Política

A casi cuatro décadas de que el justicialismo estuviera a favor de la autoamnistía que se habían firmado los dictadores militares, desde la Plaza de Mayo se reclamó el cierre de procesos judiciales por corrupción 

Cual si fuera guionista de alguna popular serie televisiva, moderna prestidigitación de la vida que ella dice consumir a destajo, Cristina Kirchner siempre tiene debajo de la manga salidas alternativas para zafar de las encerronas más increíbles. La vicepresidenta aplica tanto los estereotipos del género que hace siempre lo necesario para caer bien parada y para que en el capítulo siguiente el público ya piense en otra cosa.

El Gobierno está a punto de exigir un pase sanitario en la provincia de Buenos Aires para contener los contagios de la variante ómicron del coronavirus, pero al mismo tiempo convoca a una multitudinaria marcha autorreferencial y sectaria por el aniversario de una celebración colectiva de todos los argentinos 

Mérito de La Cámpora: juntó más gente que los hinchas de River que el día anterior festejaron una victoria de hace tres años. Y no son los de la banda la mitad más uno en el fútbol. Igual costó demasiado cara esa ventaja numérica; en un lado se pagaba la asistencia, en el otro fue gratuita, voluntaria.

Hoy el Gobierno intentará mostrar que está dispuesto a dar batalla, a pesar de la derrota, la impopularidad del Presidente y las internas que entorpecen la gestión 

Se despidió del Senado con un conmovedor desafío a la dirigencia. “Ya probamos con la grieta y acá estamos”, advirtió. 

Se suceden los acontecimientos en la semana: el viernes habla Cristina en Plaza de Mayo, en un acto preparado por la propia “platita” de La Cámpora o del gobierno, difícil que en esa evocación sobre la vuelta a la democracia le diga orgullosa a la multitud: “Le vamos a pagar al Fondo”. 

Condicionadas en el Congreso y amenazadas en la Justicia, las huestes de Cristina Kirchner optan por presionar a los jueces y amedrentar a la prensa 

Los berrinches y las críticas escuchadas estos días tras la división del bloque radical en la Cámara de Diputados ponen, en escena, una realidad contundente: La política argentina atraviesa un claro momento de transición. El problema no es el radicalismo al que se lo juzgó con una vara distinta de lo que han hecho otros diputados que llegaron por la oposición tras las elecciones del 14 de noviembre

La división, el narcisismo político y las ambiciones sin límites ni medidas entre ciertos opositores mancha a toda la oposición y coloca a la sociedad sin alternativas, peligrosamente sin opciones 

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