Martes, 28 Enero 2020 21:00

Liderazgo difuso - Por Sergio Crivelli

Escrito por

Alberto Fernández ha convertido la deuda en el primer punto de su agenda y en la clave sobre su futuro, pero el que tomó la delantera en la materia fue Axel Kicillof, creación política de Cristina Kirchner.

 

De allí que el Presidente enfrente dos problemas. Primero, debe medir sus fuerzas en un terreno desfavorable, porque los bonistas y el FMI son mucho menos dóciles que el `establishment' local. Segundo, resignar el monopolio de la iniciativa lesiona su liderazgo. Kicillof toma decisiones que afectan a la Nación.

El resultado de la pulseada con los acreedores es crucial. Sin un acuerdo la economía entraría en un túnel que no se sabe dónde desemboca. A Fernández le afecta tanto la falta de dólares como la falta de confianza en su capacidad de ejercer el poder. En la desconfianza que transmite hay que buscar la causa principal del fuerte deterioro a partir de la derrota de Macri en las PASO de las variables macroeconómicas que habían dado poco antes las primeras señales de recuperación.

Prueba de las dudas de Wall Street es que el FMI, organismo cuyo auxilio ahora poco menos que se implora, haya dejado abruptamente de financiar al país desde el triunfo peronista. De un préstamo pactado en 57 mil millones de dólares, no entregó 13 mil millones cuando supo con certeza que un kirchnerismo apenas maquillado volvería a la Casa Rosada.

Esto obedece en apreciable medida a que no se sabe quién tiene la mayor porción del poder: si el Presidente o su vice. Si la experiencia histórica sobre el peronismo y su actitud frente a la deuda es mala, la incertidumbre sobre quién empuña el timón puede resultar peor.

Al respecto el presidente Fernández dio un paso en el camino más conveniente para sus propósitos al viajar a Israel en una señal de alineamiento con los Estados Unidos. La comida con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, con las banderas de los dos países en primer plano resultó más explícita que la poco diplomática explicación del canciller Felipe Solá acerca de que el objetivo del gobierno argentino era dejar atrás los "cuestionamientos a Cristina''. Es decir, los coqueteos con Irán y Hezbollah y su enfrentamiento con el desaparecido fiscal Nisman.

En su almuerzo con Netanyahu, Fernández probó los frutos amargos de la descabellada política internacional de CFK. Pero llamativamente no se desligó por completo de ella. Llevó en la comitiva a Axel Kicillof, autor de una movida de riesgo: anticipar que no pagaría a los bonistas un vencimiento por 250 millones de dólares. Como esa jugada no prosperó la cambió ofreciendo el pago por adelantado de una parte de los intereses.

El ex ministro Economía Hernán Lacunza aseguró que Kicillof recibió fondos suficientes para hacer frente a ese compromiso, mientras Fernández tomaba distancia: "Hay que dejarlo hacer y esperar''. Parece usarlo de globo de ensayo para medir la reacción de los acreedores. Pero no está claro quién usa a quién. La situación es insólita. Para encontrar un gobernador bonaerense que haya manejado intereses de la Nación hay que remontarse a Rosas.

El poder presidencial es unipersonal. Quien lo ejerce debe tomar en última instancia las decisiones en soledad, porque necesita actuar en libertad. Debe resolver según su criterio y sin esperar la aprobación de los demás. En eso consiste el liderazgo o la conducción de hombres como la llamaba Perón.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…