Sabe que los “bloopers” a repetición de Alberto Fernández indican dos cosas: que el gobierno carece de reacción y que perdió toda credibilidad ante la mayoría de los votantes. Fernández no pudo viajar a Pergamino por una movilización de chacareros furiosos y donde la “militancia” pretendió reivindicarlo, como en Salta, generó una crisis en el oficialismo local.
Por eso la vice no necesita recurrir a las encuestas para entender que perderá hasta en la provincia de Buenos Aires, si no pone en marcha un plan urgente para eludir el desastre. A esta altura Fernández es parte del problema, no de la solución.
Ese plan tiene al menos cuatro puntos. El primero, consiste en desentenderse de los errores cometidos con la pandemia. Mientras en Madrid Ginés González García se reunía con el farmacéutico Sigman, favorito del kirchnerismo, la vice en La Plata ignoraba que la causa principal de la decena de miles de muertos es la falta de vacunas y la atribuía a las falencias del sistema de salud que propuso reformular recurriendo a la estatización de las prestadoras privadas.
Pero como no juega sola simultáneamente las empresas de medicina prepaga recurrían a la Justicia reclamando una actualización de tarifas. Saben que el gobierno las está ahogando financieramente para apropiarse de esos cuantiosos recursos. Una “remake” de la confiscación de los fondos de pensión ideada por Amado Boudou que le valió dos recompensas: ocupar el Ministerio de Economía y la vicepresidencia de la Nación.
El segundo punto del plan consiste en abandonar la estrategia de “moderación” con la que Alberto Fernández llegó al gobierno hace dos años. Se trata de una remake del “vamos por todo” de 2011, pero en un contexto de bancarrota pública y privada, con una pobreza inédita y la imagen de los principales dirigentes peronistas barranca abajo.
Si como muestran las encuestas, un alto porcentaje de votantes de los Fernández en 2019 está “decepcionado”, este punto de la estrategia consiste en afianzar el 30% de hierro que sigue a la vice bajo cualquier clima, en mandar señales a la “propia tropa”.
A eso apunta una radicalización para la tribuna, que va desde el “comunismo” municipal en Avellaneda hasta algo menos aldeano y más preocupante: la política exterior de alineamiento con dictaduras represivas. Durante la semana pasada el rumbo que adoptó desde 2019 la Cancillería tuvo una nueva ratificación con la defensa pasiva de las violaciones de derechos humanos y políticos en Nicaragua.
Esto generó la inmediata respuesta de “Juan Domingo” Biden, que pidió que Argentina muestre un plan económico coherente, si pretende ayuda con el FMI. El desplante se produjo mientras Sergio Massa paseaba por los Estados Unidos tratando de mejorar la ya muy deteriorada relación bilateral, lo que supuestamente constituye uno de sus activos políticos. Pero la primera y la última palabra en todo la tiene la vice en una coalición que empieza a mostrar grietas.
El tercer punto del plan consiste en imitar a la oposición y rectificarse, pero haciendo que otros pongan la cara. Es lo que ocurrió con la vuelta a clases en la provincia de Buenos Aires que Axel Kicillof debió aceptar aunque las condiciones sanitarias no cambiaron sustancialmente. En esto el kirchnerismo aprendió de Horacio Rodríguez Larreta, de las encuestas y de la realidad que lo menos costoso era dar marcha atrás.
De todas maneras, Juntos por el Cambio no debe preocuparse; el gobierno siempre provee generosamente motivos de crítica en materia educativa. En esta oportunidad lo hizo eliminando las evaluaciones y empujando las promociones automáticas.
Por último la cuarta pata del plan electoral consiste en una serie de medidas económicas para inflar artificialmente el consumo: rebaja de la ya muy subsidiada tarifa del gas (ver Visto y Oído), aumento salarial del 40% que CFK lanzó desde el Congreso junto con Sergio Massa, bonos para los jubilados que cobran la mínima (para los que votan kirchnerismo, para los otros, no), déficit en aumento, inflación sin control a pesar de los precios máximos y cepo cambiario que provoca un creciente retraso del dólar. Nada nuevo. Ya fueron usadas electoralmente por el kirchnerismo en otras elecciones. La duda es si funcionarán en esta.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


Asumió el protagonismo de la campaña ante la desorientación del presidente y el riesgo de perder Buenos Aires. Su plan es una combinación de populismo, radicalización y rectificaciones.
