Miércoles, 09 Noviembre 2022 07:02

Tres versiones del pasado - Por Sergio Crivelli

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Las principales figuras del oficialismo y la oposición comenzaron a definir sus estrategias electorales de cara a las presidenciales. Por el peronismo lo hicieron Sergio Massa y Cristina Kirchner. Ambos recurrieron a versiones contradictorias del pasado, aunque formen parte del mismo gobierno. 

El viernes en Pilar la vicepresidenta llenó un gimnasio con partidarios para que le pidieran que sea candidata. No dijo que lo será, pero contó un mito funcional a esa idea: el de la alegría del pueblo cuando ella gobernaba. Es la versión `K' de `los días más felices siempre fueron peronistas'. 

Aquellos viejos tiempos de `feliz' despilfarro duraron en realidad lo que duró el reseteo macroeconómico producto del brutal ajuste de 2001. La impiadosa devaluación dispuesta por Duhalde empobreció a más de la mitad de la sociedad, pero enderezó las variables fiscales y cambiarias por tres o cuatro años. La `alegría' K duró lo que los superávits gemelos y las reservas, velozmente rifados. Después hubo que destruir el Indec para falsificar los índices de inflación, lo que no impidió la derrota de 2015, aunque la vice aclaró que fue `por solo 600 mil votos'.

La segunda versión del pasado estuvo a cargo del viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, que en el Senado explicó en tono didáctico el desastre causado a mediano plazo por aquella dilapidación electoralista. No lanzó acusaciones con nombre y apellido, pero aclaró que la inflación es un fenómeno ligado a la emisión monetaria. Un lavagnista ortodoxo en las antípodas de la narrativa de la vice.

En suma, Sergio Massa mandó a su vice a avisar que hay que evitar los errores del kirchnerismo si no se quiere caer en otra `híper'. Pero lo sorprendente no es que Massa adhiera al fiscalismo ortodoxo, sino que lo haga siendo el representante por excelencia de la república corporativa formada por el partido de los empresarios, el partido de los sindicalistas y el partido de los políticos en sus distintas versiones, una de las cuales es la de los populistas socios de Massa, por ejemplo, Gerardo Morales, aliado de Horacio Rodríguez Larreta. Una burocracia política que es la principal responsable de los estallidos hiperinflacionarios o por lo menos tanto como empresarios y gremialistas que viven bajo la protección de un Estado voraz, aplastante, ineficiente y quebrado.

La tercera visión del pasado coincide en lo esencial con la expresada por Rubinstein, pero difiere respecto de su evolución en el futuro inmediato. Es la que hoy predica sin entrar en detalles Mauricio Macri: harta de los desastres repetidos infinitamente por el populismo, la sociedad lo repudiará en las urnas el año próximo. Votará por fin contra el populismo de cualquier signo, porque aprendió la lección.

Esta profecía merece sin embargo dos reparos: contradice lo ocurrido en el país en los últimos ochenta años y carece de un líder que la inserte en la Historia, excepto el propio Macri que ya probó y no le fue nada bien.

Sergio Crivelli  
Twitter: @CrivelliSergio

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