La votación del domingo pasado admite distintas interpretaciones pero la más abarcativa es quizás la de un aplastante rechazo a la dirigencia política, a todos los sectores corporativos que apoyaron al candidato peronista Sergio Massa y al modelo económico populista.
El ganador, Javier Milei, fue blanco de una abrumadora campaña negativa y los votantes, que carecían esta vez de un líder carismático al que seguir, optaron también por una estrategia negativa: eligieron a un destructor; a alguien que les prometió que la fiesta de los políticos, de la corrupción, de los privilegios y de los defensores del pobrismo sería clausurada.
El sorprendente resultado desembocó en una situación compleja, sin precedentes. El próximo gobierno no sólo tendrá que tacklear la crisis galopante de un modelo económico agotado, sino que deberá además armar una coalición oficialista amplia para compensar su debilidad institucional.
Ganó gracias a una alianza espontánea armada después de la primera vuelta. La Libertad Avanza y el sector más duro del PRO liderado por Mauricio Macri resolvieron unirse, lo que terminó en la debacle del oficialismo.
Sin embargo los once puntos que LLA le sacó a Unión por la Patria no se reflejaron como es natural en las listas de candidatos y por lo tanto en el poder real. Consecuencia: el próximo presidente no sólo deberá gambetear la hiperinflación, la explosiva deuda con el sistema bancario, la recesión y la asfixiante pobreza, sino que también deberá armar bloques parlamentarios numerosos y prepararse para el hostigamiento de factores de poder violentos como los sindicalistas, los piqueteros y otras organizaciones que medraron a la sombra del kirchnerismo.
Estos últimos grupos empezaron con las amenazas antes aún de que Milei siquiera ponga un pie en la vereda de la Casa Rosada, pero la reacción de los otros jugadores políticos no se conoce aún. Sergio Massa que había amenazado con tomarse el helicóptero, se arrepintió y entró en el más absoluto silencio.
Lo imitaron Cristina Kirchner, Máximo Kirchner, Kicillof, De Pedro y siguen las firmas. El kirchnerismo estuvo a punto de perder en su bastión, la provincia de Buenos Aires, porque el voto de Milei fue más transversal de lo previsto. No solo lo acompañaron Recoleta y Palermo, sino también en buena parte del conurbano y especialmente los más jóvenes. Una derrota cultural que el camporismo nunca vio venir. Los “pibes para la liberación”, devenidos rápidamente “casta” por usufructuar el poder, quedaron del lado de los conservadores devotos del “statu quo”.
El que, por lo contrario, comenzó a evolucionar rápidamente fue el ganador, que está desplegando una estrategia más inesperada que su aplastante victoria: la del pragmatismo y la moderación. Basta de gritos, insultos y motosierra. Abran paso a la “realpolitik” de la mano de un ecumenismo que le permite incorporar a un negociador con los bancos como Caputo o funcionarios para las grandes cajas del Estado provenientes del peronismo cordobés en lugar de los miembros de su entorno más cercano.
De esa manera, el dolarizador y presidente “in pectore” del BCRA, Emilio Ocampo, debió levantar campamento, porque uno de los ejes de campaña quedó para mejor ocasión. El conocido economista Carlos Rodríguez también: la ortodoxia del CEMA tuvo que hacerse a un lado para dar paso a los funcionarios profesionales. La impracticable dolarización fue reemplazada por un plan de estabilización que supone un duro ajuste fiscal.
Este intento de formar un gabinete estilo “arca de Noé” provocó la reacción de los medios y periodistas que en la campaña habían jugado para Massa. Los que no votaron a Milei y lo consideraban un “peligro” pasaron a criticarlo por incumplir sus promesas. Consideraron su giro pragmático como producto de la improvisación y origen de una “interna” feroz de LLA. Si Massa hubiera hecho lo mismo lo habrían alabado como una muestra de “unidad nacional”. Maravilloso.
Más allá de la integración de un gabinete heterogéneo para evitar el salto al vacío, el nuevo presidente debe armar bloques oficialistas en el Congreso que enfrenten el boicot parlamentario del peronismo y contribuyan a la gobernabilidad. En Diputados sumará al macrismo y parte de los radicales que responden a los gobernadores. El peronismo está en vías de fragmentación, pero muy probablemente se una para combatir al libertario. Apenas Florencio Randazzo sonó como presidente de la Cámara de Diputados mediante un pacto con Milei, el peronismo bonaerense “no K” se alejó de él, aislándolo. El reparto de cargos es un anzuelo infalible para ganar aliados entre la “casta”, pero requiere una experiencia de la que el libertario todavía carece (ver “Grupo A en el Senado”). La economía la tiene clara, falta ver cómo genera la política que le permita gobernar.
Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio


El triunfo de Milei mostró el profundo divorcio entre dirigencia y sociedad. Un presidente con un insólitamente bajo poder institucional y una clamorosa derrota cultural del kirchnerismo.
