No más palabras, su señoría: una parte del riesgo argentino tiene domicilio en La Plata.
El riesgo país llegó este martes a los 710 puntos básicos y después retrocedió hacia los 680. Sigue siendo un nivel demasiado alto para una economía que necesita recuperar el crédito. A esa altura, los inversores exigen alrededor de 6,8 puntos porcentuales anuales adicionales al rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos para asumir el riesgo argentino.
Ese sobrecosto vuelve muy difícil colocar deuda en dólares a tasas sostenibles. Y cuando un país carece de acceso habitual al financiamiento internacional, cada vencimiento se transforma en un examen: los acreedores quieren saber de dónde saldrá el dinero para cobrar.
La Argentina queda atrapada en esa vigilancia permanente. Para afrontar los compromisos sin refinanciarlos en el mercado, el Tesoro necesita recursos y divisas. Una vía es utilizar los pesos del superávit fiscal para comprarle dólares al Banco Central. Pero, antes, el Central tiene que conseguirlos.
La operación exige encadenar varias condiciones: que ingresen dólares, que la autoridad monetaria pueda comprarlos, que el Tesoro disponga de los pesos y que la expansión monetaria asociada a esas compras resulte compatible con la baja de la inflación.
Todo eso miran los acreedores. Cada día. Cada vencimiento.
Sin embargo, los datos recientes ofrecen argumentos para una evaluación menos dramática. En septiembre, las exportaciones alcanzaron los US$10.036 millones y el superávit comercial fue de US$2.976 millones, más del triple que un año antes. Hay una generación de divisas que merece ser considerada. Aunque ese saldo comercial, por sí solo, no equivale a dólares disponibles en las reservas del Central.
También mejoró el ritmo de compras de la autoridad monetaria: hasta el lunes había adquirido más de US$1.000 millones durante octubre. La posibilidad de acumular dólares existe, aunque los pagos posteriores condicionan cuánto queda efectivamente guardado.
Del lado fiscal, septiembre dejó un superávit financiero de $977.173 millones, después del pago de intereses. Casi un billón de pesos. Es una diferencia sustancial respecto de la Argentina que necesitaba endeudarse o emitir para cubrir sus gastos corrientes.
¿Por qué, entonces, semejante desconfianza?
El mundo aporta lo suyo. Las tasas internacionales y la inestabilidad financiera complican el panorama. La historia argentina también pesa: los incumplimientos y las reestructuraciones dejaron una reputación que llevará mucho tiempo reparar.
Pero hay, además, una pregunta política que los balances del presente no pueden responder: ¿Qué hará el próximo gobierno?
Los bonos que se compran hoy deberán pagarse durante varias administraciones. Por eso importa tanto la voluntad futura de cumplir como la capacidad actual de hacerlo. Y la posibilidad de un regreso del kirchnerismo aparece entre las preocupaciones de los inversores, junto con las dudas sobre la acumulación de reservas y los vencimientos de los próximos años.
Ahí aparece Axel Kicillof. Como una de las principales figuras opositoras con proyección presidencial, tiene una responsabilidad que excede la comodidad de cuestionar al Gobierno. También debería explicar qué haría con los compromisos que heredaría.
Una definición clara sobre el respeto de la deuda y la continuidad de los pagos ayudaría a reducir esa incertidumbre. Su silencio deja espacio para que otros completen la respuesta con los antecedentes que más temen.
Mi lectura es que el componente político que Javier Milei llama "riesgo kuka" existe. Su peso exacto no puede aislarse del resto de los problemas, pero sería ingenuo suponer que las expectativas sobre una futura administración carecen de consecuencias económicas hoy.
Una palabra de Kicillof podría ayudar. Un compromiso consistente ayudaría bastante más.
Para eso hace falta algo que en la Argentina suele escasear incluso cuando mejoran las exportaciones: la voluntad de construir confianza más allá de la próxima elección.
Adrián Simioni
Fuente: https://www.cadena3.com/noticia/politica-esquina-economia/no-mas-palabras-su-senoria-el-riesgo-k-existe-y-reside-en-la-plata_605272

El superávit fiscal y las exportaciones récord no alcanzan para despejar la desconfianza. La incertidumbre sobre un eventual regreso del kirchnerismo pone a Kicillof ante una responsabilidad que evita asumir
