Viernes, 19 Noviembre 2021 06:31

La Plaza de la derrota platónica - Por Héctor Gambini

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El Gobierno finge negar el impacto de la derrota electoral y se relanza hacia sí mismo sin resolver sus internas. 

No es un shock emocional sino una estrategia extraña, pero pasadas 72 horas desde el domingo el Gobierno no se da por aludido sobre el resultado electoral. 

"Nadie nos ha vencido..." -vociferó Alberto Fernández ante una Plaza de Mayo de composición heterogénea y atención dispar-, "...Sólo es vencido el que pierde sus ganas de luchar".

El Gobierno festejó la confusión de su realidad paralela con una marcha en la Plaza de Mayo después de que la candidata en la Provincia afirmara que ellos perdieron ganando, que la vocera presidencial dijese que la derrota en la Provincia fue un empate y que el ministro de Seguridad Aníbal Fernández hasta deslizara la idea de una reelección para el Presidente.

La Plaza concurrida -muchos globos, poco fervor- sólo alimentó el relanzamiento de un cambio de ánimo puertas adentro.

Pero no conseguiría ni eso: los recelos crecientes entre la coalición gobernante llevaron a que La Cámpora se quedara en el Obelisco, lejos de la Plaza, y que Máximo Kirchner se hiciera selfies con los militantes ignorando por completo el discurso presidencial.

"La verdad que no pudimos escuchar nada", se sinceró desde allí el Cuervo Larroque. Sonreía.

El Gobierno derrotado que se autopercibe ganador huye hacia adelante con los ojos vendados.

Cuidado: la negación crónica es síntoma de estrés post-traumático y lleva a repetir errores.

La retórica para cambiar los hechos habla de la narrativa kirchnerista clásica que llama “adecuación de precios” a la inflación, “problemas socioculturales” a la inseguridad, “autoridades decisionales” a los vacunados VIP y “herencia familiar” a la fortuna inexplicable.

Para recordar: cuando una radio lo consultó sobre de dónde había sacado tanta plata, Máximo Kirchner contestó que no entendía la pregunta.

Aníbal Fernández siguió esta semana: “Si te acompañan, tan mal no debés haber hecho las cosas...”.

¿De qué acompañamiento hablaba? Está claro que la realidad exterior no importa.

La confusión de Aníbal lo había llevado a tuitear, el domingo de elecciones, que la Gendarmería llevaba urnas para votar en “Iruya, Jujuy”. Pero Iruya queda en Salta.

Parte de esa misma autopercepción triunfal -o su contracara: fingir negar el impacto de la derrota- sería el regreso de 6-7-8, que ahora se llamará 6-7-9 y tendrá un formato de informes difundidos por las redes sociales.

Además de buscar sostener la épica de la realidad paralela para la endogamia de su audiencia militante, es posible que esté destinado a reinstalar la idea del lawfare contra Cristina, justo cuando la vicepresidenta perdió el quórum propio en el Senado donde organiza gran parte de su estrategia judicial.

Este miércoles, al mismo tiempo en que los micros del conurbano cargaban gasoil para trasladar gente a la Plaza, un fiscal federal volvía a pedir que Cristina y sus hijos Máximo y Florencia sean juzgados por lavar dinero usando la estructura comercial de los hoteles familiares.

El resto es como en la Alegoría de la caverna de Platón: un grupo de hombres ve sombras proyectadas en la pared de una cueva donde sólo viven ellos y creen que la realidad es eso.

Afuera, cuando pase la autopercepción triunfal y se procese que la Plaza tibia no fue más que las sombras proyectadas de un anhelo esquivo, hallarán un país real para gobernar dos años más.

Que habló en las urnas -no en la Plaza- y está en silencio esperando respuestas.

Héctor Gambini

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