Sábado, 21 Marzo 2020 21:00

Una oportunidad inesperada para construir un liderazgo personal - Por Sergio Crivelli

Escrito por

El presidente asumió con una debilidad congénita, el patronazgo político de su vice. Pero la crisis sanitaria le abre una chance sorpresiva para generar un liderazgo individual y autónomo.

 

El miércoles por la noche el vocero presidencial, Juan Biondi, publicó en Twitter una foto en la que se lo veía subiendo a un auto en la explanada de la Casa Rosada por el lado del acompañante. Por el del conductor lo hacía el presidente. El texto decía: “Volver a casa después de un largo día y que te lleve el conductor de 44 millones de argentinos … un lujo”.

El posteo puede ser considerado producto del entusiasmo indebido de un empleado, pero también como una señal clara de lo que quiere construir la comunicación presidencial: la de un piloto de tormenta en medio de una crisis sanitaria global. Un estadista que tiene el timón, un conductor en horas de dificultades extraordinarias. Un jefe, no un burócrata reciclado.

Por esas mismas horas el radical Mario Negri, que suele anotarse primero en las peleas verbales con el kirchnerismo, también sorprendió con una declaración. Le dijo a Fernández que era “el comandante” en la batalla contra el coronavirus y comprometió a la oposición a apoyar todas las medidas dictadas por él que fueran necesarias. La metáfora castrense no fue de ningún oficialista con nostalgias del “general”, pero sí dirigida al peronismo.

A esa altura el silencio de Cristina Kirchner y de sus voceros más beligerantes era atronador. La grieta había cambiado de recorrido. Ya no separaba al oficialismo y Cambiemos, sino que corría entre dos capillas peronistas.

Si las imágenes son más elocuentes que las palabras allí están las de Fernández llevando siempre de ladero a Horacio Rodríguez Larreta en las conferencias de prensa. Por ejemplo, en la del miércoles, mientras a su lado Axel Kicillof escribía distraídamente en un cuaderno. Al día siguiente la rueda de prensa en la que anunció la cuarentena nacional se demoró hasta pasadas las 22 a la espera de que Kicillof, que no había concurrido a la reunión de gobernadores, llegara a Olivos para flanquear al presidente. Según trascendió, no era partidario de la maxicuarentena que impacta de lleno en los cuentapropistas y trabajadores en negro (35% del total) que saturan el conurbano. Pero fue. Fernández apareció rodeado también por un radical, Gerardo Morales, Rodríguez Larreta y un peronista no “K”, el santafecino Omar Perotti.

Al presidente le costó ocupar el centro de la escena, lo hizo lentamente y con errores. Algunos inducidos por las declaraciones desafortunadas de Ginés González García, que no estuvo a la altura del desafío. Pero cometió también errores no forzados como el pedido para que siguiera el fútbol gratuitamente. Fue puesto en su lugar por los futbolistas.

Uno de sus principales méritos fue seguir las indicaciones de los sanitaristas. Jugó también a su favor que los médicos pudieron ver con tiempo los desastres de Italia y España. De todas maneras, el acierto hay que computárselo a Fernández que se inclinó por el pragmatismo a ultranza y no se paralizó ni tomó distancia como su mentora que viajó a Cuba, pero volvió a paso redoblado al comprobar que alguien estaba ocupando su lugar.

También el coronavirus significó un alivio mediático, al menos pasajero, para el presidente al desviar la atención de la cada vez más grave situación económica local. Una situación que se agravó por la crisis global, sumada a la parálisis de los primeros 100 días de gestión presidencial a la espera de un perdón absoluto en el pago de la deuda. Si es difícil manejarse en condiciones externas adversas, lo es mucho más sin financiamiento y con la caída del precio de los “commodities” (soja, petróleo) que son casi las únicas fuentes de ingreso genuino de dólares. Los bonos de la deuda argentina se derrumbaron hasta precio de default. Eso es lo que piensan los mercados del futuro económico del país.

Ante la emergencia el presidente reaccionó con medidas electoralistas: más fondos para los jubilados de la mínima y los planeros, preocupación tardía por la cadena de pagos que está mal desde antes del coronavirus, REPRO para todos y todas y plata barata para los que no tienen en qué invertir. Apostó a emitir y a estimular el consumo, receta parecida a la de diciembre que obviamente no dio resultado. Cálculos empresariales pronostican que las pérdidas superarán el 1% del PBI, la pobreza aumentará entre tres y cinco puntos, las reservas seguirán evaporándose aun con supercepo y las industrias no alimentarias (autos, indumentaria, etc.) caerán más del 10% este año.

Un panorama desalentador, con o sin liderazgo recuperado.

Sergio Crivelli
Twitter: @CrivelliSergio

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…