Viernes, 04 Junio 2021 08:33

La obsesión es con la muerte; no con Pfizer - Por Fernando González

Escrito por

En un país con 80.000 muertos, la ministra Carla Vizzotti intentó justificar por qué no se compró también la vacuna de EE.UU.

Entre la gran cantidad de mutaciones psicológicas que tiene la política, la ministra Carla Vizzotti introdujo esta semana una novedad: la obsesión. Le apuntó a los dirigentes de la oposición, pero la recriminación se dispersó hacia millones de argentinos preocupados por el Covid. “Bajen la tensión y la obsesión que tienen con la Pfizer”, dijo el miércoles la funcionaria a cargo de la salud, en una tensa conferencia de prensa transmitida casi en cadena nacional por los canales de noticias. La Pfizer es la vacuna de origen estadounidense que el Gobierno no pudo, no supo o no quiso comprar, para decirlo en las palabras de Alfonsín que ya son leyenda.

No era una mañana fácil para Vizzotti. Debía explicar por qué el Gobierno no compró vacunas de Pfizer, como tampoco sumó hasta ahora las de Johnson & Johnson o las de Moderna al lote que integran las Sputnik V rusas, las chinas de Sinopharm y las de AstraZeneca, estas últimas con las demoras que jaquearon fuerte la credibilidad de Alberto Fernández. La ministra de Salud, una médica infectóloga recibida en la Universidad de El Salvador y especializada en enfermedades inmuno prevenibles, ingresó al ministerio como cuadro político sanitario en 2007. Su padre tenía una relación de amistad con Ginés González García.

Ya es historia que Vizzotti tuvo que reemplazar a Ginés en el ministerio, después de que estallara el escándalo del vacunatorio VIP que funcionaba en esas oficinas del edificio con la gigantografía de Evita.

Desde entonces, no ha tenido descanso. El martes había cumplido 49 años y, al día siguiente, le tocó contraatacar las declaraciones del director regional del Fondo Covax, el argentino Santiago Cornejo, quien había dicho en un Zoom del CARI que la Argentina no había aceptado las vacunas de Pfizer en el paquete de ese fondo solidario para países pobres que articula la Organización Mundial de la Salud. Con Cornejo no hubo problemas porque le hicieron pasar la peor madrugada de aprietes de su vida. Por eso, el funcionario se apuró a escribirle a Vizzotti una carta de marcha atrás que el Gobierno colgó de inmediato en todas las redes sociales.

El problema mayor consiste en explicar por qué no se le compró a Pfizer las vacunas que ya se están aplicando en Uruguay, Chile, Brasil o México. Es que va quedando más claro que cada vacuna que no se compra, sea de donde sea, deja a un argentino más cerca de la muerte. Tal vez haya sentido algo de esa presión Vizzotti, cuando se quebró en medio de la rueda de prensa y derramó algunas lágrimas.

A sólo cuatro meses de la primera fecha de elecciones legislativas, es inevitable que la compra y la aplicación de las vacunas se metan en la campaña electoral. El Gobierno publicita cada circunstancia sanitaria como si fueran gestas heroicas y la oposición intenta mostrar cada falencia oficial como si se tratara de delitos. El Presidente y Ginés llevarán a Patricia Bullrich a la Justicia civil porque los acusó de hechos oscuros durante la negociación con Pfizer.

Y Horacio Rodríguez Larreta usó la metáfora de Vizzotti para responderle. “Me siento obsesionado, obviamente. Todos tenemos la obsesión de vacunar lo más rápido posible”, devolvió el jefe de Gobierno porteño, que negocia con tres farmacéuticas extranjeras para poder conseguir, hasta ahora sin éxito, una vacuna por su cuenta.

La dificultad del Gobierno sigue siendo la de sintonizar con las expectativas de la sociedad. Las vacunas, incluyendo las de Pfizer, no son una obsesión aislada de los políticos. Las vacunas son una obsesión de la mayoría de los argentinos, que ven día a día cómo se contagian o se mueren sus compañeros de trabajo, sus amigos y sus familiares más cercanos.

Este fin de semana, la Argentina está atravesando la barrera de los 80.000 muertos. Miles de ellos habrían sobrevivido si hubieran tenido la vacuna a tiempo. La rusa, la china o la del imperialismo yanki. La obsesión es con la muerte. Esa es la verdadera enemiga y no distingue ideologías. Apenas muestra el costo irreparable de lo que se debió haber hecho bien y se sigue haciendo mal.

Fernando González

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…