Martes, 01 Junio 2021 09:35

El pedido de Cristina sobre la Copa América - Por Fernando González

Escrito por

Alberto Fernández definió tarde, tras las presiones del kirchnerismo para suspender el torneo de fútbol por el Covid.

Apenas han pasado tres meses. El 3 de marzo, el presidente Alberto Fernández y el gobernador Gerardo Zamora inauguraron el Estadio Único Madre de Ciudades en Santiago del Estero. La imagen de la cancha que muestran los drones parecen filmadas en Madrid o en Münich, pero no. Aunque se asemeja un poco al Wanda del Atlético o al Allianz Arena del Bayern, el Único está construido en una provincia con el mayor índice de desempleo del país y el 46% de sus habitantes bajo la línea de pobreza. Cuando se hizo público que había costado más de $ 1.500 millones, la Argentina en pandemia descendió hacia otro círculo de este infierno que, tristemente, ya no genera ningún asombro.

Al contrario. El Presidente se indignó por las críticas. Miraba orgulloso las tribunas techadas, las plateas de siete colores importadas de China, los 23 palcos VIP (incluyendo el imponente del Gobernador, que causó furor en las redes sociales) y los dos arcos orientados para que los arqueros jamás pudieran ser víctimas del encandilamiento. “¿Dónde está escrito que en Santiago del Estero no pueda haber un estadio de esta naturaleza?; estamos generando igualdad”, desafió, con algún margen de razón. Es cierto que no está escrito en ningún lado. Como tampoco está escrito que la provincia deba arreglárselas sólo con el 30% de cloacas. Pero ése es el porcentaje que tiene, además del estadio, claro.

El ostentoso Madre de Ciudades se había levantado para albergar la Copa América. En marzo, lo inauguraron con la victoria de River sobre Racing por la Supercopa pero el gran acontecimiento iba a ser el torneo continental. El jueves va a ser el escenario de la eliminatoria mundialista, en el partido de la Selección contra Chile, con la presencia de Lionel Messi incluida. El 13 de junio iban a jugar Uruguay contra Paraguay y, diez días después, la selección paraguaya se iba a enfrentar con Chile. Como bien lo cuenta Martín Voogd en Clarín, hasta el domingo los dirigentes de Conmebol que organizan el campeonato creían en la promesa del Gobierno argentino y en los mensajes que les enviaba ese fenómeno de la picaresca criolla que es el presidente de AFA, Claudio “Chiqui” Tapa.

A los capos de la Conmebol les falta entrenamiento en los laberintos del poder que conducen a la Argentina. Desde hacía una semana, el movedizo subsecretario de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak​, transitaba los programas de radio y TV alertando sobre los riesgos de hacer la Copa en el país. La ministra de Salud, Carla Vizzotti, empezó a desparramar dudas durante el fin de semana. Y el domingo a la noche apareció el ministro Wado De Pedro anticipando la noticia que los organizadores prefirieron anunciar por las suyas una hora después en las redes sociales. Que la competición más importante para la región, después del Mundial de Fútbol, no se iba a disputar en estas tierras.

El proceso de toma de decisiones que precipitó la suspensión de la Copa América sigue el protocolo resbaladizo que se ha instalado en el gobierno de Alberto Fernández. Algunos dirigentes del kirchnerismo, con participación protagónica de los bonaerenses, salen a boicotear una iniciativa. El Presidente y algunos de sus ministros tranquilizan a los interlocutores damnificados diciéndoles que eso de ninguna manera va a ser así. Y, en los días siguientes, los hechos suceden exactamente como los vaticinó el kirchnerismo. Puede ser el despido fallido de un subsecretario de Estado, el aumento de un servicio público o la designación de un Procurador General. Sólo hay que leer con atención las señales públicas. La metodología se repite invariablemente, cada vez con mayor velocidad y con el mismo resultado.

En las últimas horas antes de la suspensión de la Copa América, hubo una pulseada interna feroz dentro del Gobierno entre quienes se inclinaban por seguir adelante pese a los riesgos que presenta el Covid y quienes preferían suspenderla y romper lanzas con la Conmebol. “Chiqui” Tapia y otros dirigentes cercanos al fútbol argumentaban que las medidas sanitarias del torneo no iban a complicar la situación de la Argentina y que había que tener en cuenta los ingresos que el país iba a recibir por ser el único anfitrión, después de que Colombia se bajara por el combo del coronavirus y el clima social de protestas que se vive allí desde hace un mes.

Incluso surgieron dudas porque un directivo de YPF, Santiago Carreras, era uno de los que empujaban por la concreción del torneo. Ex senador bonaerense, frustrado candidato a presidente de Boca y cercano a Máximo Kirchner, su apuesta a favor de la Copa llevó a algunos a creer que el diputado jefe del kirchnerismo estaba a favor de seguir adelante. Evidentemente, no era así. Cuando De Pedro apareció en TV, se disiparon todas las dudas. “Wado habló porque lo pidió la Dama”, se resignó un funcionario con despacho en la Casa Rosada. Una vez más, Cristina terminó inclinando la balanza.

Alberto tenía pensado anunciar él mismo la suspensión de la Copa América. Pero, cuando el enojo se apoderó de la cúpula de la Conmebol, sus directivos se apuraron a pasar a la ofensiva posteando un tuit que hizo arder la medianoche de muchos funcionarios. En el Gobierno reconocían que la decisión se tomó más para ofrecer una señal política frente al drama de la pandemia que por un riesgo epidemiológico. El problema volvió a ser los tiempos. La gestión se hizo demasiado tarde.

Volvieron las negociaciones para trasladar la Copa América a Chile (a su favor cuenta con un gran porcentaje de vacunados y una infraestructura montada para ese mismo torneo de 2015); en los Estados Unidos, con la gran atracción del verano, de las vacunas y la posibilidad de jugar partidos con público. Y luego surgió la chance de Brasil. Toda una paradoja para un país con más de 16 millones de contagiados y 462 mil muertos, cifra que lo ubica en el segundo lugar del ranking trágico del planeta. Muchísimo más que la “gripesinha” que subestimó Jair Bolsonaro, cuando el Covid parecía ser apenas una amenaza para los espíritus temerosos.

Fernando González

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…