Lunes, 23 Enero 2023 11:09

Paciencia y cinismo - Por Ignacio Fidanza

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La interna del Presidente y su ministro por la candidatura presidencial está lanzada. Qué dicen las encuestas y el siempre crítico armado en la provincia de Buenos Aires. 

Alberto Fernández se lanzó a buscar su reelección. Lo acompañan en la aventura un núcleo que integran Gabriela Cerruti, Julio Vitobello, Santiago Cafiero y Daniel Scioli. Venía jugando de costado, pero el viaje al gasoducto de Vaca Muerta con el único propósito de filmar un spot de campaña lo dejó en evidencia. 

Pisó el terreno de Sergio Massa y no tuvo la delicadeza de invitarlo, como si hace con Gabriel Katopodis cuando inaugura obras públicas, a quien le pidió una por semana de acá a las elecciones. Y después de las inauguraciones un encuentro con los intendentes del lugar. Más campaña.

La tensión con Massa es inevitable, en la mirada del albertismo es el rival a vencer para quedarse con la candidatura. Si alguien estaba distraído, Matías Lammens se encargó de despejar todas las dudas cuando postuló a Massa como candidato y sugirió que Alberto debería disputar con él una primaria. La insolencia peronista para abordar las cuestiones del poder naturaliza que un ministro proponga al Presidente que compita con otro ministro, porque claro, ese ministro es hoy el que tiene la manija, o la iniciativa política diría un politólogo del desaparecido Frepaso.

Como sea, gracias a Lammens la interna peronista empieza a clarificarse. Corrida Cristina, asoma una confrontación entre el Presidente y su ministro. No es una extravagancia, en Francia ocurrió antes, como sucede hace ya muchos siglos. Macron construyó su liderazgo desde el cargo de ministro de Economía, al punto que el entonces presidente Hollande al final de su mandato eligió bajarse de la pelea por otro mandato y le despejó el camino a quien fue su funcionario estrella.

Y esa es la gran pregunta que hoy recorre la cúpula del peronismo: ¿Alberto se lanzó en serio o amaga para acumular y vender cara su capitulación? Lo curioso es que cerca suyo afirman lo segundo. En el entorno de Massa no se dejan engañar: "Es vivo, quiere que Sergio se lleve la marca". El ejercicio, si es real, tiene su sofisticación. Hacer lo suficiente para dejar claro que hay ganas de pelear la reelección, pero dejar correr que el candidato es Massa, para que atraiga los ataques y así llegar más entero a la discusión final. Sólo dando buenas noticias, como el gasoducto o las rutas y viviendas inauguradas, lejos del fuego del contado con liqui y la inflación.

Por eso, en el acto en Entre Ríos, Massa fulminó a De Mendiguren y todos los que lo suben -públicamente- a la discusión por la candidatura presidencial. Este año se juega con paciencia y cinismo. Pero miremos las encuestas, ese territorio sagrado de los políticos para medir el éxito o fracaso de sus maniobras.

Este jueves la consultora Aresco entregó un adelanto de un gran trabajo nacional de 4.000 casos. Alberto y Massa son los candidatos peronistas que más miden -excluida Cristina-. Primera sorpresa que explica el lanzamiento de Alberto: el escenario es de relativa paridad. Alberto candidato saca 25,4% contra 28,6% de una fórmula Larreta-Bullrich. Mientras que Massa les gana por 29,8% contra 29,5% de Larreta-Bullrich. Pero cuidado, los dos pierden el ballotage (Massa 35% a 41,4% y Alberto 33,4% a 41,9%).

Sin embargo, en el peronismo hoy la mira está puesta en la primera vuelta y el objetivo es lograr lo que consiguió Scioli en 2015. Ganar la primera vuelta y acercarse a los 40 puntos. Eso permite soñar con alcanzar a la mayoría en el Senado y retener la provincia de Buenos Aires. Dos objetivos centrales para la supervivencia política de Cristina Kirchner. Por eso, Massa es el Plan A. Si se mantiene.

Porque tan importante como corresponde la pelea por la Presidencia es la competencia por la provincia de Buenos Aires, dueña del cuarenta por ciento del padrón y del PBI. Y es ahí donde Massa está afianzando su proyecto con una alianza inesperada, muy subestimada en los medios, pero de enorme gravitación política. Su acuerdo con Axel Kicillof.

Su arribo a Economía vaticinaba conflictos por el rumbo económico, pero lejos de eso, Massa y Kicillof en lugar de pelearse por medidas, eligieron atar sus destinos políticos.

"Nosotros propusimos otro camino distinto al dólar soja para recomponer reservas, pero tenemos que reconocerle a Sergio que funcionó", afirman cerca del gobernador con un pragmatismo desconocido. O mejor dicho, la pulsión por el poder suele pasarle por arriba a las molestas purezas ideológicas.

Massa Presidente, Kicillof Gobernador. Esa es la fórmula, contra Alberto Presidente, Victoria Tolosa Paz gobernadora. Así están hoy las cosas.

Y ahí si Massa saca ventaja. Siempre según el trabajo de Aresco, Kicillof tiene una intención de voto del 29,7% contra el 6,9% de la ministra de Desarrollo Social. Y a nivel general las chances para el peronismo no son despreciables. El Frente de Todos acumula 36,6% contra un 33,4% de Juntos, si se suman los votos de tres posibles candidatos (Santilli 15,1%, Ritondo 10,9% y Tetaz 7,4%). Un dato: En la provincia no hay ballotage se gana por un voto y el gobernador queda electo el mismo día de la primera vuelta presidencial. Recordar Ruckauf, De la Rúa.

Suele ser una buena idea mirar la provincia para anticipar que va a suceder a nivel nacional. Ahí es donde nacen y mueren los proyectos presidenciales. Por eso se bajó el sanjuanino Sergio Uñac y por eso mismo no despega el tucumano Manzur o el cordobés Schiaretti. Porque no tienen una respuesta sólida a la pregunta: ¿Con quién van en la provincia?

Kicillof como Massa, se complementan -o chocan- en el gran elemento ordenador de la interna peronista: el kirchnerismo. El gobernador está cerca de Cristina, pero enfrentado a La Cámpora y distanciado de Máximo que alimenta los sueños de Martín Insaurralde para la provincia. Massa está cerca de Máximo, pero acordó con Kicillof. Por ahora eso sólo le genera tensión con el intendente de Lomas de Zamora.

Pero veamos el bosque. Según Aresco tanto Juntos como el Frente de Todos mantienen un comportamiento electoral muy consistente, oscilando en la franja que va de los 30 a los 34 puntos, con Milei reubicado en los 18 puntos, luego que dejó de hablar. No hay que ser un genio para entender a quien beneficia la irrupción política del economista y porque el peronismo tiene más chances de ganar la primera vuelta que el ballotage. Una lectura que acaso explique porque Massa crece mientras aplica uno de los planes más liberales que se le recuerde al peronismo desde que comenzó el ciclo de los Kirchner. Si la sociedad se corrió a la derecha, la batalla será en el centro.

Ignacio Fidanza

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