Domingo, 10 Octubre 2021 06:56

A 41.000 pesos por segundo - Por Omar López Mato

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No es una nave espacial, ni la velocidad de un asteroide que se mueve hacia la Tierra con velocidad meteórica anunciando un desastre, sino el ritmo de impresión de los billetes que abultan nuestras cuentas, aunque estas cifras astronómicas nunca podrán satisfacer las crecientes necesidades creadas por la inflación que nos hostiga.

 

A esta velocidad de emisión nos dirigimos, con perseverancia suicida, a una colisión, aunque algunas autoridades sostengan que la emisión no es inflacionaria... 

A lo largo de la historia estas emisiones extraordinarias, se han llevado adelante con la exclusiva finalidad de sostener al líder en apuros y asegurar (o al menos otorgar esa sensación) que el dirigente (sea rey, presidente o tirano) cuenta con los medios para sostener el poder, aunque los números, tarde o temprano, terminen hundiéndolo.

En el caso concreto de Argentina, se busca soportar la impunidad de la Sra. vicepresidenta toda costa. Bien sabe que no puede ceder el poder, si pena de caer en las manos de la justicia. Por esta necesidad imperiosa de perpetuarse en el poder es que se apela al lado oscuro de la democracia, el sometimiento del votante a la presión económica. Los grupos en condiciones precarias, que en nuestro caso son cada día más, son el blanco perfecto para cambiar votos por heladeras, bicicletas o “platita” directamente.

Obviamente este sistema no es nuevo y debemos remontarnos al origen del peronismo para asistir a esta dádiva partidaria que tiene, a su vez, sus raíces en prácticas demagógicas que se remontan al inicio de la democracia en Grecia. Ya lo decía Aristóteles, la degeneración de la democracia es la demagogia. Nada que no sepamos ...

En este caso, asistimos a una furia distributiva tan feroz que no solo replica el famoso “vamos por todo”, sino que preanuncia el “nos hundimos todos”.

Si bien no es imposible, es poco probable que puedan remontar el resultado adverso de las Paso, razón por la cual se abren varios caminos. Una posibilidad es que, en caso de perder en forma contundente, el presidente renuncie. Siguiendo la consigna peronista, entrará solo al cementerio.

La duda que se plantea es si la señora quiere arremangarse y entrar de lleno en el barro o aprovechar la oportunidad y conseguir una embajada en un país sin extradición.

La otra opción es que Super Massa entre en acción, logrando el sueño de convertirse en presidente, caiga quien caiga. Entonces convocará a una gran concertación nacional y podrá usar sus fluidas relaciones con USA para tratar de enmendar esta fabulosa desprolijidad de emitir 41.000 pesos por segundo (las 24 horas al día). Después de lograr una calma chicha, Massa procederá prolijamente a rearmar su juego, dejando a varios ex aliados heridos por sus dobleces.

Todo este proceso estará acompañado de la consabida efervescencia social, discursos de barrica, y manifestaciones en reclamo de más pesos que se convierten inmediatamente en papel picado.

En caso de no tener un resultado tan desastroso y quedara con una desventaja en el Congreso, no habrán de desaprovechar la oportunidad de reclamar que “no pueden gobernar con esta oposición salvaje” (como si ellos nunca lo hubiesen sido) .

Gracias a la abundancia de billetes, procederán a “comprar” a algún legislador, usando el método de la borocotización, que buenos dividendos les han dado en el pasado.

Este concepto prebendario que se pone en práctica comprando voluntades es, en esencia, un insulto a la inteligencia de los votantes, un menosprecio a su capacidad de discernimiento, una infravaloracion del sentido de la democracia, reducida a un vil mercadeo. Con 41000 pesos por segundo podrán comprarse muchas cosas, pero también deberán saber que, entre ellas, está el infierno ...

Omar López Mato

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