Domingo, 19 Septiembre 2021 06:39

Sainete de larga duración - Por Roberto García

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Al Presidente no le va la vida el próximo 14 de noviembre. A la Vice, sí. Al menos, quizás exponga su libertad. Una nueva derrota después de las últimas primarias provoca manifiesta zozobra en el Gobierno. Pero no es lo mismo que Alberto se hunda en el fango de la política a que Cristina naufrague en el bravío mar de tribunales.

Esa distinción separó el interés de uno por forzar cambios en el gabinete ipso facto, a cualquier precio y costo, del otro que pretendía estirar esas modificaciones hasta los próximos comicios (para no cambiar dos veces si volvemos a perder como el domingo pasado, recitó el varón desde Olivos). Son urgencias diferentes de la pareja, intereses personales. La viuda de Kirchner presionó por remociones varias culpando al mandatario y su entorno de la debacle electoral, como si ella y La Cámpora fueran desdichados inocentes que no tuvieron participación y dominio en la campaña. Un chiste de balneario.

En su pretensión, ella empuja para saldar una deuda moral con su familia, con su hija en particular, y que la Justicia no agilice hoy sus demorados procesos. “Cuando me fui de Cuba”, no pensaba estos tropiezos. De ahí que utilizó un procedimiento engañoso: ordenó presentar falsas renuncias a su prole política, como en el penoso caso de Wado que dimite con el nombre y no con el apellido, pero en el mismo trámite ni se le ocurrió incluir a tres personajes clave de la Administración: Carlos Zannini (Procuración del Tesoro), Mercedes Marcó del Pont (AFIP) ni Ricardo Nissen (Inspección General de Justicia). Gente allegada, de un modo u otro, a sus delicadas causas judiciales.

Retirar ministros, secretarios, cajas recaudadoras o alguna enfermera amiga, era una amenaza de baja intensidad: jamás pasó por su incendiaria testa que abandonaran los cargos funcionarios que son útiles a sus fines.

O sea que la rabieta contra Alberto no llegaba a tanto. Mas cuando advirtió que ya no podrá designar al jefe de los fiscales por supremacía en el Senado (otro gobierno sin procurador), que el Consejo de la Magistratura entrará en receso estival luego de las elecciones y que en Comodoro Py brindan con champagne, sidra y mezcladito.

El temor existencial de Cristina aguantó 48 horas, aunque hubo tensas escaramuzas al conocerse el resultado. Se corrió hasta Olivos el martes a la noche y, al concluir una crispada tertulia, se despachó con un insulto a Alberto. Con la familia no, replicó el Presidente y desde entonces se distanciaron aún más.

Un sainete de larga duración con cambios desprolijos y una vice que dijo haber propuesto como jefe de Gabinete al gobernador Manzur, alguien que la quiso retirar de la política hace más de un año y que ella tenía en el Index denunciando que la Justicia lo protegía y que, ella, no entendía cómo al menos no estaba procesado. No se le pueden negar conocimientos de ciertas causas.

En simultáneo con los nombres a modificar en el gabinete, también navegan las medidas para corregir la conducta electoral adversa, desde el reparto de dinero por medio del IFE a otros fuegos elementales que convierten a Cristina en una piromaníaca del gasto (justo la viuda de un amarrete como Néstor). Con el reticente Fernández, claro. Alguien sugirió regalar electrodomésticos en estos 60 dias que faltan, copiar lo que hizo en su momento Rodríguez Saá en San Luis, que le permitió revertir una pérdida de 20 puntos, tal vez obsequiar heladeras o lavarropas sea menos inflacionario que ponerle dinero en el bolsillo a la gente.

Lo que ahora parece un maquillaje de teatro vocacional en el gabinete, una parodia gatopardista de negativa amplificación, revela una falta de entrenamiento por parte de Cristina, con equívocos varios de difícil explicación.

Convirtió en prioridad una pelea cuerpo a cuerpo con un peso mosca, el portavoz Juan Pablo Biondi, como si fuera el Frigerio de Frondizi, un perverso ideólogo del mandatario, y a quien ella misma devaluó al decir que “no se le conoce la voz”. Una farsa transformada en escándalo: Biondi, como prensero, tuvo algún paso por la cercanía de Lázaro Báez (quien pagó la custodia y el templo de los restos de Néstor) y respondió en los últimos años a una familia dilecta de Cristina, los Granados (su amiga Dulce y los dos Alejandro), dueños del distrito de Ezeiza. Poco explicable la concentrada tirria de ella contra Biondi, su insinuación de que hasta podría revelar intimidades, como si Alberto en una guerra cierta no supiera de otras intimidades de la familia Kirchner para replicar.

Contradicción grave: el miércoles, Cristina se tomó la molestia de llamarlo a Martín Guzmán para decirle que no reclamaba su renuncia, mas bien que compartía su gestión. Finalmente, ella lo promovió a la cartera de Economìa por su devoción a Joseph Stiglitz, y el agradecido alumno del Nobel hasta viajó a Santa Cruz hace un par de meses para darle clases a la dama sobre lo que gestionaba en el Ministerio.

Al día siguiente del llamado, sin embargo, la vice publicó una famosa carta en la que detalla errores económicos cometidos por Guzmán, lo responsabiliza de la debacle electoral. Plagia, en su inquietante volatilidad, el grosero y revulsivo audio de la diputada Fernanda Vallejos cuestionando al “mequetrefe” de Alberto y a Guzmán por el trastorno de sus medidas. Curioso: hasta ese momento, la legisladora defendía el no programa por la televisión.

Pero Vallejos no renueva mandato, se la olvidaron en la lista, y debe pensar que por hacer turismo en el Instituto Patria merece un lugar en el Ministerio de Economía. Su cuestionable mensaje oral, en apariencia, lo dijo en el chat de un grupo y estaba dirigido –según dicen– a Pedro Biscay, ex director del Banco Central, un especialista huevero que encabezó una protesta con huestes de Quebracho arrojándole esos productos de granja al ex ministro Domingo Cavallo. Famoso el episodio. Luego lo echaron a Biscay del BCRA por discusiones subidas en el directorio y él denunció el caso como persecución y lesivo a la libertad de expresión: hubiera preferido asimilar huevos y no perder el cargo. 

Estos elementos previos complican a Guzmán cuando mañana se encuentre con empresarios de distintos rubros para explicarles el nuevo Presupuesto que, además de inconsistente, ahora exhibe la denigrante critica interna de Vallejos y Cristina, quienes lo han convertido en un hazmerreir frente a los operadores económicos. Paciente, el ministro confía en una superación pronta a su penuria: el momento en que Cristina y Alberto se vuelvan a presentar en público, fingiendo que nada ha pasado entre ellos, que son simplemente amigos. La cercana fecha del 14 de noviembre los obliga.

Roberto García

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