Viernes, 30 Julio 2021 08:54

El enemigo de mi enemigo es mi amigo - Por Fernando González

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La campaña para las PASO empezó sangrienta. Rossi, entre Alberto y Cristina. Larreta y Santilli contra Manes y Morales.

A poco más de cuarenta días para las elecciones primarias, los candidatos coinciden en un solo punto. Quizás la mayoría de ellos no haya leído a Sun Tzu, pero casi todos utilizan una de sus máximas escritas en “El Arte de la Guerra” hace veinticinco siglos. “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar adonde vayas”.

Solo de esa manera se puede entender la agresividad con la que muchos de ellos acometen los primeros fuegos de la campaña. Alberto Fernández y Cristina Kirchner cuentan con la ventaja del liderazgo casi indiscutido de la Vicepresidenta y el verticalismo al que se encuentra sometido el resto del peronismo. Sin embargo, esa uniformidad obediente del Frente de Todos se quebró esta semana cuando el ministro de Defensa, Agustín Rossi, resistió la presión del kirchnerismo para que se bajara de la precandidatura a senador que promovía en Santa Fe, su provincia.

Rossi no es un recién llegado a la política ni es un extranjero en el kirchnerismo. Manejó con mano de hierro la jefatura del bloque K en la Cámara de Diputados y se arremangó varias veces para conseguir el quórum y los votos indispensables en muchas de las leyes clave que impulsaron Néstor Kirchner, y después Cristina. Por eso, sorprendió la rabia con la que, el miércoles por la noche, recibió la orden del Presidente para que renunciara al ministerio de Defensa porque insistía en competir en la interna del PJ santafesino contra el gobernador Omar Perotti y la senadora María Sacnum, elegida de la Vicepresidenta en una provincia donde jamás logró la hegemonía.

A Rossi le temblaban los labios mientras hablaba en el estudio de TN, frente al periodista Edgardo Alfano. “Pensé que los que se tenían que ir eran los funcionarios que no funcionan; no los que se presentan a pelear una candidatura”, escupió el ministro, que un rato antes vio por los monitores cómo el Presidente lo expulsaba de su cargo desde otro estudio de TV. “Me enteré por televisión”, explicó, dejando al descubierto el grado de confrontación subterránea que sobrevive en el oficialismo.

Claro que la crueldad en las internas partidarias no es patrimonio del Frente de Todos. La coalición opositora, ahora rebautizada “Juntos”, había publicitado una suerte de código de convivencia para la campaña. Y no es que duró poco. Jamás llegó a nacer. Facundo Manes, que siempre ha tenido un estilo verborrágico y pendenciero en sus apariciones como especialista del cerebro, debutó con una frase que corrió como dinamita en la opinión pública. “Que el PRO no utilice los fondos de los porteños para hacer campaña”, le disparó a su rival, Diego Santilli, apenas salido de la vicejefatura de la Ciudad para competir por una banca de diputado en la Provincia. Golpe al hígado que hizo las delicias del kirchnerismo.

La cosa no se detuvo allí. Le respondió Lilita Carrió, a quien no la asustan las paradas bravas. Lo acusó de mentiroso por haber dicho que alguna vez le había ofrecido una candidatura a vicepresidente y ya nadie pudo frenar el volcán en erupción. Manes juró que jamás había estado con Mauricio Macri ni con María Eugenia Vidal. Una verdad a medias, porque sí fue asesor ad honorem de la ex gobernadora y porque estuvo a punto de ser candidato a diputado en 2017, acompañando a los dos dirigentes de los que hoy abjura. La pregunta que ya se hacen muchos en la oposición es si el ganador de una interna sangrienta quedará en condiciones de retener todo el voto anti kirchnerista después de semejante batalla.

Esa preocupación no disminuyó al fragor del combate. Gerardo Morales sorprendió desde Jujuy para intentar meterlo a Horacio Rodríguez Larreta en la refriega. Se multiplican los memes burlándose de Manes en las redes sociales y todos se zambullen en las encuestas para ver cómo impacta cada puñalada en la popularidad del adversario con el que deberán abrazarse en apenas seis semanas.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo, es la consigna maquiavélica a la que se entregan casi todos para posicionarse bajo el abrigo cálido que solo ofrece la victoria. Una borrachera inoportuna mientras los muertos se acumulan de a miles en el país que nunca se detiene a observar sus propias miserias.

Fernando González

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