Miércoles, 23 Junio 2021 10:16

Por el mismo rumbo - Por Sergio Crivelli

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Ninguna crisis como la actual ha puesto en evidencia con tanta crudeza la incapacidad del sistema político para resolver los problemas que más fuerte castigan a la sociedad: pobreza, recesión y deterioro institucional.

Esa incapacidad la padece tanto el oficialismo como una parte importante de la oposición: la que apela al discurso antigrieta. Quiere atraer el voto desencantado con el gobierno y reclutar dirigencia que le permita presentarse como un populismo de rostro humano, pero ahí se le acaban las ideas. No dice cómo sacará al país de la crisis que se produjo en el último tramo de la gestión Macri y que la cadena de desaciertos de Alberto Fernández agravó hasta lo inimaginable.

Con la gestión de Fernández en la mochila el peronismo enfrenta una probable derrota en noviembre, pero no modificará su rumbo. Su conductora, Cristina Kirchner, tiene una sola marcha. Se aferra a la receta que la llevó al poder y también se lo hizo perder y que consiste en fomentar el consumo artificial a pesar del descontrol inflacionario. Lo mejor que puede esperar es que el colapso de las variables macro se produzca después de las elecciones.

Esa estrategia funciona probadamente en un 40% del padrón, pero tiene un efecto no deseado en el 60% restante. En todas las encuestas los niveles de pesimismo son enormes. A la pregunta de cómo ve su situación futura, ese 60% pronostica que igual de mal o peor que la presente. Esto es electoralmente pésimo para el peronismo.

Puede parecer paradójico pero que al peronismo le vaya mal no hace que a la oposición le vaya mejor, porque carece de estrategia y de conducción y como si con eso no alcanzase también está perdiendo identidad. Este es el drama que muestran los medios cuando se ocupan de la interna del PRO. En su mayoría son anti Macri y apoyaron a Alberto Fernández en el inicio de la gestión. Algunos de ellos lo hicieron porque veían en el albertismo una posibilidad de terminar con Cristina Kirchner.

Esa disparatada ilusión se derrumbó con el fracaso del presidente. ¿Qué hacer? Proclamar "líder de la oposición" a Horacio Rodríguez Larreta, que en el momento de mayor popularidad de Alberto Fernández se le pegó para recibir algo de su imagen en alza.

El jefe de gobierno porteño muestra ahora, sin embargo, poca muñeca para encarrilar a la heterogénea tropa de Juntos por el Cambio. No la puede tener junta y tampoco representa un cambio. Es tributario de la vieja política de la rosca y la repartija de cargos. Sus aliadas Vidal y Carrió, los radicales y el peronismo le tiran del saco y no consiguió jubilar a Mauricio Macri. Pero los votantes ya están resignados a que los políticos se peleen por el poder.

Lo grave en términos electorales es que el larretismo no ofrece lo que demanda la parte mayoritaria del padrón, la promesa de un giro que termine con las crisis sin fin y cada vez con mayor costo social. La ilusión de que los desastres que golpean a más y más gente en algún momento se terminarán. Algo que no ocurrirá con un populismo apenas más prolijo. Algo que no ocurrirá sin un cambio de rumbo.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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