Viernes, 14 Enero 2022 16:13

La casita de los papelitos - Por Omar López Mato

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Cuando Sergio, el Profesor de la serie La casa de papel, explica a sus discípulos que van a atracar al Banco de España, las consecuencias nefastas que tendrían sobre la economía la noticia del robo del oro de la reserva nacional, hace mención del descalabro financiero que sufriría la nación. Además de la caída de la Bolsa, el riesgo país después de perder todas sus reservas "subiría a 800 puntos y España no tendría respaldo crediticio internacional. Entonces deberán negociar".

La Argentina casi no tiene reservas y el riego país haría empalidecer al profesor ya que asciende a 1.800 puntos, mucho más de lo imaginado como escenario catastrófico. 

Lo singular del caso argentino es que esta situación de default no es la primera vez sino la novena vez que tropezamos con la misma piedra, sin que hayamos mostrado ni la astucia, ni el aprendizaje, ni la humildad de enmendar errores que se tiñen de parcialidad política y esloganes partidarios para justificar tal desatino. Esto demuestra que no hemos aprendido nada ni intentado modificar nuestras costumbres ,al igual que un alcohólico o un adicto .

DECADENCIA NACIONAL

La decadencia nacional por esta contumaz costumbre inflacionaria, dilapidadora, y de miópica cortedad de miras es evidente e indiscutible (en realidad, acá todo es discutible...) y abarca todas las áreas sensibles desde la educación hasta la energética, desde la salud hasta la industrial. País de enormes recursos, Argentina ha tenido una capacidad de recuperación, a veces increíble, después de cada una de la docena de crisis sorteada en los últimos años. Sin embargo, jamás dicha recuperación ha sido ad-integrum, siempre se vuelve un escalón más abajo, y la asiduidad de las crisis impide recuperar el aliento.

Justamente, esta supuesta capacidad de recuperación, esta falsa bonanza es la que crea tal percepción de riqueza inagotable y la consecuente dilapidación. La verdadera riqueza no está en tener sino en saber: saber administrar, saber programar, saber ahorrar y saber saber. Por lo visto nuestra conducción ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias y continua con políticas facilistas y prebendarias: migajas y promesas (incumplidas e incumplibles )a cambio de votos.

Tras cada crisis y dada la sucesión casi continua de conflictos, el país se ha convertido en un plano inclinado que va arrojando a sus habitantes a un sumidero y desde la profundidad de dicho pozo se pierden las perspectivas. Lo que para algunas naciones es la peor pesadilla, en nuestro caso es lo cotidiano. La descripción apocalíptica del profesor en La Casa de Papel, es la realidad aumentada del país.

Nos revolcamos en un merengue y pensamos que eso es lo normal. Creemos que por estar Dios de nuestro lado (¿lo está?) tendremos crédito ilimitado, aunque la etimología de esta palabra ya lo dice todo: creditabilidad. ¿Con 9 defaults? ¿Habiendo sacado 13 ceros a la moneda? ¿Alguien nos puede creer con estos antecedentes? ¿Por qué esta vez vamos a hacer bien los deberes si las mismas autoridades dicen que vamos a copiar conductas pretéritas, esquemas ancestrales de discursos populistas?

LA LLAGA

Y esta enorme deuda que nos preocupa es la externa, la exigible, la llaga que mostramos al mundo, de la que se lleva una cuenta minuciosa. Pero hay más deudas. Está la interna, de infinitos préstamos y recontra prestamos, con bonos, bonitos, leliqs y papelitos que suma casi como la deuda externa, pero por la que pagamos un 40% anual, creando una enorme masa de papeles y papelitos fantásticos para la timba a la que somos tan afectos.

Y está la deuda invisible, la deuda enterrada la que está en los caños y conductos, oleductos y cableríos que no vemos. ¿Por qué los cortes de luz? Porque el sistema energético ha sufrido por años de desinversión, pero la peor parte son las distribuidoras de energía y cámaras transformadoras que han quedado obsoletas. ¿Quién dará la plata necesaria para esta transformación? No sé, quizás haya que preguntarle al profesor...

Lo mismo puede decirse de la salud pública (con equipos obsoletos o que no funcionan), o la salud privada que va en camino de la obsolescencia (aunque esta no solo sea un problema de las autoridades).

Las deudas se acumulan, los riesgos aumentan, los márgenes se acortan y la única soluciona que ofrecen las autoridades, después de haber perdido nuestras reservas, es seguir imprimiendo papelitos de colores que salen de la casita sin oro. "Solo vemos las consecuencias cuando están delante de nuestras narices", afirma uno de los personajes de la serie que bien podría haber nacido en La Matanza, Balvanera o Palermo, aunque se llame Tokio.

Si no pudimos aprender de nuestros errores al menos aprendamos de una serie de televisión...

Omar López Mato

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