Miércoles, 08 Diciembre 2021 10:30

Harakiri radical - Por Sergio Crivelli

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En la jerga parlamentaria hay una expresión, "abrir una ventanilla", que describe la maniobra de romper un bloque numeroso para armar uno más chico, pero con poder de fuego a la hora de negociar con las bancadas mayoritarias. Un pequeño grupo que puede inclinar la votación hacia el lado del oficialismo o de la oposición. Generalmente lo hace hacia el del oficialismo, el único capaz de otorgar contraprestaciones en materia de recursos o nombramientos. 

Hay infinidad de ejemplos de estas jugadas. Ya en 1984 Vicente Saadi quebró la todopoderosa bancada del peronismo en el Senado para negociar con el gobierno de Raúl Alfonsín. 

La reciente ruptura del bloque de la UCR en la Cámara de Diputados reúne todas las características de este tipo de fenómenos, haya sido o no la intención de los sesionistas. Sobre Evolución sobrevuela la figura de Enrique Nosiglia y su vínculo con Sergio Massa, lo que fortalece las presunciones de pactismo. Además, ¿por qué van a beneficiarse de la nueva debilidad parlamentaria del gobierno unos pocos partidos de provincias o los peronistas disidentes?

Da especial sustento a la hipótesis de la "ventanilla" el hecho de que el 75% de los integrantes del nuevo subbloque radical se separó antes aún de haber ingresado a la Cámara. Sin haber siguiera ocupado sus bancas exigieron la conducción del bloque y como no la consiguieron armaron un bloque propio en lugar de acatar una vieja práctica democrática, la de que las decisiones en los poderes colegiados se toman por mayoría. Tres cuartos de los diputados de Evolución no estuvieron ni un segundo en el bloque UCR. Fueron a romper.

Para los radicales esta conducta de Martín Lousteau no es nueva porque ya va por la tercera negativa a integrarse a su bancada. Lo hizo en 2013 y en 2017. La novedad reside en que después de que JxC derrotó al kirchnerismo por diez puntos varias de sus principales figuras aspiran a la candidatura presidencial en 2023 y la ruptura del bloque los debilita. Por eso se sentaron a hablar con Lousteau y terminaron a los manotazos.

Con una rapidez llamativa el PRO intentó capitalizar la situación con una foto de unidad. Halcones y palomas se juntaron para mostrar que no son un conventillo mediático, pero la conducta de Lousteau afecta a todo el frente opositor y es funcional al gobierno.

Le quita credibilidad a JxC, exhibe a sus integrantes peleándose por posiciones de mínimo poder y los identifica con la "casta", la corporación política que sólo se preocupa de sus intereses y vive ajena a las necesidades de los votantes. Pero sin duda el más golpeado es el radicalismo, que se ha hecho un harakiri político apenas recuperado parte de su caudal electoral. Otra vez los sectores afines al peronismo le quitaron el perfil opositor que le reclaman sus votantes y que el PRO les ha arrebatado. No tienen ni líder, ni proyecto a mediano plazo y por ese camino seguirán siendo el furgón de cola del macrismo.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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