Lunes, 02 Mayo 2022 10:21

El fracaso económico anarquiza a oficialismo y oposición - Por Sergio Crivelli

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Cristina Kirchner ataca a Guzmán. Los gobernadores del PJ viajan a Israel y los senadores nacionales a Tucumán. JxC: el “escrache” a Morales y la revancha de las “palomas” con Milei. 

La larga agonía del modelo “K” está desordenando la política en forma inédita. En primer lugar, partió al gobierno. Cristina Kirchner, principal responsable de la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada, se desentendió de él y formó un gobierno propio con sede en el Senado y agenda propia. 

No hay antecedentes de que tras una crisis política de esta magnitud haya podido evitarse la crisis institucional. Sin embargo, presidente y vice coexisten ignorándose sin que uno de los dos se tenga que ir a su casa.

La principal razón de esta rareza, por paradójico que suene, es la monumental crisis económica. El gobierno va por un desfiladero: de un lado tiene una inflación que está a centímetros de desbocarse y del otro una recesión homérica como única salida para evitar la hiper.

Nadie quiere hacerse cargo de esta situación que se agrava sin pausa desde hace casi tres años. Menos que nadie la vice que manda torpedear por los medios a Martín Guzmán, pero que no piensa heredar el desastre y menos aún buscarle un reemplazante al ministro.

Decir que quienes quieren voltear a Guzmán evalúan sustituirlo por un funcionario de cuarta fila como Augusto Costa es admitir indirectamente que no quieren sacarle la papa caliente de las manos a Fernández, sólo limarlo. Le pegan porque creen que así pueden aparecer como opositores. Estas estrafalarias contorsiones son hijas de la anarquía política.

El presidente, por su parte, defiende a Guzmán porque entregarlo sería perder por completo el control del gobierno. Se convertiría en un Parrilli o en un Larroque con banda y bastón; en el repetidor de un libreto que escribe la vice.

Pero la muestra más clara del desorden en el que hoy se desenvuelve el peronismo la dieron sendas excursiones de gobernadores y senadores peronistas. Los gobernadores planean separar las elecciones provinciales de las presidenciales. Intentan así recibir el menor impacto posible del voto castigo que ven cernirse sobre el presidente. Hicieron punta con esta estrategia Catamarca y Tucumán y ocho mandatarios provinciales del PJ viajaron con Eduardo de Pedro a Israel en lo que tuvo todo el aspecto de la gira internacional de un candidato “K” a presidente (ver Visto y Oído).

Dieciocho senadores, entretanto, viajaron a Tucumán para entrevistarse con el gobernador Osvaldo Jaldo. Alegaron un súbito acceso de “federalismo”, pero en realidad fue una movida para desplazar a Juan Manzur de la tarea de enlace entre Alberto Fernández y los gobernadores.

La idea la promovió curiosamente un senador no “K”, Eduardo Kueider, pero se la apropiaron al vuelo los operadores de Cristina Kirchner José Mayans, Anabel Fernández Sagasti y Juliana Di Tullio. Como diría esta última “no fue magia”, pero la vice se quedó con la iniciativa de mandar su escuadra de senadores al interior. Puesto, en otros términos, el cristinismo intenta disputarle los aparatos distritales al presidente.

En la oposición, en tanto, hay un desorden y un ánimo beligerante similar al del peronismo, pero no a causa de la economía, sino de la falta de liderazgo. La batalla se libra también por los medios lo que aumenta el caos, aunque cada vez se percibe con más claridad la existencia de dos bandos: el del PRO y el de la “rosca” entre los radicales que quieren arreglar con el peronismo.

A este último pertenece Gerardo Morales que apareció en versiones periodísticas tejiendo un acuerdo con Sergio Massa para apoyar leyes trabadas en la Cámara de Diputados que beneficiarían a Cristina Kirchner. Morales negó las versiones, pero el daño ya estaba hecho. Primero, porque su credibilidad es mínima. Segundo, porque como buen alfonsinista su afinidad con el peronismo es perfecta. Tercero, porque los legisladores que le responden han votado más de una vez junto al kirchnerismo y cuarto porque, al igual que los “K”, no quiere que vuelva Mauricio Macri. Tiene todas las condiciones para ser un pactista de Olivos de segunda generación.

No pudo establecerse quién fue el responsable de la filtración, pero lo que se sabe más allá de toda duda es que lo sacó de la cancha y fortaleció a Macri y a los sectores más antiperonistas de JxC. También que descolocó el narcisismo de Elisa Carrió que había empezado a atacar al ex presidente y tuvo que guardar un prudente silencio táctico.

La respuesta de las “palomas” no se demoró; exigieron la excomunión pública de Javier Milei. Un verdadero despropósito por dos motivos. Primero le aumentaron (gratis) el volumen político; segundo, se automutilaron sin necesidad. Los mismo radicales que en 2015 juraban “mi límite es Macri” tuvieron que tragarse el sapo de ir debajo de él en las boletas para conseguir un cargo o una banca. Si el año próximo Milei mide 30%, habrá que ver si les dura el escozor ideológico.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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