Domingo, 17 Julio 2022 02:33

Cristina Kirchner ensaya ahora un gobierno en las sombras - Por Sergio Crivelli

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Sus ataques públicos a Fernández agravaron la crisis y sumaron al deterioro económico la pérdida de autoridad del presidente. Por eso abandonó las arengas y concurrió en secreto a Olivos 

Si se mide en términos de poder, el actual gobierno va por su tercera etapa. En la primera Alberto Fernández controló la mayor parte del gabinete y exhibió una relativa autonomía. La segunda comenzó con la derrota en las PASO y la poda de medio elenco ministerial. Casi un año más tarde terminó con la renuncia de Martín Guzmán al no poder remover funcionarios de Energía que le responden a la vice. Fue una etapa de creciente distanciamiento y de críticas constantes en la que cada arenga de Cristina Kirchner era un clavo más en el ataúd político de Fernández. 

La retirada de Guzmán abrió una nueva etapa: la de la intervención apenas camuflada de Cristina Kirchner en la gestión. Silvina Batakis llegó a Economía porque obtuvo su visto bueno. Fernández, que durante meses no había hablado con ella, se tuvo que rendir incondicionalmente.

La estrategia de la vice que en 2019 permitió al peronismo volver a la Casa Rosada fue descabellada desde el principio. La idea de un testaferro o intermediario para ejercer el poder colapsó por inviable. Tardaron más de dos años y una crisis monumental para advertirlo.

De todas maneras, la vice no aprobó las medidas de Batakis, ni se comprometió con ellas públicamente, lo que generó dudas sobre el real respaldo con que cuenta la nueva ministra. Esa confusión resultó otro factor decisivo para profundizar la crisis.

En su debut la ministra anunció una restricción del gasto público mayor que la diseñada por Guzmán y prometió honrar el acuerdo con el FMI. Eso ocurrió el lunes. La respuesta del kirchnerismo fue el silencio.

En respuesta los mercados escalaron el dólar. Trascendió entonces que la vice había estado el miércoles, 48 horas después del anuncio de la ministra, con Fernández y Sergio Massa en Olivos. La información fue confirmada por la propia vice.

¿De qué podía hablar la cúpula del gobierno a puertas cerrada en momentos que el dólar subía $20 en cinco días y rozaba los $300, sino de la corrida cambiaria?  Al reconocer la reunión la vice admitió que audita la gestión de Fernández y que su silencio significa por lo menos aquiescencia respecto del ajuste. Al menos por ahora. Que ese ajuste se lleve finalmente a la práctica es otra cuestión.

En resumen, el debilitamiento del presidente tuvo dos consecuencias. La primera es que debió abandonar cualquier intento de autonomía y someterse a la voluntad de CFK. La segunda, que la vice debió suspender sus ataques y comprometerse en la gestión para evitar un derrumbe que la llevaría a la primera línea de fuego.

Créase o no, sigue confiando en que el costo del ajuste lo pague Fernández y esperando retener parte del voto populista si manipula exitosamente al gobierno detrás de bambalinas.

Lo que podría sonar absurdo según la lógica convencional, no lo es para la lógica política, terreno en el que suele predominar el voluntarismo sobre la razón. Llevado al extremo este planteo, Fernández se vería reducido a una especie de jefe de gabinete, cargo más acorde con sus habilidades. Funcionaría además como pararrayos para todas las desgracias a las que tendrá que sobrevivir el peronismo si pretende llegar a diciembre de 2023 en funciones.

Si Cristina Kirchner lo hubiese seguido machacando difícilmente hubiera podido terminar su mandato, aunque su vocera asegurase día por medio que estaba “en control del país”. Y en ese caso la vice se habría visto obligada a ocupar el sillón de Rivadavia cada vez más parecido a una silla eléctrica.

De todos modos, el eclipse de Fernández y la aparición de Batakis dejaron abiertas un par de incógnitas. La primera es si la ministra podrá hacer el ajuste que se le negó a Guzmán. La segunda, si Cristina Kirchner podrá guiar el gobierno desde un segundo plano sin dañar su futuro electoral y su autoridad.

En realidad, la vice enfrenta problemas que no está en condiciones de resolver. Uno es la magnitud de la crisis. En junio la inflación fue del 5,3% y la anual del 64%. Julio viene peor. En la primera quincena de julio la emisión fue de 140 mil millones de pesos y el déficit primario de junio fue de 664 mil millones. Son pruebas palpables de que no hay ajuste y de que el segundo semestre las turbulencias pueden aumentar.

El otro problema es la pérdida de liderazgo que le acarrea su identificación con el gobierno por hacer ahora exactamente lo contrario de lo que venía haciendo desde las PASO. La pérdida de rumbo de Fernández resultó contagiosa. El oficialismo está en desbande como lo demuestran las movilizaciones de piqueteros y sindicalistas. Para CFK permanecer junto a Fernández es malo, pero dejarlo caer podría resultar peor. Ese es su dilema en medio de la confusión, la crisis económica y la anarquía oficialista.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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