Miércoles, 16 Noviembre 2022 05:18

En qué anda el peronismo - Por Sergio Crivelli

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La actual disputa entre el Presidente y su vice tiene tres causas: el fracaso de la gestión del primero, el desgaste del liderazgo de la segunda y la nula posibilidad de ser candidatos de ambos. 

Ni Alberto Fernández ni Cristina Kirchner están en condiciones reales de ganar una presidencial, porque cargan con una imagen negativa muy alta, una intención de voto que los vuelve no competitivos y un antecedente descalificador: agravaron la situación recibida en 2019 y demostraron su incapacidad para encontrarle una salida. Destruyeron lo que quedaba de la capacidad adquisitiva de salarios y jubilaciones, aumentaron la indigencia y deterioraron los índices macroeconómicos hasta el riesgoso límite de la hiperinflación. 

En ese escenario están empeñados en un tironeo surrealista ante la complacencia de todo el oficialismo y de los medios y del que habrá mañana en La Plata un nuevo episodio. Se espera que la vice dé algún indicio de si cede al `operativo clamor' o se encamina a otro `renunciamiento histórico' en la más rancia tradición peronista.

El problema prioritario para el oficialismo no es la resolución de la crisis económica y social, sino la falta de un candidato para que el resto vaya detrás y retenga sus enclaves de poder. Un breve repaso de los nombres en danza basta para demostrarlo.

Cristina Kirchner quería eliminar las PASO para definir `a dedo' las candidaturas como en 2019. No pudo y sus voceros piden ahora una `mesa de conducción' oficialista para sacar a Alberto Fernández de su fantasmático proyecto de autosucesión que es en realidad un límite para los manejos de la vice.

El `operativo clamor', en tanto, es consecuencia de la falta de un heredero para la dos veces presidenta y una excusa para que la estructura política y sindical `K' consiga lugares expectables en las boletas, sin importarle como le vaya a su jefa. Por eso Máximo Kirchner pide cuidar a su mamá, que más que una candidatura azarosa lo que necesita son fueros.

Sergio Massa, por su parte, no da señales de querer ser candidato porque sabe que con la actual situación económica postularse equivale a un suicidio. Juega a encajarle al próximo gobierno el ajuste fiscal homérico que hace falta y a bajar la inflación un par de puntos para que no se repita un 2001 mientras él ocupe el Palacio de Hacienda.

Los gobernadores, entretanto, temen que la situación nacional termine impactando en sus distritos y se preparan para desdoblar las elecciones. Consideran también la posibilidad de un candidato propio. Hay quienes están dispuestos a ponerse esa camiseta como Juan Manzur.

Por último, Alberto Fernández juega la carta sin chance de una reelección para que la anemia de poder no derrumbe la última parte de su mandato. Pero es una maniobra de corto plazo. Si Massa no controla la dinámica inflacionaria no habrá malabarismos electorales que posterguen el estallido del agonizante modelo `K'. La economía dicta la suerte de la política y está diciendo que ninguna de las tres figuras que hicieron posible el triunfo de 2019 es competitiva hoy. Ignorar esa realidad agrava la situación del oficialismo y del Gobierno.

Sergio Crivelli 
Twitter: @CrivelliSergio

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