Lunes, 20 Septiembre 2021 08:33

La alianza oficialista colapsó en su segunda prueba electoral - Por Sergio Crivelli

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La derrota devolvió al peronismo al estado de naturaleza. La despiadada ofensiva que lanzó CFK sobre Fernández demolió la autoridad presidencial que ningún gabinete podrá ya restaurar.

Cuando el miércoles pasado Cristina Kirchner resolvió retirar a varios de sus subordinados del Gabinete soltó los perros de la guerra en el interior del gobierno con efectos demoledores sobre Alberto Fernández y la alianza gobernante. Hundió al Presidente en una crisis que lo expuso en toda su impotencia.

Después de un penoso tironeo que tuvo en vilo al país Fernández terminó entregando a hombres de confianza como el jefe de Gabinete y el vocero presidencial y rearmó su gobierno con los que no le rechazaron la oferta, siguiendo las indicaciones de la vice. Tras la derrota electoral, la rendición política. Todo en apenas cinco días.

La vice le había declarado la guerra para cobrarle la derrota a la que la sometió por su mala gestión. Ella es la principal socia de la coalición y la más perjudicada con la pérdida de votos. Los que desaparecieron fueron sus votos del conurbano, casi medio millón, que obraban como seguro ante un futuro judicial que vuelve a oscurecerse.

Se entiende así la furia del ataque y las gruesas descalificaciones (“mequetrefe”, “ocupa”) contra el Presidente de la diputada hiper K Fernanda Vallejos, que actuó como una suerte de subconsciente público de vice.

La batalla se libró a todo o nada, sin medir consecuencias y ante el estupor de una sociedad que tiene una capacidad inagotable para asombrarse de la violencia fáctica o simbólica que está en los genes del peronismo. Si vamos a ser llevados al matadero en noviembre, razonó la vice, no será dejando pasivamente que un Presidente obnubilado y chambón nos arrastre.

Vallejos describió al Presidente poco menos que como un parásito del poder. Destruyó su política económica y sanitaria con más efectividad que cualquier opositor. Y con más saña.

Por su parte, el Presidente intentó un simulacro de resistencia que se esfumó en 24 horas. La esperada rebelión peronista duró menos que el IFE en la caja del súper chino.

NUEVO GABINETE

Finalmente, nombró a Juan Manzur en la jefatura de Gabinete como reclamó la vice, Cafiero marchó al exilio en la Cancillería (con lo que demostró lo que le importa la política exterior) y a Sabina Frederic la reemplazó Aníbal Fernández, el Herminio Iglesias del siglo XXI. Una rendición incondicional.

Pero la guerra no termina ahí. En su carta abierta la vice acusó al gobierno de “ajustador”. Exhortó al Presidente a aumentar el déficit y el gasto electoral: la misma letra de Vallejos.

Fernández no entregó inicialmente al equipo económico. Innecesario señalar que esa decisión detonaría la frágil situación monetaria como se lo hicieron saber los mercados anteayer. El viernes el Banco Central debió vender 140 millones de dólares. En septiembre lleva vendidos 556 millones y desde el 26 de agosto, 905 millones. Las reservas pérdidas son 972 millones. La devaluación parece cada vez más cercana e inevitable.

El peronismo suele repetir una tautología: la única verdad es la realidad. Ahora puede agregar a su refranero otra sentencia irrefutable: el dólar nunca miente.

La diatriba de Vallejos fue pedagógica en varios sentidos, pero se destaca el tramo en el que demuele la coalición oficialista calificándola de Frankenstein. Opinó sobre los gobiernos de coalición: ``Un compañero me dijo el domingo siempre que se han hecho ensayos de laboratorios, estos engendros terminan resultando un monstruo; bueno este Frankenstein nos está devorando, pero bueno los gobiernos de coalición frente a fracasos como este cuando pierden la mayoría qué hacen: se van antes o dan de nuevo. Y acá había que armar un gobierno nuevo y tenía que ocurrir el lunes, pero bueno como no hay ningún tipo de previsión ni planificación, no te digo estratégica ni táctica, nada de eso ocurrió''.

La repulsa a lo que fue en verdad una idea de su jefa política considerada en 2019 como “genial” anticipa el futuro. Entregar el poder en comodato sirvió para ganar entonces, pero la situación cambió. El Frente de Todos tiene menos votos que la vice y debe tolerar dos “ocupas”, Fernández y Sergio Massa, que no aportan nada. Ergo, dejó de ser funcional.

Esta interpretación de la derrota augura un porvenir tormentoso al oficialismo. La vice no tomó distancia del Presidente, ni quiere con un salto al estilo Massa pasar a la oposición. Intenta preservar su capital político desligándose de un ajuste fiscal que, sin embargo, resulta imprescindible para evitar la híper. Pretendía que Fernández lo hiciera, pero Fernández lo demoró, provocando una catástrofe en su primer examen en las urnas. ¿Lo hará después del apriete? Esa es la matriz del conflicto; quién entre o salga del gabinete tiene apenas el valor de una anécdota.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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