Política

En diciembre, cuando asumió la presidencia en medio de un desastre económico terminal, nadie hubiera imaginado que apenas tres meses después Javier Milei se encontraría en situación de desafiar a la oposición y asegurar, por ejemplo, que la figura sobre la que giró la política argentina durante los últimos 20 años, Cristina Kirchner, pertenece a un capítulo ya cerrado de la historia. 

La reunión con los mandatarios de JxC dejó al Presidente a un paso de conseguir la tupacamarizada “Ley de bases”; opositores y oficialistas miran el calendario electoral tanto como la temperatura de la calle y de las redes.

A medida que avanza en su gestión, el presidente libertario muestra curiosas coincidencias con sus antecesores peronistas, incluidos los Kirchner.

El presidente frenó la crisis monetaria con un ajuste homérico que, sin embargo, no le hizo perder votos. La tolerancia de la clase media dejó sin respuesta a la burocracia del PJ y la UCR.

Javier Milei está aplicando el ajuste más importante de la economía que se haya registrado en el mundo en los últimos años. No es su culpa. Es la consecuencia de 16 años de kirchnerismo, que destruyó aún más lo que ya estaba destruido. En todo caso, los desacuerdos con el Presidente y el ministro de Economía, Luis Caputo, refieren a cómo hacen el ajuste.

La estanflación está dejando de ser una palabra de la jerga económica para ser una realidad concreta, mientras en las redes y en las calles empiezan a discutirle la hegemonía al discurso oficial 

La conflictividad sindical y el posible fin de la épica del sacrificio son los renovados desafíos del Gobierno; el retroceso salarial puede dificultar la negociación con los gobernadores provinciales  

Ariel Lijo es un eslabón crucial en la compleja trama de intercambio de favores y dinero entre sectores de la Justicia, el espionaje y dirigencias de la mayoría de los partidos políticos. Una plataforma de protección y permanencia en el poder para un grupo significativo de ellos, como reaseguro de la supervivencia de esa cadena de solidaridades. Pero sobre todo de su capacidad de intervenir en los asuntos del Estado sin que medie la autorización de ley alguna. 

Sucedió hace, exactamente, un año atrás. El por entonces Presidente Alberto Fernández -hoy jubilado con 7 millones de pesos de haber- aún se ilusionaba con la construcción de un candidato que le permitiera pelear con Cristina Kirchner. El elegido era Daniel Scioli, luego traicionado de forma brutal por el propio Fernández y su entorno. Lo entregaron.

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