Miércoles, 11 Mayo 2022 09:23

Ah, pero Alberto - Por Sergio Crivelli

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El Gobierno está paralizado, la oposición también, Cristina Kirchner, no. Tiene plan, estrategia, objetivo y nuevo enemigo. Esto último es indispensable para su concepción partisana de la política. Ni ella, ni Néstor Kirchner podían construir poder sin confrontar. Néstor conocía el oficio y elegía adversarios débiles. Por ejemplo, los militares octogenarios del Proceso. Su sucesora se equivocó y eligió a los combativos chacareros aportantes de dólares. El error le costó su primera derrota. Pero aprendió y ahora eligió uno impotente. 

Hoy su enemigo es Alberto Fernández que ha desplazado a Mauricio Macri del papel de chivo expiatorio, de responsable de todos los males. A dos años y medio de haber asumido el gobierno ya resultaba evidente que culpar a Macri de la presente calamidad no cerraba; que este 60% de inflación anual no se le puede atribuir a Dujovne o a Lacunza. 

Ante la derrota que se le acerca, la vice resolvió entonces ubicarse en medio del escenario, tomar la iniciativa y arrancar con la campaña 2023. Marcó a su nuevo adversario con los estigmas más infamantes: la entrega al FMI, el ajuste fiscal y la "traición" al proyecto nac & pop.

El planteo podrá parecer primitivo, inverosímil o hasta absurdo, pero es su estrategia para desentenderse del gobierno cuyo presidente eligió. No parece tarea sencilla, pero el núcleo de sus seguidores está dispuesto a creer eso y mucho más, porque su ideología consiste de un 99% de fe y de un 1% de ideas. Ella, por su parte, continúa con su prédica populista que no tiene la incómoda necesidad de convertir en hechos, porque el que gestiona es otro.

Elegido enemigo, plan y estrategia, se ha puesto como objetivo no sólo llegar a 2023 como parte de la oposición, sino también armar a voluntad las listas de candidatos y definir los distritos en los que planea atrincherarse. Para empuñar la birome sin molestias no tiene que quedar nada de Alberto Fernández que, insólitamente, se ha vuelto un apóstol de las PASO.

Créase o no Alberto Fernández le hace el juego a la vice. Le facilita la fuga hacia la oposición. Manda a Guzmán a responder sus ataques con una lógica económica que hace rugir a los populistas: objeta los subsidios a la energía y el déficit fiscal. En suma, se comporta como un "neoliberal" cualquiera, aunque porte el sello de calidad de Stiglitz.

El debate sobre planes económicos resulta de todas maneras fútil. El voto de Cristina Kirchner y del peronismo en sentido amplio es, como se ha señalado, fideístico. Ella y Alberto Fernández ganaron las presidenciales de 2019 con el 48,22% de los votos. Daniel Scioli perdió las de 2015 con el 48,66%. Las circunstancias eran distintas, el voto populista, invariable. Con eso cuenta la vice mientras planea su campaña con una sonrisa de optimismo.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

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