Lunes, 22 Febrero 2021 13:26

El país de los pibes ventajita - Por Omar López Mato

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Todo el mundo se desgarra las vestiduras por el escándalo de las vacunas VIP que destronó al ministro González García, por la infidencia del" Perro "Verbtisky,” un amigo” que agradeció la vacunación exprés revelando este mecanismo muchas veces transitado en el país de los pibes ventajita.

En realidad, nada debe sorprendernos en la patria de “hacete amigo del juez”, donde un deporte nacional es alardear de las amistades que el interlocutor posee dispuestos a abrir las puertas de trámites kafkianos, propios de nuestra tendencia natural a la burocracia paralizante.

En Argentina todo funciona mejor con el amigo que recomienda a otro amigo o pariente o conocido o compañero del trabajo o de la colimba o del club, conocedor de los medios que facilitarán el acceso al final feliz del trámite requerido.  El humor nacional de antaño (solo brillan pocas mentes en estos años de zozobra) aludía a los procedimientos farragosos de nuestros funcionarios ineptos (dicho por nuestra vicepresidente) que pululan como yacimientos geológicos en las oficinas estatales donde coexisten con poca armonía, acomodados de distintas administraciones.

Entonces nos reíamos con la recepcionista sargentona de Gasalla, el trámite del arbolito de Joe Rigolli, la oficina de patentes con Eddi Pequenino o Pepe Curdelas, el leguleyo manchapapeles creado por Pepe Biondi, todos ejemplos de nuestra ridícula burocracia vernácula de la que nos reíamos, por no llorar, con la secreta convicción que todo podría mejorar. Supongo que ese espíritu buslesco ha desaparecido junto a la esperanza maltrecha de la superación ...

Pónganse la mano en el corazón y recuerden la vez que debieron recurrir a “un conocido” para concluir esa gestión esquiva o aquella documentación emperrada en no llegar a buen término. Toda novedad tecnológica o comercial es, tarde o temprano, víctima de nuestra tendencia a acumular papeles inútiles. Enseguida funcionarios y legisladores se encargan de imponer trámites, sellos y tasas que apenas cubren los gastos administrativos, pero aceitan las manos pruriginosas de subordinados codiciosos.

Las vacunas en estos tiempos de pandemia no podían se ajenas a este espíritu de rapiña, más cuando llegan con parsimoniosa y exasperante lentitud, que promete terminar con la inoculación cuando otro sea el mal que nos aqueje.

En un país construido con mentalidad leguleya (una herencia lejana de la administración imperial) es imprescindible exhibir una torre de papeles, firmas, sellos, documentos, certificaciones, apostillados y trámites ante escribano para mostrar la legalidad de nuestras posesiones. Tanto trámiterio torna inevitable la tentación de tomar atajos para asegurar nuestros bienes y aún nuestra identidad.

Hasta hace unos años atrás la renovación del pasaporte era un engorroso trámite en el que perdíamos horas desplazándonos de oficina en oficina y lavándonos los dedos para limpiar esa tinta piringosa con la que impregnábamos nuestra identidad dactilar.

Uno de los escasos logros de   la administración K, hay que confesarlo, fue la facilitación del trámite de documentos de identidad, aunque lo hayan usado con fines electorales, repartiéndolo entre extranjeros adeptos . 

Desde siempre hubo un consultorio para acomodados en los hospitales. Y nadie se desgarraba las vestiduras. Los memoriosos recordarán al Viejo Ucha de Carlos Damel y su peregrinar por los nosocomios porteños. De allí no sorprende que González García haya construido (¡¡¡por error de su secretaria!!!) un vacunatorio VIP en la mejor tradición de la gauchada, que termina siendo una guachada.

El ministro no imaginó que este servicio para amigos sería la culminación de su gestión teñida de incertidumbre y desconocimiento, de decisiones que le costaron al país 50 mil muertos y un descomunal descalabro económico del que apenas se vislumbra la catástrofe. Sin embargo, no todo es culpa de Gines. Él es el emergente de una perversa costumbre institucional:  el amiguismo. El amiguismo guio la política, la economía, el comercio, la justicia, el escolazo y, ahora, la salud ...

En este sainete nacional, también se percibe la traición, un tema recurrente en la literatura nacional como bien la señala Marcelo Gioffre. Acá se sospecha la bajeza de vender al amigo obedeciendo una trama secreta cuyo hilo conductor se presta a opiniones conspirativas atentas a la construcción de un poder hegemónico.

¿Acaso Alberto y Cristina desconocían este servicio vip? ¿Le dan a los amigos autopistas, casinos, licitaciones, ventajas financieras y le niegan una vacunita? Es raro …. Pero esa es otra historia de un país construido sobre los consejos del viejo Vizcacha y la mente atormentada y mezquina de picapleitos dantescos, incapaces, ignorantes y perversos.

Omar López Mato

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