Martes, 29 Diciembre 2020 12:10

Aristóteles, la democracia, la demagogia y la tiranía o cómo destruir una nación - Por Omar López Mato

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Hoy nadie lee a Aristóteles y menos los políticos, a pesar de haber escrito un libro sobre el tema que funda las bases de la democracia, y señala la peligrosa tendencia a la demagogia. Fue Aristóteles el autor de la frase insigne del general Perón aquella que establecía el estrecho vínculo entre la verdad y la realidad.

 

Siempre es bueno volver a las fuentes y abrevar de los clásicos donde algunas frases nos sorprenden por su actualidad. Si no se entienden los clásicos como lecciones de vida, estamos condenados a repetir los errores.

Para Aristóteles no existe una democracia, hay distintos tipos, como ser aquella en la que la decisión de la mayoría es soberana y también aquella en la que las magistraturas se conceden a partir de los tributos (el que alcanza cierta renta puede participar en el gobierno). Otra forma es donde la ley (léase constitución) manda y una forma distinta de democracia es donde los decretos (normas dictadas bajo distintas circunstancias “son soberanos y no la ley”. Cuando esto ocurre, cuando siempre hay un motivo para dejar de lado la ley, “no estamos en una democracia – sostiene Aristóteles – sino en una demagogia”. Los demagogos no quieren someterse a la ley y se tornan despóticos. Estos son responsables de que los decretos/órdenes circunstanciales y arbitrarias, “tengan autoridad suprema y no las leyes” (Libro IV de Política de Aristóteles, pueden buscarlo).

A continuación, el sabio griego, advierte que estos demagogos controlan la opinión del pueblo y para desvirtuar las leyes acusan a los magistrados “y dicen que el pueblo debe juzgarlos” y de esta forma instan a que disuelvan las magistraturas (¿No es lo que pasó con la Corte Suprema?). En estos casos las democracias no son una República “porque en donde no mandan las leyes, no hay República” y a continuación afirma “una organización tal en la que todo se rige por decreto, tampoco es una democracia”.

Como decía al comienzo, nadie lee a los clásicos y eso nos obliga a repetir errores. Siempre se antepone una causa “indispensable y superior” a las leyes supremas (que así dejan de ser supremas)

Nuestra Constitución, la de la República Argentina, fue bastardeada, modificada, vuelta a modificar y ahora es un librito desdibujado al que algunos se refieren como citando una fuente ajena, como la cita de un clásico (lo es), de esos que nadie lee, pero del que todos hablan.   

La inseguridad jurídica (los decretos de Aristóteles) nos llevaron no solo a desvirtuar a la justicia sino al deterioro económico. ¿Cómo se puede invertir en un país, donde un decreto destruye todo lo que has hecho en vida? ¿Cómo vivir en un país de dinero desvirtuado? ¿Por qué deberíamos pagar impuestos sobre las ganancias y los bienes que ya tributaron? ¿No es doble imposición? Dicen que lo recaudado en impuestos será destinado a nobles fines… ¿Como cuáles? ¿Como sueños compartidos? ¿Como las autovías que no conducían a ninguna parte hechas por Austral? ¿Será por única vez como dicen ó será como el impuesto a las ganancias de 1932, como el impuesto al cheque y todas esas imposiciones que también eran “por única vez”?

Todas intenciones robinhoodescas: saco acá y pongo allá… Pero como los malos jugadores de ajedrez, estos “decretos” no valoran las consecuencias de lo que puede pasar dos movidas más tarde.  

Parece que el pensamiento mágico que alienta a algunos funcionarios solo puede valorar consecuencias directas y no los perjuicios indirectos a largo plazo. Creen que el distribucionismo es la solución, cuando solo crea más problemas que tapan con prebendas e hipertrofiando al Estado.

Los decretos (en el sentido aristotélico) ya han sido promulgados, el daño a las leyes ya está hecho. La inseguridad jurídica ya está establecida. De acá a la tiranía (en el sentido aristotélico) hay un paso que se está dando no tan solapadamente. Quizás algunos funcionarios y legisladores deban leer a Aristóteles para entender qué pasa cuando desvirtúan la democracia y la República. Quizás, ya sea mucho pedir que lean a los clásicos ...

¿Tendremos vuelta atrás?   

Dr. Omar López Mato
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