Domingo, 16 Agosto 2020 21:00

San Martín: las discordias políticas en el regreso de los restos del General - Por Omar López Mato

Escrito por

 

Para volver a la patria que había asistido a liberar del yugo español, el general San Martín debió esperar 30 largos años.

 

El General siempre odió el caos y la anarquía, por eso, cuando se declaró la nueva república francesa, prefirió mudarse de la convulsionada París al más apacible puerto de Boulogne-Sur-Mer. Desde allí podía, rápidamente, cruzar el canal y poner a su familia a salvo en Inglaterra en caso de desatarse una revolución.

Por esos años, a pesar de haber tomado los baños de Enghien, su salud se deterioraba. El 3 de agosto de 1850 sintió fuertes dolores que pronunciaban el final, "esa tormenta que conduce al puerto", como le había dicho a su hija. Finalmente, el 17, aunque se levantó de buen ánimo, rápidamente llegaron las molestias abdominales.

La hipótesis más difundida es que una úlcera o un cáncer gástrico ocasionaron su muerte, aunque otras versiones sostienen que bien podría haber sido un aneurisma de aorta. Fuera por una causa o la otra, esa afección llevó a San Martín hacia el puerto final. Postrado por el dolor, le pidió a Mariano Balcarce que lo llevara a su habitación para ahorrarle a su hija el doloroso espectáculo de su muerte. A las 3 de la tarde, el Libertador entregaba su alma y su legado a la posteridad.

Además de su familia y su médico, el doctor Jardon, estuvo presente durante su fallecimiento Francisco Rosales. Poco después arribaron José Guerrico y Félix Frías. Al día siguiente, su cuerpo fue depositado en la cripta de la basílica de Notre-Dame, destruida durante la revolución de 1789 y reconstruida con el retorno de la Monarquía. También estaba allí enterrado el almirante Bruix, cuyos dos hijos, Alejo y Eustaquio, habían servido a las órdenes del General durante la campaña libertadora.

El cuerpo de San Martín fue embalsamado en espera de un pronto retorno a Buenos Aires, sin embargo, las discordias argentinas atrasaron su repatriación por 30 años. En ese entonces, el gobierno de Rosas dirigió una carta a Mariano Balcarce expresando sus condolencias.

En Buenos Aires La Gazeta Mercantil publicó al año siguiente un artículo llamado "Recuerdos del general San Martín", firmado por "un argentino", pseudónimo de Bernardo de Irigoyen. En vista del prolongado proceso de expatriación, el ataúd del General fue trasladado a la bóveda que la familia Balcarce tenía en Brunoy, donde también se enterró a María Mercedes, nieta de San Martin muerta en 1860 a los 27 años, víctima de la desafortunada administración de una medicina.

Si bien San Martín era homenajeado y hasta inmortalizado en el bronce en Argentina, su cuerpo yacía a la espera de una repatriación que recién se definió cuando el presidente Avellaneda, acosado por desinteligencias políticas y económicas, necesitó del apoyo del partido de Mitre, quien había escrito la biografía del héroe durante la reclusión luego de la revolución de 1874.

Mitre peleó contra el fraude en las elecciones que habían consagrado a Avellaneda como presidente, siguiendo los deseos de Sarmiento. Para congraciarse con Mitre, Avellaneda recordó que "la República Argentina no guarda los despojos humanos del más glorioso de sus hijos", y que "los pueblos que se apoyan sobre tumbas gloriosas son los que mejor se preparan para el porvenir". Finalmente, Mitre fue el orador central en los homenajes que en 1880 rodearon la llegada de los restos de San Martín.

Pero los restos mortales del General sufrieron una última afrenta cuando, al intentar depositarlo en el Panteón diseñado por el francés Carrier Belleuse en la Catedral de Buenos Aires, se percataron de que no entraba. Resulta que a los tres ataúdes que albergaban los restos del General, el pueblo uruguayo le había obsequiado un cuarto féretro.

Como el escultor había tomado las medidas de los tres primeros, ya no podía entrar en el espacio asignado. Por meses, los restos del General yacieron en la cripta de la Catedral, esperando alguna solución técnica, hasta que se decidió ubicarlo inclinado. Algunos quisieron ver en esta inclinación una recriminación a la condición de masón del general. De todos modos, nuestra historia es rica en disensos, afrentas póstumas y teorías conspirativas que alcanzaron al gran padre de la patria.

Omar López Mato
Historiador y autor del sitio Historia Hoy

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…