Viernes, 15 Enero 2021 13:43

Mutatis Mutandis - Por Omar López Mato

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“Cambiando lo que se debía cambiar”, tal parece el lema de los virus que mutan para tener más posibilidades de sobrevivir. Como la forma más primitiva de vida, los virus tienden a eternizarse. El sentido de la vida es la capacidad de transmitir sus genes a la próxima generación, más si han demostrado ser exitosos para sobrevivir en un mundo hostil.

 

Ya hay personas que han sufrido la enfermedad en más de una ocasión y unos pocos que se han infectado después de haber sido vacunados. Es decir, que al igual que el virus de la influenza que nos ataca periódicamente (y a pesar de las vacunaciones) el coronavirus ha llegado para quedarse. Toda fantasía de extinción es realismo mágico. 

Las nuevas cepas detectadas en Brasil, Inglaterra, Japón y Sudáfrica son solo las primeras de las mutantes que conoceremos a lo largo de nuestra vida. Estas variaciones han demostrado ser más agresivas porque se adhieren con más fuerza a las vías aéreas superiores. Algunos incautos pensaran que fueron “diseñadas” para eso. NO es así. Los virus mutan azarosamente y aquellos mutantes que tienen mejor capacidad de sobrevivir son los que más se multiplican y son los que tienen más capacidad de transmitir sus genes a la otra generación. Es darwinismo puro. Es evolución en su forma más primitiva y efectiva. Hasta parece “inteligente” … pero no lo es (o al menos no deberíamos llamarlo así), porque sólo siguen las leyes de la naturaleza que les permiten sobrevivir.

No es que las nuevas variables sean “peores”, son las que tienen más probabilidad de reproducirse porque van superando los escollos que pone nuestro sistema inmunitario. Y esas variables que tienen la forma de superarlo son las que transmiten sus genes a la próxima generación, que a su vez deberán mutar para encontrar otra rendija, otro espacio para poder continuar con su tendencia a transmitir sus genes “ad infinitum”. Si señores, habrá COVID-19, COVID-20 y COVID-21…

Estas mutaciones, estas travesuras genéticas donde la alteración de un solo triplete hace todo un cambio estructural, pondrán en apuros al sistema inmunológico que, una vez más, deberá reordenar sus defensas. Lentamente cada miembro del rebaño adquirirá las defensas necesarias para defenderse del COVID, como viene defendiéndose de virus, bacterias, rickettsias y hongos desde antes que un mono aventajado caminara en alguna parte de la planicie africana. Así hemos sobrevivido por los siglos de los siglos.

Siguiendo el mutatis mutandis es que las vacunas continuarán su loca carrera tras las variaciones de este virus, como lo hacen anualmente con las variaciones del H1N1 (virus de la influenza). En un laboratorio suizo se juntan los expertos para decidir qué cepas del virus de la influenza se usarán ese año para confeccionar las vacunas. Como ésta es una carrera desenfrenada, nuevas mutaciones surgen a cada momento, restándole efectividad a la inmunización. La vacuna de la gripe que nos sugieren inocular anualmente jamás tiene una capacidad preventiva total (en realidad su efectividad oscila entre el 40% y el 70%), razón por la cual la mejor forma de combatir el COVID-19 es disminuyendo la carga viral – es decir, la cantidad de virus que atacan a un individuo –. Cuanta menor es la carga viral, mayor la posibilidad que nuestro sistema inmunitario pueda lidiar con el germen agresor. De acá se desprende que por un tiempo (si hacemos historia veremos que las epidemias raramente son mayores a los 2/3 años, curiosamente el tiempo que demandaría vacunar a la mayor parte de la humanidad) deberemos interponer un barbijo, mantener la distancia social (cada día más difícil), lavarnos las manos, usar desinfectantes o ingerir ivermectina y usar carragenina en gotas para disminuir la carga viral que nos pudiera infectar. Con el tiempo iremos bajando la guardia, volveremos a los abrazos y los besos y los médicos dejarán de publicar la cantidad de muertos e infectados.

El mundo volverá a su curso normal con guerras y terremotos, habrá huelgas y hambre, habrá desarrollos tecnológicos y algunas chispas de genio artístico, habrá canciones que no olvidaremos y libros que jamás leeremos. Viviremos tiempos de recato y momentos expansivos. Habrá amores y odios, romances y venganzas, y volveremos a ser humanos buscando nuestro destino en las tinieblas.   

Dr. Omar López Mato

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