Viernes, 10 Septiembre 2021 11:22

Bajo el signo de Cáncer - Por Omar López Mato

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Resulta ser que los males de la Argentina no se deben a la inflación, ni al exceso de gasto estatal, ni al desmanejo judicial, ni a otra infinidad de causas que a diario barajamos para explicar nuestra decadencia, sino al hecho de haber nacido como nación bajo el signo de Cáncer, el 9 de julio de 1816.

 

Sería bueno saber por qué no toman el 25 de mayo de 1810, ni el 15 de julio de 1815 (cuando las provincias mesopotámicas bajo el protectorado artiguista declaran la independencia), o la batalla de Caseros o la firma de la Constitución. De todas maneras, no resulta auspiciosa esta asociación con el cangrejo y esa enfermedad que carcome los tejidos llevando a la destrucción del individuo y la República. 

Desde hace un tiempo este gobierno de científicos -como se anunciaron al principio- vienen haciendo alusiones a la capacidad de la astrología de pronosticar el futuro de la Argentina y explicar las causas de su decadencia, pero sin aclarar como lo harán cayendo, en una especie de realismo mágico, unas fantasías del destino manifiesto, una expresión del Dios es Argentino...

Dentro del partido que promueve la actividad copulativa como un mérito político, también esbozan, siguiendo una larga tradición, las bondades de la astrología, que cultivó en su momento el inefable Lopecito, ejerciendo su influencia astral sobre el general y su cónyuge, que culmina en un gobierno tristemente memorable (pero que los miembros de ese partido pretenden enterrar en el olvido. y en excesos amatorios). Fuera de alguna pitonisa y adivina a la que el Dr. Menem consultaba en su momento, (este si era un peronista con las virtudes reproductivas de las que tanto se habla últimamente) pasaron unos años para que, una vez más y con mayor insistencia, este gobierno recurra a las cartas astrales para asegurar un futuro auspicioso, más allá de las medidas que deba tomar.

Esta construcción de una realidad mágica influenciada por el trayecto de las estrellas nos conduce a una concepción peligrosa del accionar político, cuyo trágico ejemplo más reciente fue el Tercer Reich.

"La culpa no está escrita en las estrellas'', decía William Shakespeare, pero algunos funcionarios de este gobierno prefieren confiar en la suerte de los astros que en las circunstancias aciagas que los rodean. Es su forma de ver la realidad. Con una esperanza que no se refleja en los números que ellos barajan.

Crea cierta aprehensión, al menos en lo que a este gobierno concierne, que la culpa de todo lo que acontece sea obra del pasado conspirativo, o del destino aciago. Tienen encendida una vela a la diosa fortuna y confían en la suerte y las soluciones mágicas (el éxito económico de Néstor y la soja a 600 tuvo algo de eso) antes que cumplir con los mínimos requisitos de la lógica. Si gastan más de lo que ingresa y se endeudan a tasas monstruosas (dado nuestro lamentable historial como pagador), es natural que cada día nuestra economía se deteriore (más allá de un esporádico rebote del gato muerto) y el peso se desplome, no haya trabajo, y hayamos caído a niveles de pobreza insospechados.

"Somos ricos y vivimos gastando y nos endeudamos como ricos. no hay mejor ni más seguro medio de empobrecer a un país que el de dar a su gobierno el cuidado de enriquecerlo'', nos advertía hace más de un siglo Juan Bautista Alberdi y desde hace 80 años solo dilapidamos nuestro patrimonio; ahora, no queda otra más que creer en el camino de las estrellas y esperar que el cáncer al que estábamos predestinados, no nos mate antes de tiempo.­

Omar López Mato

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