La idea de “inundar la zona” es una estrategia comunicacional que se le atribuye a Steve Bannon, el exconsejero de Donald Trump que hoy se muestra crítico y distante del rumbo del segundo mandato del presidente estadounidense. Consiste en generar deliberadamente una avalancha de anuncios, declaraciones o escándalos que saturan la agenda en forma simultánea, distraen al público y desorientan a la prensa o la oposición. El gobierno de Javier Milei replicó el formato en diferentes momentos de sus más de mil días de gestión, con una particularidad: no sabemos si siempre lo ha aplicado de manera intencional.
El jueves de la semana pasada fue uno de esos días que se presenta como ejemplo perfecto. La jornada empezó con el envío del ambicioso proyecto de ley denominado de “Defensa de la Soberanía Nacional”, que se desprende de aquel mensaje por cadena nacional de Milei por el tema Malvinas, pero resultó ser mucho más abarcativo y controvertido con la creación del Consejo de Seguridad Nacional. Se agregó luego la molestia pública de Patricia Bullrich con el Ministerio de Economía por los nuevos ajustes en discapacidad que se conocieron por los detalles del Presupuesto 2027 que había llegado al Congreso el día anterior. Y se completó con despidos repentinos, una reorganización general y un amplio refuerzo de la seguridad en la Quinta de Olivos, en medio de versiones cruzadas entre la paranoia presidencial y un supuesto aprovechamiento personal de los recursos públicos.
La zona inundada funcionó para correr los reflectores mediáticos de los asuntos incómodos. El mismo jueves se conocieron los datos de aumento del desempleo a nivel nacional (de 7,6% a 7,9%), con cifras preocupantes en distintos centros urbanos, como Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Mar del Plata orillando —o superando— los dos dígitos. También llegó la confirmación de la caída de la actividad en el segundo trimestre del año (-0,6%). Era lo esperado e incluyó una contracción en el indicador de consumo privado (-2,4%) y una nueva baja de la inversión (-0,8%) que lleva cinco trimestres consecutivos en números negativos. El cuadro empeora con el número más alto de riesgo país desde mayo, consecuencia directa de la suba de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos que, por supuesto, tiene un peor impacto en países como Argentina.
El próximo jueves se conocerán los datos oficiales de pobreza correspondientes al primer semestre de 2026. Quizás sea necesaria entonces una nueva cortina de distracciones, ya que todas las estimaciones privadas de seriedad anticipan un aumento en el porcentaje que podría volver a pasar la barrera del 30%. En la forma en la que prefiere medirlo Milei, estaríamos hablando de entre un millón y medio y dos millones de personas que pasan a quedar debajo de la línea de pobreza. Representaría una mala noticia y, al mismo tiempo, un golpe al relato mileísta respecto al tema. El presidente, afín a la distorsión de estadísticas para favorecer las métricas de su gestión, suele apuntar que sacó a “15 millones de personas de la pobreza”. Probablemente deberá ajustar sus grandilocuentes y dudosas afirmaciones.
En el plano político, los flashes se los llevó Patricia. Aunque su enojo por el desorden interno y la milimétrica creatividad de su equipo audiovisual sirvieron para que no se hable de lo económico, sus elevados niveles de independencia no caen bien en la Rosada. Además, administró sus apariciones públicas con precisión para sostener la relevancia. “Nunca dejó caer la pelota”, señaló el especialista en narrativas Lisandro Bregant. En una primera nota, por la mañana, mostró sorpresa, desconoció los recortes en discapacidad y no olvidó que se trata de una piedra con la que el propio gobierno ya tropezó en reiteradas oportunidades. Diez horas más tarde, eligió escalar el conflicto a través de otra entrevista en la que criticó a la “mesa política”, pidió que no la traten “de tonta” y mencionó a “los dos Caputos”. Fue también un recordatorio de algo que todos en LLA saben y algunos, por momentos, olvidan. “Patricia juega para Patricia”, dicen. Y tienen razón. Es una frase que ya sonaba mucho en su época en el Pro.
Los planteos de Bullrich por las sorpresas en el Presupuesto eran compartidos por Martín Menem, pero el presidente de la Cámara de Diputados nunca los hizo públicos. En privado, no disimuló el malestar por la “desinteligencia”. Se enteró por medios y colaboradores del recorte en discapacidad. De hecho, el riojano fue el más perjudicado por ese polémico Capítulo VI si se tiene en cuenta que quedó en offside con los aliados y opositores dialoguistas con los que venía trabajando un proyecto para prolongar la emergencia en el área. Serán los diputados libertarios los encargados de corregir el texto en comisión para que, cuando llegue al Senado, el problema esté solucionado. A pesar de eso, el rédito político se lo llevó Patricia. Las ventajas de poner la cara.
Bullrich y Menem compiten en silencio por quien consigue los mejores resultados en el Congreso y, sobre todo, quien evita más derrotas. Es una disputa que, en definitiva, esconde una por ahora tímida carrera para acompañar a Milei en la fórmula para ir por la reelección. Patricia tiene muchos mejores números en todas las encuestas. En la mayoría de las mediciones de imagen supera incluso al presidente. Pero es Patricia. Y eso despierta una desconfianza permanente. Menem, en cambio, es un soldado fiel. En especial para Karina, claro, a quien responde sin titubeos. Eso lo posiciona, según cuentan los que mejor conocen la dinámica interna, como el favorito de la hermanísima para ser el próximo vicepresidente.
Sin embargo, en la diferenciación controlada de Bullrich se explica su mayor capital. No está salpicada por las cuentas todavía pendientes del programa económico y hasta se anima a exigir “más velocidad” para los resultados. Empezó a mostrar distancia hace un año, cuando le pidió aclaraciones a José Luis Espert, quien todavía encabezaba la boleta en la provincia de Buenos Aires. Hizo lo mismo con Manuel Adorni y pidió su declaración jurada. Milei tuvo que aparecer de urgencia por teléfono en un canal de televisión para aclarar que la senadora “había spoileado” al jefe de Gabinete, que la explicación era inminente. Un detalle, a esta altura casi anecdótico: pronto se cumplirán seis meses de esa entrevista y Adorni todavía debe explicaciones a la Justicia. El martes vence su último plazo para justificar el patrimonio familiar. No le cierran los números.
Bullrich coronó la semana con una muy exitosa pieza audiovisual que consiguió más de 3 millones de visualizaciones solo en una cuenta de X. En el video, ella trabaja en su despacho mientras interactúa con sus asesores y reproduce el videoclip de “No me importa”, un tema de Lali Espósito. Tararea, canta, se ríe. Ni la letra de la canción ni la elección de la artista parecen casuales, desde ya. Todo forma parte de otro atinado trabajo de un equipo liderado por Lucas Palatnik, un joven de 30 años que se especializó en comunicación política y fue funcionario del Ministerio de Seguridad cuando Patricia estuvo al frente de la cartera. Palatnik fue el autor intelectual de los clips de su jefa mostrándose activa en los pasillos del Senado, siempre con música tan acorde como llamativa. El primero de esos editados, con un resumen de la aprobación de la reforma laboral durante el verano pasado al ritmo de Madonna, empezó a despertar el recelo de Karina.
El otro gran distractor del jueves recargado fue la inesperada reestructuración en Olivos. La decisión de despedir o reubicar a todo el personal civil de la vivienda sorprendió a muchos de los propios trabajadores en el horario de ingreso a sus puestos. Más allá de trascendidos informales sobre preocupaciones de Javier Milei respecto de la seguridad de la Quinta y supuestas filtraciones de información sensible, la historia empezó con el corrimiento de Osvaldo Javier Sosa, intendente residencial desde comienzos de mandato. Es el cuñado de María Belén Aguidez, una sobreviviente de los comienzos de LLA que supo tejer un vínculo de estrecha cercanía con Karina y hoy ocupa la Subsecretaría de Planificación de la Secretaría General de Presidencia.
La maniobra que habría generado enojo esconde presuntas irregularidades y desmanejos con fondos públicos. Sosa y su pareja Analía Aguidez, hermana de Belén, tienen una empresa de catering para eventos. La sospecha es que abastecían pedidos de su firma con mercadería adquirida a través de licitaciones oficiales. Uno de los cocineros de la Quinta, según cuentan fuentes reservadas, trabajaba también en el emprendimiento gastronómico ahora envuelto en la polémica. Fue otro de los despedidos. La diputada Marcela Pagano denunció el hecho en redes sociales y acompañó una presentación judicial.
La denuncia señala: “Esta hipótesis es la única que explica los volúmenes de compra incompatibles con el consumo de una residencia, equivalentes al de centenares de personas; el agotamiento anticipado de las cantidades máximas y la reposición de las frutas y verduras a los cuatro meses y medio; las especificaciones de calidad —cortes de primera, calibres uniformes, variedades premium, hongos en bandeja, quesos de horma, cientos de kilos de manteca— que son las propias de un servicio de catering para eventos; la designación como intendente de un pariente de una funcionaria ya denunciada por direccionar contrataciones hacia otro pariente; la negativa a informar cuántas personas comen en la residencia; y la remoción inmediata de la totalidad del personal civil —los únicos testigos de lo que entraba y salía del predio— apenas el gasto tomó estado público”. Habrá novedades.
Manu Jove
Columnista de Bardeo News
Fuente: https://bardeo.news/politica/la-zona-inundada-del-gobierno--otra-jugada-de-bullrich-y-el-olivos-gate_a6aaf47ac477e4600bb2246cd

Una táctica para saturar al público, la cintura de Pato para despegarse y el escándalo en la residencia presidencial. Todo en pocas horas. ¿Quién gana? 