Lunes, 10 Octubre 2022 08:21

Milei es la nueva amenaza para un peronismo que no para de caer - Por Fernando González

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La violencia y la inflación hunden más a Alberto y a Cristina, que hasta temen quedar afuera del ballotage. El libertario se acerca a Vox en España, y será candidato a presidente en todo el país 

Cuando la caída es en picada, las sorpresas pueden aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar. Es lo que le pasó al peronismo esta semana en la Asamblea de Madrid. Fue cuando hablaba Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de la capital española, una halcona madrileña de 42 años que es una de las estrellas políticas de la oposición al socialista Pedro Sánchez. Vehemente, punzante, la mujer venía sacudiendo al gobierno de izquierda por las subas recurrentes de impuestos. 

- Es el gobierno que primero crea la pobreza para luego crear la dependencia del Estado. Le quitan el dinero a la gente para luego, como hacen los peronistas, repartirlo en pagas, en ayudas, en subsidios -, atacó Díaz Ayuso, usando el término peronismo como sinónimo de “populismo fiscal”.

Por si a alguno no le había quedado claro, la presidenta de la Comunidad de Madrid reafirmó el concepto en su poderosa cuenta de Twitter, un estilete digital de 830.000 seguidores.

- Me niego a que el peronismo arruine el motor económico de España -, escribió Díaz Ayuso, y la onda expansiva llegó de inmediato a la Argentina, y al resto del planeta, con la velocidad algorítmica de las redes sociales.

El que el peronismo vive otro momento dramático de su historia forjada en sobresaltos. Alguna vez había sido un símbolo político de redistribución social y en 1947, cuando Eva Perón viajó a la España de posguerra acompañada de un barco lleno de trigo para colaborar en la desgracia ajena, también representaba la imagen de la prosperidad. La del país con un futuro sin techo.

Pero en este tiempo, estando al frente del gobierno en caída libre de Alberto Fernández, el peronismo se ha convertido en un término despectivo que se arrojan unos a otros los dirigentes políticos de otros países. “Como hacen los peronistas”, escupió Díaz Ayuso, para asustar a sus compatriotas con el ejemplo del país híper endeudado, el que va a pasar este año el 100% de inflación y el 40% de pobreza, y el que despilfarra una riqueza que hace muchos años dejó de tener. Como decía Shakespeare, “cuando llega la desgracia, nunca viene sola, sino en batallones”.

Basta con evaluar el desconcierto de los últimos días para tener una idea de la profundidad de la crisis, y de la magnitud del desgobierno que van consolidando el Presidente y el peronismo acovachado en el Frente de Todos. Elizabeth Gómez Alcorta, quizás la funcionaria con el coeficiente más pobre en la ecuación que contrasta eficacia y presupuesto oficial, se les fue del gobierno denunciando la represión de los grupos que utilizan el escudo mapuche para ocupar fincas, casas, terrenos y hasta un predio del Obispado de San Isidro en el bosque de Villa Mascardi.

Gómez Alcorta fue otra de las apuestas fallidas de Alberto Fernández. Había sido abogada defensora de la activista Milagro Sala, hoy presa por violencia y corrupción en Jujuy, y de Facundo Jones Huala, quien maneja una de las franquicias mapuches y permanece prófugo de la justicia chilena. Pero, ante el primer simulacro de desalojo que intentó el Gobierno en las cuarenta hectáreas tomadas en una de las zonas más bellas y turísticas de la Patagonia, prefirió abandonar una gestión que ni siquiera defendía el kirchnerismo. “Eli se quería ir hacía tiempo y se rajó apenas le abrimos la puerta”, se resignan en la Casa Rosada.

La represión denunciada por la abogada ni siquiera fue represión. Diego Frutos, presidente de la Liga Vecinal de Villa Mascardi y dueño de la finca La Cristalina, cuenta decepcionado como fue el operativo sorpresa. “Quienes se escaparon ya sabían que venía el operativo de desalojo. Es más, ya había muchos en la montaña. Unos pocos se quedaron con las mujeres que fueron apresadas. Y en el momento de llegar los efectivos, ya estaba todo preparado para que los entretuvieran tirando piedras las mujeres y los chicos. Tuvieron su tiempo para fugarse e irse bien arriba de las montañas”, explica el propietario. Los números siempre son claros: siete mujeres detenidas y ningún hombre.

Pese a que algunos peronistas desinformados creían que Gómez Alcorta contaba con la protección de Cristina Kirchner, pronto se dieron cuenta de su equivocación. El 30 de junio de 2021, Alberto Fernández había sido invitado al encuentro del Foro Generación Igualdad, que lideran Francia y México y que se hacía en París. El Presidente planificó el gran viaje, junto a la entonces ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad y a un par de funcionarias más. Todos soñaban con la visita a la Ciudad Luz hasta que se enteró Cristina: “Basta de lunas de miel”, bramó la Vicepresidenta, y el viaje de egresados murió antes de nacer. La ministra supo desde entonces que sus días estaban contados.

Atenta a los detalles, Cristina aprovechó la huida de Gómez Alcorta para presionar y conseguir la salida de otros dos ministros del riñón de Alberto. Se van el titular de Trabajo, Claudio Moroni, a quien había crucificado el ministro camporista Andrés “El Cuervo” Larroque por la crisis de los neumáticos tras el bloqueo a Bridgestone, Fate y Pirelli, y también Juan Zabaleta, que hacía rato quería saltar del ministerio de Desarrollo Social para escapar del conflicto permanente con los piqueteros y nadar otra vez hacia la intendencia bonaerese de Hurlingham. Allí le espera una pulseada electoral durísima con La Cámpora.

Que Cristina aproveche la debilidad de Alberto para empujar a los ministros que no le simpatizan no significa que ella esté mucho mejor. Mientras avanza la causa Vialidad, en la que el fiscal Diego Luciani le pidió doce años de prisión, la represión descontrolada de la Policía Bonaerense y la muerte de un hincha en la cancha de Gimnasia y Esgrima de La Plata el jueves pasado terminaron de despejar todas las dudas sobre la inseguridad en la provincia de Buenos Aires. Ni el ministro Sergio Berni ni el gobernador Axel Kicillof han conseguido resultado alguno en estos tres años. El territorio bonaerense es campo abierto para la violencia, los robos, los crímenes y el avance del narcotráfico.

Milei y Espert, dos caminos que se bifurcan

Por eso, no es casualidad que las encuestas registren una consolidación de la ventaja que Juntos por el Cambio (aún con sus enormes conflictos internos todavía sin definir) por sobre el Frente de Todos. Episodios como el de las tomas de propiedades privadas en la Patagonia o el de la violencia policial en La Plata le impiden al Gobierno aprovechar cualquier síntoma de recuperación. La imagen negativa de Alberto, de Cristina y de Kicillof está en el orden del 75% para la mayoría de los consultores. Una cifra muy complicada para encarar las elecciones del año próximo y conseguir candidatos competitivos.

En ese escenario, hay otro dato que también preocupa en la Casa Rosada y en el Instituto Patria. La caída que había tenido Javier Milei en el primer semestre del año, por errores propios y por el final de la euforia después de las legislativas del 2021, parece haberse detenido. Y, en algunos sondeos que todavía no hicieron públicos, la diferencia se ha ido achicando a entre 10 y 5%. Hay dirigentes que observan ese panorama con alarma.

“Una cosa es que el loco Milei sea el que canalice el descontento con los políticos, y otra muy diferente es que empiece a arrimarse a un escenario de ballotage”, explica un consultor que releva estadísticas para el Gobierno y también para la oposición. La fuerza del libertario son los votos de la antipolítica. Jóvenes y adultos pobres castigados por la crisis económica y social lo visualizan como una alternativa. Esa es la amenaza para el peronismo.

El economista estuvo en Madrid este fin de semana, invitado por Santiago Abascal, el líder de Vox, el espacio de extrema derecha que se ha consolidado como la tercera fuerza política de España. El sábado les habló a unas veinte mil personas que la agrupación reunió en el barrio de Valdebebas, en un exótico encuentro anual que incluye torneos deportivos, conciertos musicales, juegos para niños y presentaciones culturales de todo el país.

Allí llevó Milei su campera de cuero de negra, sus gritos de “Viva la libertad carajo” y sus acusaciones a “los zurdos” de todos los males de la actualidad. Su arenga cayó muy bien en un público que ya lo conoce por las redes sociales, que descree del estado de bienestar, que condena el aborto, rechaza a la inmigración, a la ecología, al feminismo y que culpa a los políticos por blandos. “Los políticos no son Dios, no son Dios”, les gritó el libertario.

Milei experimentó así su primer raíd europeo, en un espacio ultra conservador que avanzó en España y que acaba de llegar al gobierno en Italia con Giorgia Meloni, el fenómeno de la extrema derecha que creció reivindicando a Benito Mussolini. La nueva primera ministra italiana estaba demasiado ocupada armando su gabinete en Roma y el domingo les habló a los socios españoles a través de un discurso por zoom. Avatares de la pospandemia.

El economista libertario está acelerando sus planes del año próximo para presentarse como candidato a presidente en todo el país. Solo le falta Río Negro para tener presencia partidaria en las 24 provincias del país. En algunos distritos llevará candidatos a gobernador, y en otros solo competirá a nivel presidencial.

El mayor conflicto lo tiene en la provincia de Buenos Aires. Allí se ha abierto una grieta con el diputado José Luis Espert, quien rechaza la suspensión de las PASO para este año y tiene ofertas de Juntos por el Cambio para competir en internas abiertas.

Milei, en cambio, no tiene problemas con la suspensión de las primarias. “Me adapto a las reglas de juego que haya”, ha dicho. Esa declaración ha encendido el entusiasmo del kirchnerismo, que suma voluntades en el Congreso para barrer el instrumento electoral que diseñó Néstor Kirchner en 2009. Si es así, Milei y Espert marcharán inexorablemente por caminos que se bifurcan.

Lanzado al objetivo de convertirse en la tercera fuerza política del país, Milei es una doble amenaza para las coaliciones mayoritarias de la Argentina. A Juntos por el Cambio puede sacarle los votos que necesita en el espectro más duro de la derecha. Los mismos votos que podría negociar en una segunda vuelta, como hace Vox y hacen las fuerzas de extrema derecha en algunas de las democracias parlamentarias europeas.

De todos modos, la amenaza es mucho más sensible para el kirchnerismo. Si Milei sigue creciendo a expensas de las inconsistencias del gobierno que no logran encarrilar Alberto, Cristina y ni siquiera el dólar soja o el dólar Qatar de Sergio Massa, el fantasma de desplazar al peronismo del ballotage podría convertirse en la pesadilla más inesperada de su historia.

Fernando González

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