Domingo, 13 Diciembre 2020 11:32

Lo que no dijo Cristina en su carta, y el publicista estrella que mete ruido en la oposición - Por Santiago Fioriti

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Alberto y su vice charlaron 10 minutos a solas. La tensión continúa. Qué irrita a CFK. La cumbre del PRO y un inesperado apoyo para Espert y Milei.

"¿Vamos a ver a Litto?". Una hora antes de asistir al Espacio de la Memoria, Alberto Fernández le pidió a uno de sus colaboradores que lo cruzara en su auto particular desde la Casa Rosada hasta el Centro Cultural Kirchner. Litto Nebbia estaba grabando un streaming. El Presidente buscaba en secreto un poco de distensión. Un rato antes había llamado a Cristina para invitarla al acto de entrega de premios Azucena Villaflor. "Vos promoviste todo esto, tenés que estar", le dijo. Después de ver a Litto, Alberto volvió a cruzarse y tomó el helicóptero junto a tres funcionarios. Cuando llegó al Espacio de la Memoria, Cristina lo estaba esperando en un salón, acompañada por su secretario privado. Compartieron diez minutos a solas.

Podrían resultar engañosos los últimos movimientos de la dupla presidencial. La relación sigue fría y distante. Cristina está enojada por su situación judicial. Alberto no quiere, no sabe o no termina de encontrar la forma de aliviar sus penas. La vice expresó su malestar en la carta, aunque no dijo todo lo que pensaba. La ratificación de la condena a Amado Boudou por parte de la Corte Suprema alteró sus días. Quiere avanzar sobre los cinco jueces. "Se dio cuenta de que, si ella o sus hijos son condenados, la Corte no los va a salvar", afirma un influyente dirigente que transita pasillos políticos y judiciales. Un hombre con despacho en la Casa Rosada suele ejemplificar: "Cristina armó la fiesta, puso a los invitados y pagó el salón, pero es la única que no está disfrutando del baile".  

Detrás emerge siempre el miedo a un revés en las urnas. Cristina sabe lo que implicaría una desgracia electoral. Los antecedentes están demasiado frescos. La ex presidenta pudo digerir que no fuera Daniel Scioli su sucesor en 2015. Pero nunca pudo tolerar su propia derrota dos años más tarde, a manos de Esteban Bullrich y de Gladys González. No solo por la derrota en sí misma, sino porque considera que eso llevó a los jueces a acelerar sus causas y a quedar más expuesta que nunca frente a la sociedad.

En algo tiene razón: más de un magistrado, como muchos protagonistas del sistema de poder en general, creyeron que su tiempo político estaba acabado. La Justicia, más allá de las pruebas, testimonios y acusaciones que se acumulan en sus ocho procesamientos, sintió que el clima social acompañaba para avanzar. Lo hicieron.

Eran tiempos en los que Mauricio Macri gozaba de niveles muy altos de popularidad y los más osados discutían quién iba a sucederlo en 2023. 2019 asomaba como un trámite para la reelección. La historia posterior es conocida. La apuesta permanente del macrismo por la polarización y el deterioro de la economía, que saltaba de crisis en crisis y de devaluación en devaluación, le dieron aire al regreso. La unidad del peronismo hizo el resto.

Hoy, sin embargo, Cristina mira aquel espejo de 2017. Con un agravante indisimulable en su estado de ánimo: la situación de Boudou. La jefa del frente montó un impresionante operativo de defensa de quien fue su compañero de gestión. Hasta Santiago Cafiero escribió un tuit, no se sabe si a pedido o simplemente para congraciarse con ella. Se supone que el jefe de Gabinete representa el pensamiento de Alberto.

El primer mandatario habla de muchos temas de modo casi cotidiano. Hasta ahora nadie le ha preguntado en serio por Boudou. Lo último que dijo sobre él fue escrito por sus propias manos en La Nación, en 2014. Sostuvo en un párrafo: "Boudou ya no tiene coartadas. Los argentinos saben cuánto ha mentido en su alocada carrera por escapar de los hechos que se le atribuyen". En otro tramo apuntó a su actual aliada: "Tratando de preservarlo, Cristina no dudó en involucrar al parlamento en el más grave encubrimiento que se recuerda: la expropiación de Ciccone".

La oposición apuesta a que 2021 sea un trampolín para la contienda presidencial. Aunque desde hace casi un mes su principal referente, Horacio Rodríguez Larreta, tiene la cabeza en otra parte. Los arrebatos a los recursos porteños lo sacaron de eje. Parecía difícil que eso sucediera frente a alguien que, por ejemplo, se dedica al menos una vez por semana a hablar durante cuarenta minutos con desconocidos intendentes de distintos rincones del país. El kirchnerismo lo hizo. Tiene esa habilidad y la va a seguir usando.

La provincia de Buenos Aires será de nuevo el corazón de la pelea. El nombre de María Eugenia Vidal es el más fuerte para encarar la batalla. Pero Vidal está haciendo de su futuro un misterio. Sabe que todos la quieren como candidata y no da ninguna pista, casi no se muestra en público ni brinda entrevistas desde que dejó la gobernación. Rodríguez Larreta es el principal interesado en que compita en el principal bastión cristinista. Se cuida de pedírselo y le exige al resto de Juntos por el Cambio que no la presionen.

Vidal solo sería candidata si viera la posibilidad concreta de ganar. Vislumbra que algunos quieren hacerla competir aun cuando pudiera perder porque, al menos, sería la garantía de una derrota digna. El triunfo de Axel Kicillof dejó secuelas: el macrismo perdió entonces por 14 puntos. No puede darse ese lujo el año próximo. La idea es ampliar el espacio y sumar peronistas. "Dejar de parecer gorilas", propuso Jorge Macri en la reunión del viernes que mantuvieron los principales referentes del PRO. Larreta asintió. La mira de ellos y de otros actores del frente está en los votantes de Roberto Lavagna.

"Hay que jugar todo a la provincia. Si es necesario que vayan Vidal, Carrió y Santilli en la misma boleta. Si el Gobierno pone todo, nosotros tendremos que hacer lo mismo", dice un hombre que se mueve en las sombras con aval de Larreta. Carrió estaría dispuesta a una maniobra de este tipo si, como dice en privado, está en juego la República. Diego Santilli se entusiasma cada vez más con saltar de distrito y pelear la gobernación en 2023. No se descarta que antes pueda renunciar a la vice jefatura porteña si fuera necesario una escala como candidato en la legislativas. Otro que suena es Facundo Manes. El neurocientífico solo se postularía si encabezara la lista.

Larreta, Carrió, Vidal, Santilli y el mismo Manes tienen un hilo conductor. No quieren que Juntos por el Cambio se radicalice en el discurso. Prefieren caminar por el centro. Macri y Patricia Bullrich se resisten. "Lamento haber tenido razón", fue una de las primeras frases que dijo Macri el viernes. Se refería a la embestida del kirchnerismo contra la Ciudad, al "ataque a las libertades" y al infructuoso acercamiento del alcalde con el Presidente durante la pandemia.

El macrismo más ortodoxo teme que el discurso del larretismo se quede a mitad de camino y que de buenas a primeras aparezcan opciones disruptivas o antisistemas, no para ganar la elección, pero sí para quitarles votos. Las figuras de José Luis Espert y de Javier Milei, por ahora personajes marginales, aunque con fuerte presencia mediática, despiertan algunos fantasmas. Espert avisó que será candidato a diputado en tierra bonaerense, donde cada voto que pudiera perder el macrismo resultaría vital para el kirchnerismo.

Espert y Milei acaban de recibir un impensado aporte de un vanguardista de la publicidad. Presentado por unos amigos, y aunque aún no tienen firmado ningún compromiso, Ramiro Agulla -autor del célebre "dicen que soy aburrido" de Fernando De la Rúa- creó el logo y el nombre del espacio: Avanza Libertad. Su agencia realizó dos potentes spots de presentación y pronto formarán parte de la campaña.

Avanza Libertad apelará a los jóvenes y a un discurso que propondrá una fuerte eliminación de impuestos, de la mano de una implosión de la política, donde "se vayan los que tengan que irse". El primer spot apunta a reclutar voluntarios. Muestra a un joven que corre, presuntamente huyendo del sofocamiento de todas las prohibiciones. Alguien dice: "Vení, no podemos defender tu libertad sin vos".

Los liberales prometen hacer ruido, aun con sus contradicciones a cuestas. En las redes los acusan de ser los primeros liberales que impiden libertades, en relación al raid mediático de Milei haciendo campaña en contra del aborto. Son temas con los que tendrá que lidiar el equipo de Agulla. Los publicistas ayudan un poco en las campañas políticas. A veces demasiado. Lo que no hacen son milagros. 

 Santiago Fioriti

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