Viernes, 20 Mayo 2022 09:26

Los extremos y el retorno de la avenida del medio - Por Jorge Raventos

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Alberto Fernández cerrará, como orador, un acto organizado para respaldarlo. El apoyo le llega desde el movimiento obrero, específicamente desde el gremio de la construcción que conduce Gerardo Martínez, una organización que recuperó asociados en los dos últimos años (porque la actividad se reanimó significativamente) y hoy se apoya sobre el segundo padrón de afiliados del movimiento sindical.

Martínez está satisfecho con la paritaria: obtuvo un 62 % de aumento y una semana atrás le respondió implícita pero ásperamente a la señora de Kirchner (que había aplaudido al dirigente bancario filokirchnerista Sergio Palazzo por haber conseguido un 60 % en las negociaciones de su sector). "Sabemos cómo negociar con nuestro gremio y con los empresarios del sector. Yo no necesito que ningún político me venga a enseñar a cómo debo cerrar mis paritarias, ni indicarme qué porcentaje debo acordar'', había dicho Martínez. Y avisó: "Nosotros apoyamos las paritarias y esta CGT acompaña y respalda al Presidente''. 

La reunión se llevará a cabo en uno de los campos deportivos de la Unión Obrera de la Construcción, en Esteban Echeverría, un territorio gobernado por Fernando Grey, el intendente peronista del conurbano más enfrentado con el kirchnerismo (específicamente con Máximo Kirchner, cuyo aterrizaje en la conducción del PJ bonaerense ha cuestionado política y judicialmente). En ese contexto, el acto de hoy es fácilmente interpretable como un capítulo más del intenso pulso que se libra en la interna del oficialismo y, en ese sentido, Fernández tiene motivos para sentirse satisfecho y sostenido.  Pero también vale la pena mirar la jugada con una perspectiva más amplia y menos complaciente:  la movida de Martínez indica la preocupación con la que las mayores organizaciones sindicales observan el paulatino debilitamiento de la figura presidencial (y del gobierno, en general), los riesgos que sus vacilaciones y zigzagueos imponen a la gobernabilidad y el creciente peligro de crisis  mayores y penosos retrocesos.

Esa inquietud atraviesa actualmente, con diferentes intensidades y distintas perspectivas, a la mayor parte de lo que a veces se define como "clase dirigente". Hay quienes temen que una situación signada por una inflación descontrolada, un sistema de poder disgregado y obturado y una sociedad sofocada por la decadencia y la inseguridad pueda desembocar en algún estallido y una crisis institucional grave. Otros se consuelan con la idea de que, aunque graves, los desequilibrios y tensiones terminarán canalizándose a través de los mecanismos electorales (primarias abiertas y comicios generales), actitud que apuesta con optimismo a la paciencia social y a la elasticidad de los factores económicos y políticos que es preciso articular (encoger subsidios, achicar el déficit fiscal, aliviar la carga impositiva, estimular la inversión y las exportaciones, evitar el retraso de salarios y jubilaciones, etc.). 

Optimismo panglossiano

La mayoría de las fuerzas políticas, por inclinación natural, actúan orientadas en principio hacia el encuadre electoral, aunque algunas declaraciones coqueteen con la hipótesis del estallido y aunque algunos dirigentes prefieran in pectore que sobrevenga una crisis de proporciones, a partir de la cual se faciliten las "reformas profundas" que suelen reclamar.

Dentro de las principales fuerzas políticas se perfilan tendencias muy marcadas -sea por derecha o por izquierda-, de acuerdo a la drasticidad o gradualismo de las medidas que enarbolan. En el oficialismo, detrás de la señora de Kirchner se agrupan sectores partidarios de un creciente intervencionismo estatal, del incremento de la presión impositiva, partidarios de un verticalismo distribucionista indiferente a las cuestiones de equilibrio fiscal, y, de hecho, a la inflación. En la oposición, “los halcones" que se referencian principalmente en Mauricio Macri y Patricia Bullrich, abjuran del gradualismo (Bullrich preconiza un “cambio profundo, valiente", Macri privilegia el "cambio" sobre el "juntos", una manera de alertar sobre los compromisos que imponen las alianzas: alusión al progresismo radical y también a  la búsqueda de Horacio Rodríguez Larreta de una "coalición del 70 por ciento").

La radicalización de esos dos liderazgos enfrentados (CFK "por izquierda"-MM "por derecha") coincide con la circunstancia de que ambos, según la mayoría de los estudios demoscópicos, cuentan con una notable opinión negativa en la sociedad y suscita en sus respectivas coaliciones tendencias centrífugas.

Entre el AMBA y el interior

En el peronismo, más allá de los arrestos de "empoderamiento" de Alberto Fernández y de los globos de ensayo sobre su propia candidatura, vuelve a encenderse la llama de la "tercera vía". Esta semana el cordobesista

Juan Schiaretti se animó a hacer dos incursiones importantes en el terreno de la política nacional: fue orador ante la Fundación Mediterránea (el principal think tank   y círculo de influencia del empresariado del interior, con eje en Córdoba, la más avanzada provincia agroindustrial del país) y en el ciclo Democracia y desarrollo, organizado por el diario Clarín, en la ciudad de Buenos Aires.

Schiaretti no quiso jugar nacionalmente en 2019: privilegió la consolidación de su fuerza en la provincia, objetivo que cumplió plenamente, conquistando no sólo el gobierno provincial sino triunfando además en la ciudad capital, imponiendo como intendente a su favorito, Juan Llaryora. Pero ahora Schiaretti no tiene opción a ser reelegido (no lo permite la constitución cordobesa; el candidato a sucederlo será, precisamente, Llaryora) y el gobernador se ve impulsado a una jugada nacional.   "Hay que generar algo superador de los dos polos de la grieta para que el país salga adelante -dijo en el escenario dispuesto por Clarín-. Las dos grandes coaliciones tienen una mirada desde el AMBA, el interior productivo está fuera y el país, pese a tener constitución federal, es unitario". Abundó sobre el tema de la polarización extrema:

"De la grieta, como de los laberintos, se sale por arriba. Está claro que los dos polos no son la solución, pueden hasta ganar las elecciones, se mantienen, pero no van a conseguir resolver los problemas del país sin consensos". Esbozó también su visión sobre la economía, apelando a una frase acuñada por el socialdemócrata alemán Willy Brandt más de medio siglo atrás: "'Tiene que haber tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario". Una manera sintética de dibujar una diagonal entre los fanáticos del intervencionismo y los de "la mano invisible" del mercado.

Expresión de Córdoba y de la potente región Centro del país, el corredor productivo más fuerte y moderno de la Argentina, la presencia de Schiaretti en el campo de juego de la política nacional introduciría un factor de peso. Su mirada sobre la necesidad de consensos converge con otras, de figuras importantes de distintas fuerzas, y puede ser clave tanto en la construcción de alguna oferta electoral diferenciada de la grieta que inmoviliza como, si la ingobernabilidad pasa de la potencia al acto, en la urdimbre de acuerdos básicos para salir de una crisis. 

Jorge Raventos

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