Política

A Pio Cabanillas, un exlegislador y exfuncionario de la entonces recién instaurada democracia española, se le atribuye una frase irónica, pero ilustrativa de las peleas internas de su gobierno: “¡Cuerpo a tierra que vienen los nuestros!”. El mileísmo argentino, acorralado por denuncias de presunta corrupción de sus propios funcionarios y por declaraciones estentóreas de sus propios legisladores, está en condiciones de repetir aquella frase sarcástica de Cabanillas.

La viuda de Kirchner fue terminante hace tres días desde su lugar en el mundo, en la calle San José: “Esto es el 2001”. Piensa igual que Eduardo Duhalde, quien –hace una quincena– invitó a Enrique “Coti” Nosiglia para enfrentar la actual crisis, como en 2001, reeditando la asociación política entre él y Raúl Alfonsín, un acuerdo o contubernio que le permitió acceder a la Casa Rosada luego de desalojar a Fernando de la Rúa. Como es hábito, 72 horas más tarde Duhalde presentó un nuevo libro con sus aportes institucionales a la patria, refrescando la teoría de que el entendimiento entre la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista entonces había salvado al país. Sobre todo, a los que ahorraban en dólares. 

En medio del escándalo por presuntas coimas, en la Casa Rosada analizan una presentación judicial para que se investigue un “aparato de inteligencia ilegal” por los audios adjudicados a la hermana del Presidente. Libertarios y kirchneristas van a una elección “a ciegas” en la provincia de Buenos Aires. Alertan sobre un conflicto con los fiscales 

El caso Spagnuolo siembra dudas sobre la tesis oficialista de que un triunfo arrasador en las elecciones ordenaría la política y las finanzas; la perplejidad del Gobierno y la furia de Milei.

En una columna de junio de 2022, más de un año antes de que Javier Milei ganara las elecciones, escribí que el libertario encarnaba un populismo de derecha. Repasé correspondencias entre su personalidad y la de Cristina Kirchner, una serie de similitudes que los espejaban a pesar de defender posturas ideológicas opuestas.

Milei decidió atar su destino a dos domingos, como si fuera un jugador al que le sobra confianza y le faltan fichas 

Las encuestas hablan de una sangría de votos libertarios y preocupan al Gobierno. Pero ¿alguien está en condiciones de capitalizar ese bajón? Lo difícil que es criticar la corrupción desde una prisión domiciliaria. 

“Fuerza Patria gana la elección del 7 de septiembre por 15 puntos”. Tamaña aseveración pertenece a un denominado barón del conurbano con muchos años de control territorial firme y sin haber perdido nunca una elección en su distrito. Es decir, un conocedor como pocos de los finos equilibrios entre humor social, despliegue de aparatos políticos y resultados electorales. Claro que en tiempos de datos científicos para auscultar la opinión pública, la percepción de saber leer las realidades barriales aún es un activo que cotiza, lo “viejo funciona”, diría la frase que se inmortalizó en la serie El Eternauta. 

La alarmante ineficacia del Estado para brindarle protección a su máxima autoridad y la incapacidad de las representaciones políticas para procesar sus diferencias dentro del espacio previsto a ese efecto por las instituciones quedó fielmente reflejado por los incidentes de anteayer en Lomas de Zamora. Javier Milei fue agredido mientras encabezaba un acto proselitista a favor de los candidatos de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Un episodio con similitudes al del atentado contra Cristina. Sobre todo por la deficiente prestación del operativo de seguridad y las custodias oficiales. 

Una caravana de campaña libertaria terminó mal. Un operativo con francotiradores y el informe de inteligencia que recomendó no exponer al presidente. Un mal momento que sintetiza la pésima situación del Gobierno. 

Top