“Acuerdo político y una economía más holgada para la gente. Esa es la clave para este año. Si hacemos lo que hay que hacer, la Argentina va a seguir avanzando”. La fase de diferenciación explícita que Patricia Bullrich inauguró meses atrás, cuando en medio del escándalo Adorni nadie osaba contradecir al presidente Javier Milei, tuvo en los últimos días escenas que evidenciaron una aceleración.
Bullrich no sólo analiza encuestas: habla con empresarios y dirigentes políticos que la animan. Aún mantiene la inercia del impulso que le dio el último Coloquio de Idea, en Mar del Plata, donde actuó casi como una primera mandataria ante el “círculo rojo”. Con ese envión, entre otras cosas, avanza incluso más allá de lo tolerable dentro de un esquema de poder como el libertario.
Como buena tiempista, Bullrich juega –y aprovecha al máximo– los márgenes que le regala Milei semana a semana.
Tras decir en los medios que estaba preparada para ser presidenta y luego advertir en redes, el jueves, que vendrían “cositas”, Bullrich cerró la semana con la publicación de otro sugestivo video. Se la ve en el Senado. De fondo suena la canción Es un secreto, del dúo puertorriqueño Plan B. Sí, “Plan B”.
Antes, la jefa de la bancada oficialista había contrastado con la literalidad extrema que utilizó el jefe del Estado el lunes, en Neuquén, ante empresarios petroleros. “La idea de que la gente no llega a fin de mes es una pelotudez que impulsó el kirchnerismo. Si se quedan sin plata verdaderamente el 20, ¿cómo viven 10 días sin comer ni beber?”, dijo el Presidente.
La frase, que luego defendió en Madrid durante otro viaje sin agenda oficial y pagado con fondos públicos, y que sólo generó quejas oficiales del Gobierno español por un nuevo ataque al presidente Pedro Sánchez, no sólo es innecesaria, sino también dañina para la narrativa oficial. Ni siquiera fue celebrada y defendida por el mileísmo extremo. Y vuelve a ubicar al libertario entre los “insensibles”, en momentos en que la mayoría de las variables microeconómicas sigue sintonizando con la idea de recortes, privaciones y malabares de las familias para sostener su nivel de vida. Bullrich, agradecida.
¿Acaso no le eran más útiles al Gobierno y digeribles para la sociedad los agradecimientos que Milei expresaba el año pasado, en campaña, cuando reconocía el aguante social frente a las consecuencias derivadas del necesario ajuste fiscal?
Admisión y cálculo
Un primer atisbo de reconocimiento de que no todo marcha de acuerdo al plan surgió entre semana, luego de que el Indec difundió el dato adelantado de la actividad económica de agosto. Como se esperaba, el índice fue negativo y, si bien resta conocer el número de septiembre, ya no hay economista que no afirme que el tercer trimestre repetirá el declive del segundo. De confirmarse esa tendencia, la economía de Milei entrará técnicamente en recesión.
“Los indicadores no están evolucionando tan positivamente como esperábamos”, esbozó el jefe del Estado, en lo que constituye la primera admisión –o algo parecido– de que lo planeado no coincide con la realidad. Milei atribuyó ese desfase entre las expectativas y la vida real a factores externos y al riesgo que representa un eventual regreso del kirchnerismo o de algo que se le parezca.
La convulsión mundial es una justificación atendible para el salto del riego país, aunque no alcanza para explicar todo el fenómeno. En cambio, un posible revés electoral libertario sí sería consecuencia directa del fracaso social del programa económico de Milei. Es lo que Bullrich está auscultando cada vez con mayor preocupación.
“Patricia se corre de la posición dura de Milei porque el electorado que la votó en la primera vuelta ya abandonó al Presidente”, interpreta un veterano operador del PRO que conoce bien a la hoy senadora.
Más allá de lo que sostiene públicamente Milei, sin embargo, hay indicios y señales de que esa rigidez comienza a ceder a medida que se acercan acontecimientos que entran en tensión con el discurso oficial. Lo que pasó esta semana en el Congreso es una muestra de ello.
Luego de más de dos años de fuertes recortes, incumplimientos y padecimientos para el colectivo de la discapacidad, el oficialismo en Diputados logró un avance. Un nuevo proyecto, que no surgió del Poder Ejecutivo sino de legisladores libertarios, terminó cosechando adhesiones, incluso del kirchnerismo. Hay mucha desconfianza entre las organizaciones, pero en el Congreso se dio un primer paso para dejar atrás la emergencia.
Este aparente desbloqueo, acompañado por el compromiso oficial de que el grueso de las prestaciones y de los fondos previstos en la emergencia quede establecido en una nueva ley, es imposible de desvincular de la confirmada visita del papa León XIV a la Argentina.
Dentro de dos lunes, el recientemente operado Robert Prevost visitará el Cottolengo Don Orione, en Claypole, en el corazón del conurbano bonaerense. La coincidencia difícilmente sea casual. La llegada del Papa a esta institución emblemática de la discapacidad eleva el costo político de sostener una confrontación sin matices con un colectivo que lleva años denunciando el deterioro de sus prestaciones.
La necesidad de evitar una imagen de insensibilidad justo cuando León XIV ponga el foco sobre una de las deudas sociales más sensibles del país puede funcionar como un incentivo adicional para buscar una solución. La política, incluso para un presidente que suele despreciar sus códigos, también es cálculo.
La pregunta es si se trata de un cambio de posición o de sólo una adecuación táctica ante un escenario incómodo.
El Gobierno está ante el enorme desafío de sostener el equilibrio fiscal –su principal bandera–, pero también de evitar que el costo de sostenerlo termine erosionando el capital político que todavía conserva. En ese reto, la discapacidad aparece como una prueba concreta de hasta dónde puede llegar la rigidez libertaria cuando se enfrenta con una demanda social que excede la discusión presupuestaria.
Es justamente en ese espacio donde Bullrich busca hacerse fuerte. La senadora no necesita romper con Milei ni desafiarlo de manera frontal; le alcanza con mostrar que existe otra forma de interpretar el momento político, con menos estridencia, mayor pragmatismo y una lectura más atenta de lo que pasa fuera de la Casa Rosada.
Las señales de Bullrich son demasiado estridentes como para reducirlas a una disputa de protagonismo.
La incógnita es si Milei se dará cuenta a tiempo de que ese movimiento no es sólo una maniobra personal, sino también un síntoma del desgaste de su propia estrategia. Porque Bullrich ya se corrió. Ahora falta saber qué hará Milei.
Mariano Bergero
Fuente: https://www.lavoz.com.ar/politica/bullrich-corrio-hara-milei_0_AuTkU9qT4k.html

La senadora profundiza sus gestos de autonomía mientras el desgaste económico y social obliga a Milei a recalcular. La incógnita es si el Presidente podrá corregir el rumbo sin ceder el control político. 