Política

El oficialismo es el único que está y se autopercibe obligado a salir triunfante con solvencia en los comicios nacionales y a crecer y debilitar a sus adversarios en los territorios que hoy le son adversos 

La pelea en el Congreso y por el control de la calle obligó al presidente a recalcular todo. Los números que complican su estrategia. Los detalles de las negociaciones en el Congreso.

Fueron postales de una sociedad anómica, sin ley ni orden. Nadie estuvo en su lugar. Nadie hizo las cosas como deben hacerse. Una protesta de jubilados fue siempre una protesta pacífica. ¿Quién vio a un jubilado tirar piedras o incendiar autos? Pero en la tarde del miércoles último, ingrato y sorpresivo, se les unieron a los jubilados una mezcla de barrabravas y de otros delincuentes, según una denuncia pública del gobierno de la Capital.

Funciona el personaje como si fuera Rufus, apelativo que no le disgusta, un sobreviviente del Apocalipsis zombie en el mundo del cómic. Al menos tiene buen humor Manuel García-Mansilla, integrante de la Corte Suprema por decreto, temporal (nadie sabe si dura 72 horas o hasta fines de noviembre), quien actúa como si se fuera a quedar dos décadas en ese tribunal, el límite de edad permitido para un ministro hoy de 55 años. Ha armado ya un equipo judicial con gente del Palacio de Justicia, firma resoluciones –la cátedra sostiene que son válidas–, y parece desentenderse de un proceso que depende de dos mujeres: el transitorio, corresponde a Victoria Villarruel, quien determinará cuándo convoca al Senado y trata su designación y, el más duradero de Cristina de Kirchner, quien dispone de suficientes senadores para expulsarlo o confirmarlo en el tribunal.  

Un sacudón con el dólar fue el último fantasma de una semana brutal para el Gobierno. El poder de la ministra de Seguridad y la pelea por las próximas marchas. La descomposición libertaria y el todos contra todos. Otras derrotas de La Libertad Avanza. Kicillof y la trampa de Cristina Kirchner. 

El Presidente se siente cómodo justificando la acción de las fuerzas federales, aunque su ministra de Seguridad haya sido objeto de duras críticas 

El exjefe porteño evalúa competir en los comicios del 18 de mayo con un sello propio, una maniobra que complica el plan del macrismo para blindar la Capital; los libertarios se preparan para la batalla y analizan “tres o cuatro opciones” de postulantes: ¿juega Adorni?

En el universo mileísta, la creencia dominante es que los desmanes dejaron un saldo positivo en la imagen gubernamental 

Corrupción e inseguridad son los problemas que identifica más del 50 por ciento de los consultados en la primera semana de marzo por la encuestadora que releva datos para la mayoría de los dirigentes peronistas. Dos temas que incomodan al Gobierno por su permanencia en la conversación pública. No solo porque está revelando la impotencia de su estrategia de comunicación para imponer en ese debate una agenda propia. También porque no puede eludir la responsabilidad que le cabe en el criptogate y en los crecientes episodios de violencia. 

La degradación de la política argentina anteayer irrumpió en dos escenarios: el espectáculo de la Cámara de Diputados y los barrabravas convertidos en defensores de los jubilados, incentivados quizás con dinero -aunque eso les sobra- o con la garantía de impunidad de la que gozan desde hace muchos años. 

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