Miércoles, 27 Octubre 2021 09:53

Del mensaje del “Sí” a las acusaciones de antipatria: el Gobierno da un giro peligroso de campaña - Por Eduardo Aulicino

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Al revés que la estrategia con sentido “positivo”, domina otra vez la idea de construir un enemigo. Y avanzar con un clima de batalla. Se anotan el llamativo aporte de Martín Guzmán, la invocación de Tolosa Paz a un “golpe blando” y la escalada de Feletti

De repente, al menos en público, cambia la estrella de la gestión: ya no es Juan Manzur como jefe del Gabinete rearmado luego de la caída en las Paso, sino Roberto Feletti, secretario de Comercio Interior, con puesta en escena y declaraciones duras sobre el control de precios. El discurso entonces da otro giro: la estrategia del “Sí” en la publicidad electoral es relegada de hecho por las advertencias para construir un enemigo antipatria. Vuelve la lectura reduccionista y la exposición de las tensiones de la interna. Hasta Martín Guzmán se lanza al ataque, con un mensaje seguramente llamativo para sus habituales interlocutores externos, pero viejo y peligroso en la política local.

No es un dato menor el contraste. La fisura fue reabierta por la escalada en los registros de inflación, lejos de sostener lo que se suponía como una tendencia descendiente aún con niveles altos. Por supuesto, los números registrados y las proyecciones produjeron un cimbronazo en pleno camino electoral. La reacción fue el congelamiento de precios y la repetición de la frustrada receta demandó entonces una defensa discursiva, que también es básica y repetida. Resultado: a la señal económica se le añadió un mensaje político inquietante, en blanco y negro, que apunta a cerrar filas y que vuelve a tensar el clima con sonidos de combate.

El oficialismo juega así al revés o en contradicción con la lectura, la letra y la estética que, según se dejó trascender antes del estreno de la campaña, expuso el consultor catalán Antoni Gutiérrez-Rubí en sucesivas reuniones con Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa. Ya con la publicidad lanzada, hubo además encuentros ampliados con dirigentes, intendentes y funcionarios. La idea -más allá de las posibles discusiones sobre su factura- fue motorizada por la necesidad de asimilar el golpe de la derrota en las primarias, de traducir el “mensaje de las urnas” y de volver a sintonizar incluso con los votantes considerados propios que emigraron o no votaron.

Esa sola consideración sobre el objetivo de reconectarse electoralmente sugería al menos una visión crítica sobre la gestión y la línea de campaña previa a las PASO. Las primarias fueron seguidas por la crisis de gabinete que provocó la ofensiva de CFK. La sucesión posterior de anuncios oficiales nació condicionada por el reduccionismo de suponer que la derrota fue una cuestión exclusivamente de “platita”, que sumó también como respuestas medidas de clientelismo explícito en algunas intendencias y provincias. Con todo, la expresión publicitaria del “Si” aparecía dirigida a “mostrar gestión” antes de pedir el voto de manera expresa.

Cuesta suponer que el registro inflacionario de septiembre y las perspectivas de octubre hayan tomado por sorpresa al Gobierno, al punto de tener que buscar en un par de días un reemplazante de Paula Español en la secretaría de Comercio Interior. En el círculo de la ex presidente abundaban los cuestionamientos y lo sectores mas duros, algunos hasta en los márgenes del oficialismo, demandaban cambios de nombre y de política. La designación de Feletti representó un movimiento que más allá de los efectos prácticos, en la coyuntura y en algunos meses, representa sectarización y búsqueda de un enemigo externo en el imaginario de evitar costos propios por la crisis. Los empresarios y la deuda, en este caso.

Medido por la imagen, Feletti aparece como pieza colocada por CFK y, por consiguiente, remite a la interna por ahora algo contenida a la espera de las elecciones. Pero además opaca el lugar asignado a Manzur -no por rango, naturalmente- sino como foco de gestión. Los precios y la pulseada por el congelamiento desequilibran el temario y, al mismo tiempo, alimentan el tono de confrontación como elemento saliente de campaña.

En esa dirección, se destacan otra vez cuestiones conceptuales, una matriz siempre inquietante, aunque también desteñida por la repetición. Todo otra vez en blanco y negro. Patria y antipatria, en primer lugar, junto con el presupuesto de la “representación” del pueblo -sin importar los resultados electorales- frente a los poderes fácticos, algunos de buena relación con el oficialismo.

Guzmán, en la mira del kirchnerismo duro, decidió endurecer su discurso público. Se puede especular con que lo hizo para atender el frente interno, sin atender a la lectura externa o con la creencia de revertirla en el mano a mano con sus interlocutores. En cualquier caso, por convicción o por conveniencia, expresó la peor ecuación, de eco histórico ominoso: acusó a la oposición de “antiargentina” y dijo que el Gobierno tiene un “contrato con el pueblo”.

Victoria Tolosa Paz sumó en la misma dirección. Dijo que Juntos por el Cambio trabaja para dar un “golpe blando”. Una liviandad al hablar de golpe, con un añadido de rigor: apuntó sin precisión alguna a sectores económicos y mediáticos. Nada nuevo. Del mismo modo, Guzmán dijo que se trataría de generar “incertidumbre”.

Son todos gestos destinados a cerrar filas. El interrogante es si se trata de algo más o menos planificado o es puro reflejo frente a un cuadro difícil. Nadie cree que la receta renovada por Feletti resuelva el problema de los precios. El clima de batalla asoma como un objetivo en sí mismo.

Eduardo Aulicino

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