Viernes, 18 Agosto 2023 10:15

La “democracia plebiscitaria”, una idea de Menem que vuelve con Milei - Por Fernando González

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Con escaso poder de fuego en el Congreso, Milei imagina al plebiscito como su herramienta política. Quien es Benegas Lynch, el economista liberal que inspira al ganador de las PASO 

Basta verlo en estos días durante sus múltiples apariciones en televisión. Ahora que el resultado de las PASO ha convertido a Javier Milei en la gran estrella política del momento, el dato estético que salta a primera vista son esas patillas que lo asemejan a Carlos Menem. ¿Una casualidad pilosa? Los estrategas políticos creen que no. Que el líder libertario busca trazar paralelismos entre él y el peronista riojano al que califica sin dudar como “el mejor presidente de la historia argentina”. 

Y es cierto que las patillas que bajan hasta el maxilar no son la única semejanza entre Milei y Menem. Hay otro vínculo entre ellos mucho más relevante. Ambos se han cruzado en sus vidas paralelas al economista Alberto Benegas Lynch hijo, a quien también define el efusivo Milei. En este caso, como “el máximo referente del liberalismo argentino de todos los tiempos”.

A los 83 años, Benegas Lynch le ha dedicado la mayor parte de su vida a difundir las ideas del liberalismo económico. Es el rector de ESEADE, la Escuela de Economía y Administración de Empresas que fundó hace 40 años. Y quienes no lo conocían corrieron a googlearlo el domingo a la noche, cuando Milei cantaba “se viene el estallido” y lo mencionaba en su discurso triunfal después de haber superado el 30% de los votos.

Benegas Lynch fue el nexo intelectual entre Menem y Álvaro Alsogaray a fines de la década del ‘80, y uno de los que propició la alianza entre el peronismo menemista y aquella corriente liberal con presencia en las urnas a la que los Alsogaray (Álvaro padre, Álvaro hijo y María Julia) bautizaron Ucedé. Eran los días de fulgor de la Unión del Centro Democrático, el nombre que le pusieron para maquillar un poco aquel intento neoconservador.

Para imponer las privatizaciones de las empresas estatales, y algunos otros proyectos liberales, Menem debió instalar entonces el concepto de “democracia plebiscitaria”. Era una especie de amenaza política para utilizar la fuerza institucional del plebiscito o de los referéndums contra los partidos opositores, pero sobre todo contra el peronismo de izquierda que se resistía a la economía de mercado menemista, y así poder avanzar con los cambios a contramano de la historia peronista.

La amenaza surtió efecto. Menem pudo imponer buena parte de sus proyectos reuniendo mayorías circunstanciales en el Congreso, aunque debió ser especialmente enfático en uno de ellos. La idea de su reelección, que sólo logró avanzar después de anunciar que consultaría a toda la sociedad en un plebiscito.

La posibilidad de una victoria aplastante del menemismo atemorizó a Raúl Alfonsín quien negoció en secreto el llamado “Pacto de Olivos” con Eduardo Bauzá, Alberto Kohan y Eduardo Menem. Se acordaron algunas reformas políticas y judiciales a cambio de la reelección que tanto ansiaba Menem. El último en enterarse fue Eduardo Duhalde, quien llegó distraído a la quinta presidencial vestido con joggins y con medialunas porque pensó que lo habían invitado a una charla informal entre políticos. Ahí le quedó claro que él no sería el candidato.

La amenaza de la “democracia plebiscitaria” le sirvió a Menem para obtener su reelección y mantenerse diez años en el poder.

Por eso sorprende escucharla ahora en boca de Javier Milei, y también del teórico liberal que influyó a Menem en la década del ‘90 y que hoy es un santo en la iglesia de fieles del profeta libertario. Benegas Lynch comenzó a prestarle atención cuando un joven Milei lo invitó a almorzar a La Biela y le contó sobre su admiración por la escuela económica austríaca y el pensador Fiedrich Von Hayek, el Premio Nobel que la reflotó en los ‘70.

Primo segundo del Che Guevara y amigo del escritor cubano anti castrista Carlos Alberto Montaner, el culto Benegas Lynch vio en ese joven economista a alguien que podía retomar el proyecto que había quedado trunco con Menem. Pero Milei era un lobo solitario. No tenía el resguardo del peronismo, ni la experiencia en la administración pública ni el auxilio de los diputados y senadores que acompañaron al menemismo desde el Congreso.

Por eso, le aconsejó a Milei que si quiere avanzar con sus proyectos liberales tendrá que imponerlo a través de plebiscitos o consultas populares que suplan la falta de legisladores propios. Si el libertario repitiera en las presidenciales las cifras que obtuvo el 13 de agosto, contaría de entrada con unos cuarenta diputados y con ocho senadores. Un número astronómico para un recién llegado a la política, pero insuficiente para gobernar un país en el que el peronismo se siente dueño de la calle y de las piedras.

Pese a las bravatas y al entusiasmo de sus dirigentes, La Libertad Avanza deberá juntar muchas más voluntades para tratar de ganar las elecciones y, después, eventualmente para poder gobernar. Aunque son muchos los proyectos que quieren imponer para Milei las tres prioridades están bastante claras: la primera es el proyecto de dolarización de la economía para estabilizar el tipo de cambio y después frenar la inflación.

El segundo proyecto básico para los libertarios es una reforma laboral que minimice las dificultades que tienen los empresarios para tomar y mantener luego a los empleados en sus compañías.

Y, en tercer lugar, está la cuestión cultural más importante que quiere poner en marcha Milei si es elegido presidente: anular la Ley de Aborto que hizo aprobar el Congreso en tiempos de Mauricio Macri. Es una obsesión del ganador de las PASO.

En el equipo de Milei hay quienes preferirían no enfrascarse en una nueva polémica nacional sobre el aborto, una cuestión que le hizo perder puntos a un macrismo que impulsó el debate y se encontró luego con integrantes que lo apoyaban y otros que lo rechazaban. Se quedó con el peor de los resultados: se dividió internamente entre verdes y celestes; perdió la votación en el Senado y pagó el costo ante los abortistas (por perder la votación) y ante los antiabortistas por haberla impulsado.

Sin embargo, Milei ya ha dicho que impulsará en el Congreso el freno para la ley de aborto con un plebiscito que lo respalde. Liberal en lo económico, pero ultraconservador en lo político, Benegas Lynch festeja la determinación de Milei para utilizar la motosierra también en este aspecto que preocupa a muchos.

“El de Javier Milei es un testimonio para la historia del futuro y que ha despejado telarañas mentales; el ambientalismo, el tema previsional y el asesinato en el vientre materno, también llamado aborto”, explica circunspecto Benegas Lynch. Que el aborto sea aceptado por liberales en muchas partes del mundo, es para el economista apenas una contradicción de personas que no han comprendido la explicación científica de la defensa de la vida.

Quizás la iniciativa de Benegas Lynch que ha cobrado más importancia luego del resultado de las PASO sean los tres encuentros virtuales que impulsó entre Milei y Mauricio Macri. Allí se consolidó un vínculo entre el ex presidente y el candidato exitoso que ha generado expectativas en torno a la posibilidad de un acuerdo para las elecciones presidenciales.

Macri lanzó al aire la idea de ir con solo candidato en la provincia de Buenos Aires, donde no hay ballotage y un postulante solitario tendría más chances de vencer a Axel Kicillof, quien logró un inexplicable 36% de votos en una provincia donde la gestión es desastrosa y la inseguridad es hilo común de las intendencias bonaerenses.

Pero claro que la idea de Macri es que se baje la libertaria Carolina Píparo, la candidata a gobernadora, para dejarle el camino libre a Néstor Grindetti, el ex Socma que es intendente de Lanús, candidato a gobernador y presidente de Independiente. Milei, por ahora se ríe de esa posibilidad y se imagina la misma ecuación pero en términos inversos.

A quien no le termina de convencer esa relación entre Macri y Milei, y a quien le fastidia el papel de armador político que se arroga el ex presidente es a Patricia Bullrich. La candidata y gran ganadora de la interna de Juntos por el Cambio prefiere ser ella la que defina los términos de cualquier acuerdo electoral.

Además, desde hace dos meses, Milei la viene acusando de hacerle operaciones políticas y mediáticas en su contra. Por eso, Bullrich intenta tomar distancias y marcar diferencias con su rival para las presidenciales del 22 de octubre. En su equipo de campaña, exploran el modo de conservar los votos que Juntos por el Cambio consiguió en las PASO antes que lanzarse a explorar una búsqueda improvisada de votos hoy ajenos.

En esa línea, Patricia se fue el miércoles acompañada por su candidato a vice, el mendocino Luis Petri, hasta el Jardín Botánico de la Ciudad. Allí la esperaban Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador Gerardo Morales. La foto tiesa de los cuatro es un manotazo desesperado de la candidata para tratar de retener los votos de un electorado (el larretista) con el que se cruzaron en una interna sin piedad ni compasión. La sociedad los castigó dejándolos bien por debajo de Milei y del 30% de los votos.

Con el dólar casi en los 800 pesos y las versiones de renuncia (luego desmentidas) de Sergio Massa, Patricia Bullrich no quiere que nadie en Juntos por el Cambio se muestre cerca de Milei, el candidato que se ofrece a tomar el poder como si ya fuera el presidente. Y mucho menos que sea Macri el diplomático.

Está demasiado cerca la elección presidencial como para derrochar tantos elogios con el adversario hostil. Porque es en esos territorios confusos donde la traición se suele sentir más abrigada.

Fernando González

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