Martes, 10 Noviembre 2020 13:44

El drama empieza ahora - Por Omar López Mato

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Los griegos hacían una diferencia entre drama y tragedia. El drama (que significa “actuar”) responsabiliza de las consecuencias adversas a los mismos protagonistas, los hombres. En la tragedia, el destino fatal es obra de los dioses, de fuerzas superiores.

 

¿A la Argentina, le espera un drama o una tragedia?

Como toda predicción debemos tener claro que nada está escrito en las estrellas y menos aún en las vísceras de los animales sacrificados, como hacían los sacerdotes en el oráculo. Sólo es una especulación sobre el futuro, una actividad necesaria como proyección psicológica, que sirve para alentar esperanzas o alimentar frustraciones.

El 2020 comenzó como una tragedia: los dioses dispersaron un virus por el mundo. Era uno muy especial; contagioso, pero poco agresivo. De hecho, seis meses después, estamos viendo que la mortalidad total (todas las causas de muerte en una población) son semejantes (o menores) a las del año pasado. Al principio, cundió la alarma, algo normal ante lo desconocido; “son necesarios más respiradores!”, clamaron las autoridades y con esa excusa encerraron a media humanidad en sus casas.

La gente, sin mejor cosa que hacer, utilizaron el tiempo libre para escuchar con morbosa curiosidad los números de infectados y muertos. Ese recuento se convirtió en parte de nuestras vidas, en una rutina macabra. Todas las mañanas amanecemos analizando las “curvas de contagio”, sin saber exactamente con qué compararlas. Y analizamos el desempeño de cada país con cierta fruición futbolera "Vamos ganando”, exclamó algún entusiasta algo despistado, sin percibir que recién mediaban los primeros minutos del partido.

Puesta en marcha la tragedia, por la furia de los dioses, comienza el drama, las consecuencias creadas por los hombres, las secuelas de las medidas tomadas por las autoridades. El mundo cambió en meses. El orden mundial se ha visto alterado, el dominio de los EEUU ya no es tal. China fue la ganadora. ¿Conciliará posiciones Biden con Xi  Jinping? Rusia no será la misma si es que Putin da un paso al costado como se rumorea.

El mundo se encogió. Todo esta está más cerca gracias a las comunicaciones. No hace falta ir al shopping, los productos se acercan a tu casa. Viviremos un mundo menos sofisticado: La vida social se limitará, no harán falta vestidos elegantes ni joyas ni ostentación (con obvias secuelas económicas). Nuestros hogares serán nuestras fortalezas, centradas en la cocina y alrededor de la PC o el televisor.

Las grandes ciudades han demostrado ser trampas mortales y la gente buscará algo más en que creer como cada vez que ocurre una pandemia. No será el fin de las religiones, solo que cada vez habrá nuevas cosas en que creer...

 El 2021 comienza con esa expectativa sobrevalorada de que el 1ro de enero por arte de magia, todo será mejor, y las penas acumuladas se disiparan y nuestras desventuras desaparecen… pero lo único que encontramos es que después del 1ro de enero, viene el 2, el 3 y el 4… así sucesivamente con los mismos pesares que teníamos el 15 de noviembre o el 10 de diciembre.

Para Argentina el año próximo será especialmente duro, las empresas deberán contemplar las heridas sufridas por el prolongado encierro y valorar la posibilidad de continuación en un panorama mundial que puede no ser alentador. ¿Vendrá el FMI a asistirnos? ¿Habrá créditos para la refinanciación a las empresas?

Esta “pax cambiaria” que vivimos la última quincena alienta alguna expectativa: el gobierno parece haber entendido que sin inversión el país se cae como un castillo de naipes y que necesita el apoyo de los inversores locales porque los extranjeros están cansados de este defaulteador serial que al igual que un alcohólico promete enmendarse una y otra vez… Hasta ahora todo está contenido por la red invisible de la cuarentena. La pregunta es ¿qué pasará después? Nada bueno: despidos reclamos sociales, protestas sindicales, quiebre inexorable de empresas, colapso de la salud… 2021 puede marcar el fin de la clase media que se aferra con uñas y dientes a su condición, difícil de conservar en un país en plano inclinado.

 La izquierda (dentro y fuera del kirchnerismo) hará sus reclamos y tratará de ganar posicionamiento político siguiendo la épica leninista de hace un siglo. Siempre para adelante, aunque los errores y fracasos se acumulen. Van a perseverar y golpear una y otra vez.

 El drama se verá en las calles, en las fábricas, en las escuelas (la dura vuelta a las clases). El campo, como generador de las riquezas argentinas, hará también sus reclamos, cansados de ser siempre los más perjudicados, los que bancan el festín populista del gobierno.

El tema de la pandemia se irá diluyendo, habrá más brotes, eso es seguro. Habrá una vacuna que no será obligatoria en los papeles, pero si en la práctica (¡no se deben aceptar las hechas a base de ADN o ARNm por favor!) y habrá quejas por la vacuna y en contra de la vacunación, por haberla recibido o por no haberla recibido. Viviremos con el miedo a una nueva mutación o a otro germen que espera agazapado en murciélagos, visones o…

Podrás olvidarte la billetera y los documentos, pero no el barbijo. En el 2021 se pagarán las secuelas biológicas del prolongado encierro: adicciones, alcoholismo, violencia familiar, delincuencia y depresión, sobre todo depresión, trastornos psiquiátricos, conflictividad, divorcios, mala escolaridad, abandono de estudios.

 El mundo evoluciona hacia una versión simplificada, una mayor contención social, una estructura que alentará al pobrismo, la renta universal, la restricción sutil de nuestras libertades por una ciber-vigilancia. Mar haremos hacia una concentración de las riquezas y gobiernos biocraticos que, con la excusa de la salud de la población van a cercenar nuestros derechos.

La tragedia está terminando, comienza el drama. 

Dr. Omar López Mato 
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