Lunes, 14 Febrero 2022 08:48

Fernández dedicado “full time" a repartir el costo del ajuste - Por Sergio Crivelli

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La agenda del presidente se limita a comprometer en el ajuste al kirchnerismo y a la oposición. Se desentendió de la gestión de problemas prioritarios como la inflación y la inseguridad. 

La gestión Fernández continúa paralizada frente a las principales preocupaciones sociales que señalan todas las encuestas: el aumento constante de los precios y la violencia delictiva. La inflación de enero, que se conocerá en los próximos días estará otra vez muy cercana al 4% y los especialistas vaticinan que alcanzará el 60% en el año. Los delitos contra la vida y la propiedad, en tanto, siguen enrojeciendo la crónica policial, mientras los funcionarios del área intercambian agresiones por los medios como única respuesta. 

En este marco el presidente dedica todos sus esfuerzos a comprometer al oficialismo y la oposición en la reducción del gasto público que exige el FMI. Esa maniobra que inicialmente generó preocupación por su impacto sobre la gobernabilidad terminó resultando exitosa: silenció a Cristina Kirchner. Al mismo tiempo parece haberlo fortalecido en dos frentes: el de la opinión pública (ver Visto y Oído) y el de la interna del peronismo.

Ratifican este fenómeno no sólo algunas encuestas, sin también los primeros tanteos en el Congreso para aprobar el eventual acuerdo con el Fondo. El Frente de Todos tiene 118 diputados, de los cuales menos de una cuarta parte responden a la Cámpora. Sobre el resto tienen influencia tanto los gobernadores como el instinto de supervivencia. La cesación de pagos convertiría al país en un paria financiero y le generaría dificultades en el comercio exterior sobre el que todos los economistas alertan. El daño sería grave.

Conclusión: el “cristinismo” está quedando aislado. Es la primera minoría de la coalición gobernante, pero la probabilidad de que el acuerdo sea aprobado parece alta. Hasta los sectores que anuncian que votarán en contra como la izquierda trotskista y el libertario Javier Milei, adelantaron que prestarán quórum.

En los bloques e interbloques “no alineados” está prevaleciendo también la idea de no obstruir las decisiones del presidente. En el Interbloque Federal, de ocho miembros, los tres cordobeses de Schiaretti votarán en contra, pero darán quórum, mientras los tres bonaerenses y los dos santafecinos esperan ver el texto definitivo para opinar.

Otro tanto ocurre con los diputados Espert y Piparo, en tanto los cuatro de Provincias Unidas (dos de Río Negro y dos de Misiones) son aliados frecuentes del Ejecutivo. Algo similar ocurre con la mayoría de los gobernadores peronistas y con dos radicales, los de Corrientes y Jujuy.

En el caso de estos últimos deberán coordinar su postura con la de Juntos por el Cambio, que ya dio las primeras señales de su disposición a no bloquear el trámite parlamentario del entendimiento.

La mayor paradoja es que el gobierno exige el apoyo de Juntos por el Cambio a algo que de acuerdo con la experiencia histórica es causa de segura de derrota electoral. En rigor, se trata de una paradoja doble: la actitud imperativa del oficialismo y la vocación de los opositores a ceder.

En ese sentido la actitud del presidente respecto de la oposición doméstica no se diferencia de la que exhibe frente a los Estados Unidos: les pide ayuda y después los cubre de reproches. En la pelea interna esa excentricidad no tiene mayor relevancia, pero en las relaciones internacionales las consecuencias tarde o temprano serán negativas. Dañan de manera irreparable la credibilidad y muestran un gobierno sin rumbo y quebrado.

En tanto la jugada para dañar electoralmente a quien se perfila como el candidato con más chances para 2023, Horacio Rodríguez Larreta, es rudimentaria, pero funciona. Después de haberle recortado fondos multimillonarios, Fernández anunció que le traspasará líneas de transporte público para que se haga cargo de subsidiarlas o aumente el valor del pasaje. También recortará subsidios a la electricidad en algunos barrios de CABA, donde abundan los votantes de Juntos por el Cambio y el peronismo pierde por paliza. Todo esto mientras le reclama que vote el acuerdo con el Fondo.

En la práctica el alcalde porteño se encuentra entre tres fuegos: el del gobierno, el del ala más intransigente del macrismo y el de los votantes a quienes tendrá que subir impuestos y tarifas, si finalmente los anuncios del gobierno se transforman en hechos, lo que por ahora parece poco probable.

A esta altura ya no puede evitar el enfrentamiento con el peronismo, algo a lo que se resistió y que sus adversarios anti K aprovecharon en la interna. Al final los “halcones” tenían razón: no es posible pactar con una fuerza populista, arrinconada y sin líder. En ese contexto cualquier “diálogo” no pasa de una ficción. En resumen, el “dialoguismo” lo desgastó; sólo resultó funcional para Alberto Fernández, que cada vez lo hostiga con más fuerza, y para sus adversarios de la interna opositora.

Sergio Crivelli
Twitter:  @CrivelliSergio

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