Miércoles, 21 Julio 2021 09:31

Ya se juega la poselección - Por Sergio Crivelli

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El oficialismo no tiene todavía candidatos, pero Cristina Kirchner está en campaña desde hace tiempo, porque no los necesita. Ella reivindica su gobierno, no el de Alberto Fernández.

Su objetivo es obvio: si el FdT gana, se atribuirá el triunfo y si pierde, dejará la derrota para Alberto Fernández. Tanto ella como sus votantes practican el hábito de liberarse de cualquier responsabilidad con una naturalidad pasmosa.

Una de las últimas manifestaciones de esa costumbre estuvo a cargo de Horacio Pietragalla que culpó a la oposición de los 100.000 muertos por Covid. Pietragalla es el secretario de Derechos Humanos para el cual en Formosa no se violan las garantías constitucionales.

Cristina Kirchner hace campaña pensando en la poselección. Si el Frente de Todos es derrotado, avanzará sobre el gabinete. Alberto Fernández lo sabe y por eso se aferra a Santiago Cafiero. No quiere que sea candidato, porque sabe que, en ese casillero libre, la vice le impondrá un hombre propio. Dicho más simplemente, le intervendrá el gobierno.

Por eso también hace circular para la lista de diputados bonaerenses el nombre de Victoria Tolosa Paz, pareja de Enrique Albistur, propietario del departamento de Puerto Madero en el que vivía sin pagar el alquiler antes de mudarse a Olivos. Como era de esperar no se trata sólo de un inquilino agradecido.

Los nombres de los candidatos no importan, porque lo que importa y lo que ya se está jugando es cómo será el período de transición 2021-2023 con una CFK en el papel de regente y Alberto Fernández camino a la jubilación.

En JxC también ya se juega la poselección. Frente al kirchnerismo conviven dos oposiciones: la confrontativa de Patricia Bullrich y la negociadora/imitativa de Horacio Rodríguez Larreta. La primera genera la reacción violenta del oficialismo, lo que atemoriza al votante moderado. La segunda lleva a un callejón sin salida, porque el kirchnerismo no negocia, impone.

Ante esta situación el alcalde porteño tiene dos caminos. El primero comenzó a transitarlo: dejó de cooperar con el populismo en materia de educación. Su problema, sin embargo, es que tiene una ideología por lo menos difusa.

El segundo consiste en ampliar la coalición de centro, lo que también ya empezó a hacer con resultado incierto. Subió al arca, por ejemplo, a especies tan distintas como López Murphy y Stolbizer.

Tener aliados incompatibles conspira contra la estabilidad y la confiabilidad de la coalición anti “K”. También puede hacer peligrar su acción conjunta en el Congreso. Pero el principal problema es de identidad. La oposición debe definir si representará el modelo opuesto o una variante reformista del populismo actualmente en el poder. Eso es lo que Rodríguez Larreta tiene que dejar claro en la campaña. En cambio, se entretiene con la interna por las candidaturas, un deporte en el que los radicales son maestros y se lo están demostrando.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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