Lunes, 29 Noviembre 2021 08:17

Agrava la interna del Gobierno la incertidumbre financiera - Por Sergio Crivelli

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El Presidente quiere ganar autonomía y toma distancia de la vice. Kulfas desautoriza a Feletti y con Manzur apoyaron a un intendente adversario de Máximo Kirchner. Coma financiero. 

Alberto Fernández no sólo dice que ganó las elecciones que perdió, sino que actúa como si las hubiera ganado y que la única derrotada hubiese sido Cristina Kirchner. Aprovecha el estupor generalizado que esto provoca para tomar distancia de la vice y enviar señales de moderación frente a desvaríos típicamente K como la pretensión de Roberto Feletti de aumentar las retenciones a la carne porque el control de precios que capitanea demostró por enésima vez que puede servir para cualquier cosa menos para controlar los precios. 

El episodio merece ser repasado porque ilustra el estado caótico de la cadena de mandos tras las elecciones de medio término. Feletti fue ubicado en la Secretaría de Comercio por exigencia de Cristina Kirchner tras la debacle de las PASO. La vice consideró a Alberto Fernández el gran responsable de esa derrota y le vació medio gabinete.

La semana pasada, en declaraciones al diario oficialista Página/12, Feletti amenazó apenas veladamente con aumentar las retenciones a las carnes si el precio seguía aumentando. De inmediato salió a cruzarlo Matías Kulfas, el ministro de Producción que sufrió incontables embates del cristinismo, pero sobrevivió en el cargo. Dijo que Feletti estaba "teorizando", que el Gobierno no había tomado "ninguna decisión" al respecto y terminó con un consejo para el secretario: pensar en voz alta no es lo más indicado.

Moraleja: el ministro no tiene autoridad sobre un inferior jerárquico por el delirante sistema de doble comando con que se maneja el Gobierno y debe zamarrearlo en público. Difícil generar más ruido político que interfiera con la economía.

Pero la vendetta de Kulfas no terminó ahí. Al día siguiente se reunió en Monte Grande con el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, y el jefe de Gabinete, Juan Manzur. Habían ido a la apertura de un modesto comercio. Gray, que desafió a Máximo Kirchner por el control del PJ bonaerense, se fotografió junto a Kulfas y Manzur blandiendo un serrucho. Kulfas empuñó un pico y Manzur, una pala. Los mensajes en Sicilia son más sutiles.

El Presidente se envalentona porque su vice guarda silencio o se muestra en las redes con senadoras que le son incondicionales. No se compromete con declaraciones, pero recuerda que tiene el control de la Cámara Alta. Después de las PASO salió a hablar y casi voltea al Gobierno; ahora manda a Eduardo de Pedro a declarar que el cristinismo está alineado con las negociaciones con el FMI, pero que esperan un acuerdo "respetable". No tiene muchas opciones; optó por cederle la iniciativa y el costo político al Presidente.

Pero hay otros funcionarios hiper K menos diplomáticos que De Pedro. Curiosamente son diplomáticos. Lanzan misiles con impacto pleno sobre el Presidente. No otro sentido tiene la asombrosa conducta del embajador Rafael Bielsa, de Ariel Basteiro o de Carlos Raimundi que Fernández no puede mandar a sus casas, porque son soldados del sector más radicalizado del kirchnerismo.

Pero los disparates en materia de política exterior que deterioran la imagen del país no son el único daño que produce la interna oficialista. El daño económico es cada vez mayor.

Los mercados muestran que las finanzas argentinas entraron en estado de coma. Las acciones de las empresas nacionales se derrumban, los bonos están a precio de default y el riesgo país superó cómodamente los 1.800 puntos.

Las reservas del Banco Central llegaron a un punto que la entidad tuvo que prohibir el financiamiento de pasajes y gastos turísticos con tarjeta de crédito. Se calcula que el ahorro por ese nuevo "cepo" ronda los 250 millones de dólares, lo que resulta un mal indicio sobre las reservas disponibles. Otro mal indicio fue el de obligar a los bancos a vender sus propios dólares para volcar unos 600 millones de dólares al sistema.

En este marco los vencimientos con el FMI están a la vuelta de la esquina. Los fondos de inversión y hasta los "buitres" se mantienen lejos de cualquier activo argentino, porque prevalece el pesimismo sobre la posibilidad de que el Gobierno unifique criterios para salir de la actual coyuntura.

La posición pública del Gobierno para acordar con el FMI es poco viable. Martín Guzmán dice que la economía crecerá lo suficiente como para no tener que bajar el gasto, pero su planteo es indigerible para el organismo.

La receta del FMI no es otra que la de la reducción del gasto y del déficit para empezar a pagar la deuda. De todas maneras, la traba principal para cualquier acuerdo es menos la diferencia sobre las proyecciones macro que la falta de credibilidad de un Presidente golpeado por la derrota electoral, la crisis económica y la falta de poder propio. Y que a esas calamidades suma ahora la del desafío a quien lo instaló en la Casa Rosada.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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