Miércoles, 09 Febrero 2022 08:15

Contorsiones - Por Sergio Crivelli

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A la hora de pagar el costo político que involucra la toma de decisiones, el peronismo se ha dividido en dos bandos, el de la Vice y el del Presidente, que se mandan mensajes por los medios con alegatos insólitos, verdaderas cumbres de surrealismo. 

El bando del Presidente quiere coparticipar el daño electoral que puede causar el acuerdo con el FMI; el de la Vice se revuelve para evitarlo, pero si consiguiera zafar, el presidente quedaría tan huérfano de apoyo que no se sabe cuánto puede durar en el cargo. 

Ambas partes tratan de justificar su posición con argumentos insólitos. Los camporistas hablan de su "pureza ideológica", mientras se aferran a las cajas. Los "albertistas" hablan de que por fin el presidente abandonó su "dogmatismo" al aceptar un plan de ajuste. Llaman "dogmático" a alguien que dice a sus interlocutores lo que quieren oír y pega más saltos que Massa.

Los medios reproducen estos despropósitos con el corazón ligero. Copian sin inmutarse el argumento camporista de que el acuerdo con el FMI fue una maniobra maquiavélica de Martín Guzmán de la que se enteraron demasiado tarde. El famoso "hemosidoengañado", que deja sólo dos opciones: o los camporistas pasaron los dos últimos años en Cancún o se burlan de los amanuenses que reproducen sus "bajadas de línea" y se las infieren impunemente a los lectores.

En resumen, después de dos años de ignorar la crisis, ambas facciones apelan a estas contorsiones porque todavía creen posible zafar del castigo electoral. Creen que echarle la culpa a un tercero los inmunizará de la derrota. Carecen además de estrategia para resolver la gravísima situación creada por el agotamiento de las reservas, pero, eso sí, "sarasa" de campaña no les falta nunca. Confían en últimas instancias en sus votantes más fieles (¿20-25% del padrón?), dispuestos una y otra vez a olvidar las amargas experiencias del populismo.

A esto hay que agregar que la división del oficialismo impactó en la oposición, en la que se han formado también dos bandos: el de los que quieren aprobar el ajuste en el Congreso y los que opinan que esa es obligación exclusiva de la coalición gobernante.

El dilema que sería insólito en cualquier lugar del planeta (que la oposición esté "obligada" a votar un ajuste fiscal) muestra que en Juntos por el Cambio escasean los partidarios de un cambio real, pero sobran los amigos del peronismo y de la solidaridad con la corporación política. También que les llegó la hora de definir un liderazgo y un camino. La hora de terminar con la propia sarasa. Sus votantes no se resignan ante las amargas experiencias populistas.

ULTIMA INSTANCIA

En este trance deberían considerar dos cosas. Una, que cualquier estrategia racional debe evitar tanto el colaboracionismo como el obstruccionismo. Su obligación es apoyar la gobernabilidad, no asociarse al desastre generado por el gobierno. Otra, que cualquiera sea el compromiso que asuma Fernández, es improbable que lo cumpla, lo que hace en última instancia que toda la discusión sea teórica.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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