

Fernández vuelve a Horacio Rodríguez Larreta y vuelve a Pfizer. Son dos regresos complicados. La recuperación del diálogo con el jefe de gobierno, que comenzó a gestarse anteanoche, es de sentido común. Lo observaba ayer un dirigente del kirchnerismo porteño: “Si cuando se reunía con Larreta mejoraba en las encuestas, y cuando se pelea cae, está bastante claro lo que le conviene hacer”. Para el Presidente, no estaba tan claro. El miércoles 14 por la noche anunció nuevas restricciones a la circulación, que el día anterior ya había resuelto en soledad. No se lo anticipó a su ministra de Salud y tampoco al de Educación. Fernández fue construyendo, minucioso, el escenario al que se subiría Rodríguez Larreta para exhibir ese gesto de carácter que le venían pidiendo sus rivales internos en Juntos por el Cambio. La materia no podía ser más apropiada: defender la apertura de las escuelas, que en un nivel subliminal significa defender la educación.

El error oficial se extendió en un desaguisado judicial cuyo desenlace más previsible es un posible fallo en el cual, recomendando severas prevenciones sanitarias, la Corte Suprema de Justicia ratifique la autonomía de la ciudad. Si no fuera porque los jueces suelen citar fuentes de mayor densidad jurídica, ese pronunciamiento podría recordar las palabras de Alberto Fernández cuando, el 19 de enero, dijo: “Voy a cumplir con mi palabra, que tanto valoro. Este no es el gobierno de un presidente. Es el gobierno de un presidente y 24 gobernadores”. Simple: si los gobernadores son 24, la ciudad de Buenos Aires es una provincia.

El reacercamiento con Larreta tuvo la primera señal anteayer, cuando Santiago Cafiero invitó a una reunión al jefe de Gabinete del gobierno porteño, Felipe Miguel, y al de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, para tratar la cuestión sanitaria. Sin embargo, el primer mensaje explícito le llegó al alcalde a última hora de la noche. El jefe de asesores de la Presidencia, el peronista Juan Manuel Olmos, le dijo al vicejefe de gobierno, el peronista Diego Santilli, que Fernández quería negociar.

Olmos siempre es más exitoso en la paz que en la guerra. El Presidente se había irritado con él por el pronunciamiento de la Sala IV de la Cámara Contencioso Administrativa de la ciudad que ordenó la apertura de las aulas. Olmos es uno de los diseñadores de la Justicia porteña, en acuerdo permanente con el binguero Daniel Angelici, gestor de Mauricio Macri en ese campo. Los jueces de la Sala IV fueron designados con el voto de Juntos por el Cambio y del peronismo de Olmos. Una es Nieves Machiavelli, hermana del secretario de Ambiente, Eduardo Machiavelli. Marcelo López Alfonsín, otro camarista, es un amigo dilecto de Olmos. Talentoso, Olmos cuenta entre los jueces que, en teoría, le responden, a un Alfonsín. Cuánto que aprender.

Fernández le enrostra a su asesor no haber influido en sus amigos de la Cámara. Él podría contestarle que le tomó la palabra, que tanto respeta: el Presidente juró que no tendría operadores judiciales. Pero Olmos prefiere callar. En las últimas horas se siente reivindicado. La jueza Alejandra Petrella aceptó el planteo del legislador peronista Juan Manuel Valdés para que no se aplique el impuesto que Larreta aplicó a los consumos con tarjeta de crédito. El fallo vale solo para Valdés, pero podría extenderse a otros demandantes. Petrella es prima del dirigente de Pro Iván Petrella. Pero su contacto con la política es Olmos. El mismo truco de despistar con el apellido. Otro juez ligado al asesor presidencial, Leonardo Furchi, declaró anteayer, ante un pedido de Gabriela Cerruti, la inconstitucionalidad de la venta de Costa Salguero. Para reivindicarse del fallo de la Cámara por la educación, Olmos se prometió cumplir la vieja consigna del 5x1.

En el terreno político, el objetivo de Olmos es mucho menos agresivo. La Casa Rosada pretende acordar con Larreta una posición intermedia para el menú de restricciones que deben decretarse a partir de pasado mañana, cuando el decreto que desató el conflicto esté vencido. Larreta, que ayer participó de una reunión virtual con el Presidente y 11 gobernadores, está dispuesto a encontrar una receta común. Su límite es previsible: no puede ceder en la reivindicación de la presencialidad educativa. De hecho, cuando comenzó este nuevo acercamiento desde el gobierno nacional le pidieron que retire la demanda que presentó en la Corte. “No podemos negociar mientras existe un pleito judicial”, le dijeron a Felipe Miguel. La Ciudad no dio de baja su reclamo, pero las conversaciones continuaron.

El reencuentro con Larreta es un indicio de que Fernández percibe su fragilidad en el campo sanitario. La falla más grave es la disparatada gestión de los contratos con proveedores de vacunas. En las últimas horas hubo novedades en esta área. La más importante es la voluntad de regresar a las negociaciones con Pfizer. Como informó Francisco Olivera el lunes 5 de este mes, las autoridades del laboratorio se entrevistaron en noviembre con el Presidente y le hicieron saber que la Argentina podría disponer de entre 11 y 14 millones de dosis de su vacuna. Las tratativas se empantanaron, al parecer, porque el laboratorio cuestionó que se lo pudiera imputar por “negligencia”, una palabra que la diputada Cecilia Moreau introdujo en la ley sobre inmunización. La Argentina tenía prioridad en el acceso a esas vacunas, entre otras cosas, porque muchos pacientes locales se ofrecieron a participar en las investigaciones.

La posibilidad de recuperar la relación con Pfizer fue un tema recurrente en las charlas del Gobierno con Juan González y con Julie Chung, los enviados de Joe Biden que visitaron Buenos Aires hace dos semanas. En ese marco, Jorge Argüello, el embajador ante los Estados Unidos, inició gestiones en Washington. Es un desafío gigantesco: según informó la semana pasada Albert Bourla, el chairman y CEO de Pfizer, la empresa producirá 2500 millones de dosis este año y 3000 millones el que viene. Esos volúmenes ya están siendo contratados por distintos Estados. Por ejemplo: la Unión Europea está cerrando un contrato por 1800 millones de dosis a ser administradas entre 2021 y 2023.

Claudio Jacquelin y Hugo Alconada Mon detallaron en LA NACION que el gobierno uruguayo aprovechó el desinterés argentino y logró acceder a dos millones de vacunas. El gestor para ese éxito fue el gastroenterólogo Henry Cohen, uno de los asesores de Luis Lacalle Pou para la pandemia. Con el auxilio de un amigo de la industria farmacéutica, Cohen contactó a Thomas Struengmann. Es el líder de BioNTech, la empresa alemana con la que Pfizer desarrolló su vacuna. Struengmann ha sido accionista de MegaPharma, una firma radicada en Uruguay, en la que su familia continuó una vieja alianza con los Roemmers de la Argentina.

Es posible que Alberto Fernández desconozca estas vinculaciones, que le allanaron el camino a su colega oriental. Él prescindió de varias opciones, abrazado a AstraZeneca, la farmacéutica con la que Hugo Sigman había celebrado un contrato para fabricar en su planta de maBxience la vacuna británica. Sigman mantiene una extraordinaria proximidad con el kirchnerismo, al que provee de distintas maneras. También como editor. Es posible que esas prestaciones se agiganten: estaría por comprar Siglo XXI en la Argentina y en México. Habladurías.

Menos eficaz como farmacéutico que como industrial de la cultura, las vacunas prometidas por AstraZeneca/Sigman no llegaron. En marzo debían entregarse 2.382.000 dosis y en abril 4.040.000, de un total de 22 millones. La ministra Carla Vizzotti recién ayer le pidió a Agustín Lamas, el presidente local de AstraZeneca, que informe “a la brevedad”, cuándo piensa entregar el producto. El Ministerio de Salud pagó por adelantado el 60% del contrato. Una curiosidad: cuando el 11 de agosto pasado se anunció la llegada de esta vacuna, el Presidente y Ginés González García, celebraron a Sigman y maBxience. Ahora, ante el incumplimiento, el responsable es AstraZeneca.

Sigman rompió el silencio hace 10 días desde Madrid, donde está radicado, para deslindar responsabilidades. El incumplimiento se habría debido a que el laboratorio mexicano Liomont, encargado del envasado de las vacunas, no tenía los insumos necesarios. Es increíble que hayan firmado un compromiso de abastecimiento sin despejar semejante incógnita. Desde Liomont contestaron a Sigman que no les falta insumo alguno y que en su momento entregarán las vacunas. Horas más tarde, el fiscal Guillermo Marijuan, siempre tenaz, al menos al principio, en la persecución penal de grandes fortunas, llegó a las oficinas de Sigman a buscar información. Se encontró con un viejo conocido: Mauricio D’Alessandro. La relación entre Sigman y este abogado transcurre por túneles que solo conoce gente muy informada. En su descargo vía Twitter, Sigman, refiriéndose a por qué no se puede reemplazar a Liomont, dijo que “ninguna planta activa puede realizar esta tarea de manera inmediata”. En los próximos días lo desmentirá alguien que se ha convertido en su pesadilla: Marcelo Figueiras, esposo de la exsenadora María Laura Leguizamón y titular del laboratorio Richmond, que producirá en la Argentina la Sputnik V.

El ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, afirmó: “Veníamos trabajando en secreto con Figueiras desde el primer día. Le dimos el dato de que laboratorios argentinos podían producir la Sputnik. Y él viajó de inmediato a Moscú”. A Gollán nadie “le dio el dato” de que estaba confesando un delito. También estaba revelando que emergía un mini-Sigman. Alguien que conseguía convertirse en proveedor poco menos que exclusivo de la vacuna, gracias a su inserción en el kirchnerismo.

Es posible que Gollán haya cometido una injusticia. Figueiras tiene su propio canal para llegar al instituto Gamaleya, productor de la Sputnik. Él trabaja desde hace años con el megalaboratorio indio Hetero, con el que produce la versión criolla del Darunavir. Con la misma firma se asoció para la fabricación del Bevacizumab. Figueiras suele contar a sus amigos el calvario que debió pasar para que la Anmat le autorizara este anticuerpo monoclonal, que compite con uno de Elea, un laboratorio que tiene como socio a Sigman.

Hetero es el laboratorio indio con el que contrató Gamaleya la fabricación a escala de la Sputnik V. Figueiras aprovechó esa relación para encargarse de producirla para la Argentina y otros países asignados por los rusos. Mientras tanto, está tratando de que desde Moscú le envíen la vacuna a granel, de tal modo de envasarla en una planta que, por lo visto, Sigman no conoce. Es la del laboratorio MR Pharma, de Sebastián Martínez Ríos. MR Pharma compitió hace poco con Elea, de Sigman, por la venta de anticonceptivos al Estado. Por eso es raro que Sigman no supiera de esas instalaciones disponibles para reemplazar a Liomont. Figueiras promete envasar dos millones de dosis por mes a partir de junio.

El Frente Renovador Empresario de Sergio Massa se movilizó de inmediato en auxilio de Figueiras. Jorge Brito (h.) está reuniendo un fondo para montar la fábrica que produzca la Sputnik V. Y ya prometieron un aporte Mauricio Filiberti y Rubén Cherñajovsky. Ignacio de Mendiguren, titular del BICE, que hasta hace poco no le atendía el teléfono al empresario, ya corrió solícito en su ayuda. Es admirable la versatilidad de Massa. Sobre todo, para materias en las que se cruzan la política y los negocios. En estas horas le atribuyen estar trabando la ley que prorroga el régimen de biocombustibles, aprobada en el Senado, con un contraproyecto de Diputados. La continuidad del régimen inquieta a la industria petrolera. Massa además debe concentrarse en elegir al sucesor del fallecido Mario Meoni en el Ministerio de Transportes. Allí hay tantos intereses a custodiar que hay quienes especulan con que promoverá a su esposa, Malena Galmarini. Compite con Raúl Pérez y con Javier Faroni, dos dirigentes frente a los cuales Massa parece un idealista. Más allá de estos desvelos, el presidente de la Cámara de Diputados exhibe su amistad con otro intrépido, Figueiras. Si la jugada sale bien, pedirá que le agradezcan haber revertido una campaña electoral que está casi por completo cifrada en las vacunas.

Carlos Pagni

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